La playlist del fin del mundo: cinco minutos para elegir canción
Imagina que te avisan de que un misil nuclear impactará en cinco minutos. No hay refugio, no hay negociación, no hay segunda oportunidad. Solo una pregunta: ¿qué canción suena mientras el mundo se apaga? El planteamiento, lanzado en un foro de economía, ha generado 138 respuestas en las que la humanidad se despide con una mezcla de humor negro, patriotismo musical y alguna que otra reflexión existencial. La premisa es clara: no se trata de elegir la mejor canción de la historia, sino la que mejor encaje con el mood despedida del ser humano. Y ahí empieza el caos.
Julio Iglesias, Raphael y el Aserejé: la banda sonora del apocalipsis
La primera propuesta que aparece es Julio Iglesias. Sin más. Un clásico que, según algunos, encaja con la solemnidad del momento. Pero pronto llegan las alternativas: Raphael, «Resistiré» o «Jerusalema», temas que, según se argumenta, están de moda para catástrofes inventadas. Hay quien apuesta por algo más patriota, y quien directamente sugiere el «Aserejé» para asegurarse tribuna con San Thanos. La ironía recorre el hilo como un chiste recurrente.
Pero no todo es broma. Alguien recuerda que la trayectoria del misil dura cinco minutos máximo, lo que limita la elección a un fragmento, no a una canción completa. Eso descarta óperas y sinfonías enteras. Otros, en cambio, apuestan por la grandilocuencia: Bach, Mozart, Beethoven o Händel. «Sería lo más cercano a evocar la voz de Dios», escribe un participante. La cosa se divide entre los que quieren morir con clase y los que prefieren un último baile.
De Led Zeppelin a «The End»: la música como testamento
Entre las propuestas más repetidas aparece «Stairway to Heaven» de Led Zeppelin, un clásico que, según algunos, ya estaba en todas las listas de despedidas. También suena «The End» de The Doors, y alguien rescata «I Don't Want to Set the World on Fire», un tema que, en este contexto, adquiere un significado literal. La variedad es enorme: desde «Todo va como debe ir» hasta «Armas y más armas», esta última acompañada de un comentario que mezcla humor negro con crítica social.
El hilo también tiene espacio para la política. Un participante sugiere que el exterminio de la humanidad supondría el exterminio de los fachapobres del foro, lo cual sería beneficioso para el planeta. Es una muestra del tono ácido que recorre la conversación, donde la despedida se convierte en una excusa para ajustar cuentas ideológicas.
El álbum de The Wall y la rifa del pueblo
Una de las anécdotas más curiosas la protagoniza alguien que recuerda haber ganado el álbum de The Wall en una rifa de su pueblo cuando era pequeño. Podía elegir entre eso o uno de los Pecos. Venían las letras escritas dentro y muchos dibujitos. La historia, aparentemente intrascendente, conecta con la idea de que la música que elegimos para el final dice mucho de quiénes somos. The Wall, al fin y al cabo, es un álbum sobre el aislamiento y la desconexión, un tema que resuena con la soledad del último momento.
Otros participantes optan por la música clásica como vehículo para lo trascendente. La idea de que Bach o Händel puedan evocar la voz de Dios en los últimos cinco minutos de la humanidad tiene algo de litúrgico. Frente a eso, los que proponen el «Aserejé» o «La puta de la cabra» a capela por los tres tenores apuestan por el absurdo como respuesta coherente a una situación absurda.
El resistiré, la Jerusalema y el fin del hilo
Hacia el final, las propuestas se relajan. Alguien sugiere «Resistiré» o «Jerusalema», temas que, según se dice, están de moda para catástrofes inventadas. La ironía se agota y alguien sentencia: «Fin del hilo». Pero no es el final. Un último mensaje insiste en que, siendo una situación única que no se repetirá en millones de años, habría que hacerlo con empaque y clase. Y ahí vuelve la música clásica como respuesta.
El hilo, en definitiva, es un retrato de cómo la humanidad enfrenta la idea de su propia extinción: con humor, con música y con una necesidad irreprimible de dejar constancia de que estuvimos aquí. La elección de la canción no es más que una forma de decir algo sobre nosotros mismos. Y eso, al final, es lo único que queda.
¿Qué canción elegirías tú?