La última visita real a Ceuta y Melilla fue en 2006 y nadie espera la próxima
La pregunta llegó como una paradoja: un hombre de 58 años con un tutor legal que le prohíbe ir a ver a un amigo a otra ciudad. La respuesta, sin embargo, no iba de tutelas, sino de la anomalía que España arrastra desde hace casi dos décadas: ningún jefe del Estado en activo ha pisado Ceuta o Melilla desde 2006.
Aquella visita fue la de los reyes eméritos, Juan Carlos y Sofía. Desde entonces, ni el actual monarca ni su agenda han incluido las dos ciudades autónomas. Y el motivo que se repite no es la logística: es no molestar al rey de Marruecos. La última referencia lo formula con crudeza: el monarca actual no va a sus propias ciudades por si se enfada el vecino.
El silencio oficial y sus consecuencias
Nadie en la Casa del Rey ni en el Gobierno ha explicado oficialmente esa ausencia. Pero el gesto se lee solo: si las instituciones no se asoman al territorio, la percepción de abandono crece. Para Ceuta y Melilla, el coste no es solo simbólico. La falta de presencia institucional de primer nivel alimenta la incertidumbre sobre su estatus, y esa incertidumbre pesa sobre la inversión, el comercio y la vida cotidiana de sus residentes.
Hay quien propone la fórmula inversa: si el rey no puede o no quiere ir, que sean las ciudades las que vayan a él. Pero recibir en Madrid a los representantes de Ceuta y Melilla no sustituye el mensaje de que el jefe del Estado sí pisa su territorio.
La metáfora del tutor legal
La comparación con un adulto de 58 años sometido a un tutor no es casual. Describe a un Estado que, en su frontera sur, se comporta como un menor tutelado que debe pedir permiso para moverse. La diferencia es que aquí la tutela la ejerce, de facto, la presión diplomática de Marruecos sobre un asunto que España considera, desde los Reyes Católicos, de soberanía nacional.
¿Cuánto tiempo puede sostenerse el relato de que no se visita por la agenda, cuando hasta el protocolo se dobla ante Rabat? ¿Es la ausencia una prudencia razonable o el síntoma de una renuncia que nadie se atreve a verbalizar?