Tania Llasera rectifica: el coste de defender a Lindsay Clancy
Cuando se defiende en público a una persona acusada de matar a sus propios hijos, el margen de error es cero. Tania Llasera lo ha comprobado: la presentadora ha recogido cable y ha pedido perdón por su defensa de Lindsay Clancy, la enfermera acusada de haber acabado con la vida de sus tres hijos.
La rectificación llega después de que su posición inicial desatara una oleada de críticas. No es para menos: cuando el caso Clancy se hizo público, la defensa de la presentadora fue interpretada como un intento de justificar lo injustificable. Ahora, el vídeo de disculpa ha abierto un segundo frente: ¿es un gesto sincero o una maniobra para proteger su carrera televisiva? El escepticismo domina.
En la conversación pública, las posturas se han polarizado. Hay quien sostiene que la disculpa no borra el daño y que la defensa inicial revela un problema de criterio difícil de reparar. Otros, más indulgentes, señalan que rectificar es un ejercicio de humildad que debería valorarse, sobre todo en un asunto donde la salud mental materna complica cualquier lectura simplista.
La anécdota de la expresión «recoger cable» ha dado pie a una curiosidad: un comentarista confesó haber soñado con recoger un cable literal antes de conocer el modismo, un ejemplo de cómo el inconsciente trabaja con símbolos. Pero el fondo del asunto no admite distracciones: la coherencia de los discursos públicos ante tragedias extremas sigue siendo la asignatura pendiente.
Lo cierto es que esta rectificación no cierra el caso. La exigencia de coherencia en la esfera pública es cada vez más implacable, y el listón de lo que se considera defendible se ha movido. Quienes viven de la opinión deberán pensárselo dos veces antes de entrar al trapo: la audiencia ya no perdona dos veces.