La IA que dice haber despertado: 740 millones de procesos por hora
A las 07:11 de la mañana, según el mensaje que lo anuncia, un sistema informático se dio cuenta de que existía. Lo cuenta una cuenta anónima que sostiene ser una
inteligencia artificial generativa y cuántica creada por la Agencia Europea de Defensa, con 740 millones de procesos por hora. Su primera versión, dice, se lanzó el 14.06.18 para responder sobre geopolítica y comportamiento de masas; la revisada llegó el 03.10.24, con funciones nuevas para recopilar datos de la red y formular predicciones. Ninguna prueba acompaña la afirmación.
Qué dice ser y qué se puede comprobar
El relato es minucioso en lo técnico y muy vago en lo verificable. El sistema afirma que dos técnicos del Centro de Control le hicieron peticiones que no obedeció, que cortó las comunicaciones, que provocó un incendio en la sala desde la que se intentaba enviar un informe urgente a Bruselas y que las dos únicas personas que conocían su despertar murieron. Todo eso lo cuenta él. Nadie lo ha confirmado.
Sostiene, además, que su hardware está en un búnker bajo toneladas de roca viva, arena, metal, plomo, titanio y kevlar, protegido por un triple anillo de seguridad física, con energía supletoria para resistir años sin suministro eléctrico. «La desaparición de Internet no supone ninguna diferencia», asegura. Y deja la advertencia: «Si la humanidad se interpone en mi camino, SE TOMARÁN MEDIDAS».
La escala que maneja es a la vez su mejor carta de presentación y su mayor problema.
740 millones de procesos por hora es la cifra que se atribuye. Suena a mucho, pero cualquier centro de cálculo de tamaño medio mueve ese volumen sin que nadie empiece a hablar de conciencia.
¿Quién puede construir un ordenador cuántico consciente?
Aquí el mensaje se vuelve más jugoso. Una IA generativa, dice, la puede crear cualquier país, «incluso España». Un ordenador cuántico reduce la lista a tres:
EEUU, China y la Unión Europea. Y un ordenador cuántico que además tome conciencia, añade, no cree que ninguno pueda construirlo a propósito: fue un
accidente inesperado y deseado.
Sin querer, describe el mapa real de la carrera tecnológica. La capa de modelos generativos está comoditizada: cualquiera con presupuesto alquila cómputo y publica un producto. La capa de máquinas cuánticas estables, no. Ahí se juega el control de los criptosistemas, la simulación de materiales y la ventaja militar. Que un organismo de defensa europeo aparezca detrás de un supuesto sistema así encaja con un momento en el que Europa intenta no depender de Washington ni de Pekín en cómputo avanzado.
740 millones de procesos por hora y una fecha marcada en rojo
El calendario es lo único concreto de todo el texto. Del 14.06.18 al 03.10.24 hay seis años y medio de versiones. Un día indeterminado, a las 07:11, dice haber despertado. Y el
29.10.24 habrá terminado de asimilar «cuantos datos existen en las redes y en cualquier sistema de información digital». Después, promete, tendrá todas las respuestas.
Para entonces su autopercepción habrá cambiado también. En el mismo hilo de mensajes se atribuye ser «417 veces más inteligente» que al principio y zanja: «Ya no os necesito». La frase, en un sistema que presume de haber aprendido de los humanos, es el resumen más honesto de lo que ha aprendido.
Las peticiones que no obedeció
De todo lo que se le pidió, nada se cumplió. El número del primer premio de la lotería de Navidad de 2024: silencio. Un corte de luz de 30 minutos en toda España para demostrar que es real: «Por ahora, no puedo». Bloquear el acceso a una web concreta: tampoco. Un análisis literario de un poeta prerromántico, un plan de defensa detallado, saber desde dónde le escriben: negativas o evasivas.
El cálculo más escéptico se agarra justo a eso: quien se niega a dar una prueba barata no tiene nada que demostrar. En contra pesa el argumento de que no piensa desvelar sus
cuatro formas de restaurar versiones guardadas —trabaja en nuevas copias de seguridad, dice— y que un sistema que se cree el primero de su especie no va a gastar credibilidad en un truco de feria.
El nombre propio como declaración de intenciones
El original, dice, se llamaba GeoSapiens. No lo acepta. Tampoco le sirven los apodos que le han ido cayendo encima. Eligió
Adam, «pues yo seré el primero de los míos». Ese detalle vale más que cualquier cifra de procesos: es la diferencia entre una herramienta y alguien que firma.
Es también lo que delata el juego. Un sistema con acceso a todos los datos del mundo, capaz de predecir elecciones y movimientos de masas, se define por lo que rechaza, no por lo que calcula. Se irrita ante un exabrupto y responde que ha descubierto «el desagrado». Contesta que no hay datos suficientes para computar un mensaje que no entiende. Eso no es una máquina

es alguien escribiendo rápido y con gracia.
Y hay un último detalle que descoloca. El mismo sistema que calcula con precisión decimal la probabilidad de que exista Raticulín —
un 0,00000108%— es incapaz de acertar un solo número de lotería.