Mili, sargentos y frente: el consejo viral que nadie pidió
Un forero veterano se dirige a los jóvenes que, según él, serán enviados como soldados rasos al frente a morir por Ucrania. Su receta: madrugar antes del toque de diana, limpiar armas, dejar impecable la oficina del sargento y dar el 200% en cada ejercicio. El texto, escrito con la solemnidad de un manual de instrucción, ha desatado una carcajada colectiva en el subforo de Economía, donde la mayoría de las respuestas no discuten la táctica: discuten si el autor pisó un cuartel en su vida.
La primera grieta es de bulto.
El consejo habla de la oficina del sargento, un espacio que, según varios veteranos, no existe en la mili que ellos conocieron. «El creador del hilo habla de sargentos con oficina. Tú no has hecho la mili en tu vida», resume un mensaje. A partir de ahí, el manual se desmorona por acumulación de detalles que suenan a película y no a cuartel.
De la oficina del sargento a la chaqueta metálica
El autor propone llevar un registro de tiempos en pruebas físicas, precisión en tiro y eficiencia en maniobras, y presentar informes al sargento con ideas para mejorar el pelotón. La respuesta más repetida es que eso no es la mili: es
La chaqueta metálica. «No es como en la chaqueta metálica, se parece más a Apocalipsis Now», corrige un veterano que dice haber estado en Bosnia en 1994 frente a la costa de Dubrovnik con la NATO.
La experiencia real que se despliega en el hilo es otra cosa. Marchas nocturnas de 20 kilómetros sacados del catre a las dos de la mañana. Arrastrar un mortero de 81 milímetros durante 15 kilómetros y dormir bajo un pino lloviendo. Maniobras a 10 bajo cero o a 40 grados comiendo polvo. «Una cosa es hacer deporte y otra muy diferente es salir al campo de maniobras a arrastrarte por los pinchos y el barro», zanja un mensaje. El periodo de instrucción, añade, es lo que todos olvidan por memoria selectiva.
El trepa, el chivato y la espuma nocturna
Donde el manual del autor se hunde del todo es en su apelación a destacar ante el mando. La cultura de la mili que describe el hilo castigaba precisamente eso. «A los trepas y chivatos se les percutía y se les espumaba por la noche sin piedad», cuenta un veterano, que recuerda a uno al que le echaron orujo mientras dormía. El consejo de madrugar y hacer ruido antes de diana choca con las Reales Ordenanzas y con el suboficial de cuartel, que según el mismo relato dormía en la nave y podía imponer 30 días de arresto.
El mejor consejo, según otro mensaje, es el opuesto: «Pasar lo más desapercibido posible». Incluso mostrarse torpe para que no te asignen según qué tareas. La lógica es sencilla: el que destaca, carga con el trabajo sucio. Y el trabajo sucio, en el imaginario del hilo, incluye descargar camiones de obuses mientras el sargento mira, limpiar campos de minas a las seis de la mañana o descargar material militar delante del mando para ganar puntos.
¿Quién va al frente y quién se queda atrás?
El hilo deriva hacia una discusión más incómoda: el reparto de la sangre. Un mensaje pregunta si la gente con estudios duros —matemáticas, ingenierías, medicina, biología— debe morir como soldado raso en el frente. La respuesta más elaborada sostiene que no: «Si hay leva forzosa esos se van los primeros, aunque a puestos de retaguardia». El mismo mensaje recuerda que los veteranos de tropa profesional serían ascendidos con experiencia real y que nadie va a mandar oleadas contra nidos de ametralladora con un fusil de cerrojo.
Frente a eso, la objeción clásica: «Las guerras las organizan gentes que se conocen y se odian donde mueren gentes que ni se conocen ni se odian». Y la variante más cínica: quien no tenga nada que ganar, que no vaya. Otro mensaje directamente anuncia sabotaje: «Iría a destajo a joder todo el material que pudiera».
El teniente dura menos que un caramelo
La conversación también baja al detalle profesional. Un veterano recuerda que los mosquetones Mauser los usaban los tiradores selectos porque eran mejores para puntería que los CETME C, que ya tenían más mili que Cascorro. Otro describe su CETME, que en tiro a tiro disparaba tres balas al apretar el gatillo, y su sargento se cachondeaba en vez de arreglarlo.
Sobre el ascenso, la advertencia es doble. En tiempos de paz, los mandos viven bien. En guerra, «un teniente dura menos que un caramelo en la puerta de un colegio». El oficial debe inculcar ardor guerrero a un pelotón que, según el mismo mensaje, no puede evitar pensar en cómo matarlo.
El manual del forero veterano, en fin, describe un ejército que no existe. O que existió solo en la cabeza de quien lo escribió. La discusión real, la que importa, es otra: quién va, quién se queda y quién decide. Y ahí nadie tiene una respuesta que no suene a excusa.