Tesla pierde casi un 16% y arrecian las voces contra Musk
Las acciones de Tesla se dejaron casi un 16% en una sola sesión, con el desplome concentrado en la última hora de cotización, y el castigo no llegó solo. El S&P 500 perdió un 3,25% y el Nasdaq más de un 4%, entrando en territorio de corrección, mientras el bono estadounidense a diez años subía medio punto. En paralelo, Elon Musk advertía de un «ciberataque masivo» en ciernes sobre X y su inteligencia artificial Grok, con fallos generalizados en ambos sistemas. La coincidencia de ambos frentes —el bursátil y el tecnológico— ha convertido la jornada en un plebiscito sobre el propio Musk.
De 220 a 400 dólares y vuelta atrás
El argumento más repetido para explicar el desplome no es técnico, sino político. Según un cálculo que circula, la acción pasó de 220 a 400 dólares tras la victoria electoral de Trump, sin ningún otro motivo que lo justificase, y ahora vuelve a donde estaba o más abajo. Con las cifras de ventas y las previsiones sobre la mesa, la cotización actual descuenta que Tesla sea capaz de vender entre 8 y 10 millones de coches anuales con beneficios a los precios actuales. La realidad es de 1,8 millones y bajando.
Hay quien va más lejos y sostiene que Tesla debería cotizar entre 30 y 40 dólares, y que todo lo demás es expectativa sobredimensionada. El dinero que Musk pidió prestado para comprar Twitter se financia con las acciones de Tesla, lo que añade un riesgo estructural: como caiga X, el efecto se propaga a la compañía. La declaración de poder anual enviada a la SEC recoge que Musk posee un 23,5% de las acciones y contempla un split a razón de 3 a 1.
¿Por qué cae Tesla si Musk tiene 16 empresas?
La respuesta corta es que la diversificación empresarial de Musk no protege al accionista de Tesla. El desplome se explica por una combinación de factores que, según algunos participantes, el propio Musk ha reconocido: la marca está sufriendo porque ha insultado a sus potenciales compradores. Los demócratas estadounidenses, los europeos y los compradores chinos —los tres mercados naturales del coche eléctrico— han sido objeto de desprecio público. Quien tiene dinero para un Tesla compra un Audi o un Mercedes en Europa, y en China compra chino.
El cálculo más optimista asume que la compañía recupere tracción con nuevos modelos; el escenario pesimista parte de que la cuota de mercado seguirá cayendo en favor de fabricantes chinos. Entre ambos, un dato que no admite interpretación: Tesla vende a demócratas estadounidenses, a izquierdistas europeos y a chinos, y ha insultado a los tres.
El activismo político de Musk y el boicot a la marca
El boicot no es la causa única, pero está apuntando al abismo. Hay quien raya Teslas, ataca concesionarios y pega pegatinas en los coches. La marca arrastra además un problema de relato: durante años se vendió como ecoresiliente, y ahora muchos de sus compradores potenciales se sienten engañados por el giro político de su dueño. No se podía saber, ironizan algunos.
El debate sobre el boicot tiene una arista incómoda: en Europa, quienes pagan el pato son los trabajadores alemanes de la planta, no el dueño. El activismo político de Musk tiene consecuencias sobre empleos que no participaron en él. Esa tensión entre castigar al dueño y no dañar al trabajador recorre buena parte de la discusión.
El rol de Musk: ni se va ni le echan
Las llamadas a que Musk salga de Tesla chocan con una realidad accionarial tozuda. Es el accionista mayoritario con diferencia: aunque deje el puesto de consejero delegado, seguirá dirigiendo la compañía quieran los inversores o no. Para deshacerse de él habría que comprarle su 23,5% al precio que considere necesario y que Musk esté dispuesto a firmar. Sin eso, las peticiones de dimisión son pataletas.
A Musk se la pela, sostienen algunos, no porque tenga 16 empresas, sino porque sus agujeros se los va a cubrir el tesoro estadounidense. Es lo que tiene que el presidente estadounidense coma en tu mano. El límite lo pondrían otros actores del entorno presidencial que, según esta lectura, estarían hasta las pelotas de Musk.
Starlink, X y SpaceX: el efecto dominó
El desplome no se limita a Tesla. Starlink cayó casi un 20%, X está en el punto de mira por los fallos reconocidos por el propio Musk y SpaceX tampoco escapa al clima. La lectura más agresiva celebra que todo el entramado se vaya al suelo. La más cauta recuerda que la bolsa en general lleva casi dos semanas a la baja y que hoy el bajón ha sido general, no solo de Tesla.
El gráfico a un año es demoledor. Quien mire solo la sesión de hoy se pierde la película completa: la subida de 2020 a 2021, de 20 a 400 euros, se produjo cuando Musk no era amigo de Trump. La correlación entre política y cotización no es tan limpia como algunos quieren vender.
Con estos mimbres, la pregunta no es si Tesla vale lo que cotiza, sino cuánto de su precio es tecnología y cuánto es el relato de un hombre que no piensa callarse. El mercado acaba de emitir su veredicto sobre la segunda parte.