Retirar dinero antes de fallecer no reduce el impuesto de sucesiones
Sacar dinero de la cuenta del familiar enfermo para pagar menos Impuesto de Sucesiones no funciona. La respuesta del abogado y economista David Jiménez es tajante: «La respuesta es que no». La normativa contempla la llamada presunción fiscal de adición de bienes, un mecanismo que permite a la Administración integrar en la
herencia el dinero que estuvo en las cuentas del fallecido durante el año anterior, aunque ya no figure en ellas en el momento del óbito. Es decir, que el vaciado de última hora no solo no ahorra un euro, sino que puede acabar costando más.
La clave está en el calendario. La ley presume que todo el dinero que hubiera en la cuenta del fallecido de un año para atrás forma parte del caudal hereditario y tributa. Para romper esa presunción hay que demostrar que el dinero se gastó de verdad y no se transfirió con la finalidad de evitar impuestos. Facturas, movimientos bancarios o justificantes sirven para acreditarlo. Sin papeles, Hacienda lo suma igual.
Qué pasa si Hacienda detecta la retirada de dinero
Cuando un movimiento bancario coincide en el tiempo con un fallecimiento, suele llamar la atención de la Administración. Si considera que se trata de una maniobra para rebajar el impuesto, vuelve a sumar ese dinero al cálculo de la herencia. Y si además no existe documentación que justifique el uso, los herederos pueden recibir requerimientos. La presunción no admite interpretaciones personales: se aplica de manera automática y se mantiene aunque el saldo ya no esté en la cuenta.
Jiménez lo resume con una advertencia: «Mucho cuidado con la práctica de vaciar las cuentas para no tributar porque luego tenemos sorpresas con Hacienda». El abogado insiste en que la clave no está en retirar dinero, sino en planificar y documentar bien la situación patrimonial antes de que llegue la herencia. Titularidades compartidas, donaciones, cuentas indivisas o productos financieros tienen reglas fiscales diferentes, y analizarlas a tiempo ayuda a evitar errores.
La letra pequeña que casi nadie mira: movimientos normales y movimientos sospechosos
La presunción no convierte en sospechoso cualquier gasto. Si los movimientos entran dentro de la normalidad de esa cuenta, no hay problema. El problema aparece cuando, ante un deterioro evidente de la salud del titular, alguien limpia la cuenta de golpe. Ahí es donde Hacienda cruje. La diferencia entre un gasto corriente documentado y un vaciado de última hora es, en la práctica, la diferencia entre no recibir una carta y recibirla.
Hay quien sostiene que la norma castiga al que se organiza y premia al que improvisa. El cálculo más optimista asume que basta con guardar facturas; el escenario pesimista parte de que cualquier retirada cercana al fallecimiento se revisa. La fecha exacta de la muerte no se conoce, pero mucha gente percibe cuándo se acerca el final, y ahí empieza el problema.
El dinero en efectivo y la desconfianza hacia el banco
Una parte del análisis que circula estos días va más allá del impuesto y apunta a la banca. Se argumenta que hay entidades especialmente dañinas en momentos como el deceso de un ser querido, con casos de meses de bloqueo de cuentas y carteras de valores incluso después de entregar toda la documentación requerida. La frase que desatasca expedientes, según una experiencia compartida, es preguntar por el Banco de España: en diez minutos, herencia repartida.
De fondo late una desconfianza más amplia hacia el control de los movimientos. Se sostiene que Hacienda presume que no puedes gastarte tu dinero porque, en el fondo, lo considera suyo, y que en asuntos de dinero de gente corriente se es culpable por defecto. La conclusión práctica que sacan algunos es tener lo menos posible en el banco y moverse en efectivo. El problema es que el efectivo no deja rastro, y precisamente por eso Hacienda lo mira con lupa.
Donaciones, plusvalía municipal y el goteo de impuestos
El asunto de la herencia conecta con otra queja recurrente: todo el dinero que pasa de padres a hijos tributa, sea por Impuesto de Sucesiones o por Donaciones. Dar 20.000 euros a un hijo para un coche obliga a pasar por caja, con bonificaciones o sin ellas. Y hay un caso que se repite: un matrimonio con el piso al 50%, fallece el marido y la viuda tiene que pagar la plusvalía municipal por la mitad del inmueble. ¿Es normal pagar un impuesto por la casa en la que sigues viviendo?
La defensa de la norma apunta a las bonificaciones: hay exenciones legales y bonificaciones que pueden llegar al 95%, e incluso al 100% en algunos supuestos, cuando no hay incremento real de valor. El que paga el sablazo, sostiene esta corriente, es el que hace chanchullos o el que no se molesta en informarse. La contraria responde que eso es de perogrullo: si no hay plusvalía no pagas, y en todos los demás casos pasas por caja. El desacuerdo no es sobre la ley, sino sobre cuánta gente cae en cada lado.
Con estos mimbres, la planificación fiscal de una herencia se parece menos a una estrategia y más a una carrera de obstáculos. ¿Cuántos de los que vacían la cuenta del abuelo lo hacen por avaricia y cuántos por miedo a no poder pagar el impuesto?