Quatre Camins: preso muerto en el módulo de sancionados
El hilo deja la calculadora y se agarra a un papel. Un forero pega la noticia de El Periódico fechada el
18 de septiembre de 2026: un preso ha matado a otro esta madrugada en una celda del módulo de sancionados de la cárcel de Quatre Camins, en La Roca del Vallès. La víctima y el presunto autor eran compañeros de celda. A las
23.22, un interno de la celda contigua avisó al funcionario de servicio de que en la de al lado había una pelea.
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elperiodico.comQué se ha sabido
La pieza pegada trae lo que hasta ahora era relato de patio. Hay hora, hay módulo y hay iniciales:
I. B. G. como presunto autor y
M. M. M. como víctima. Los dos compartían celda, no eran grupos enfrentados en el pasillo. Los funcionarios encontraron al recluso con una sábana en el cuello, según el texto. El caso, añade la noticia, sigue en investigación.
A partir de ahí, el material que se pega es de relleno: un vídeo de YouTube, un tuit y otro tuit. Y una imagen suelta. Nadie los comenta con datos. Lo único que genera respuestas es el texto de El Periódico.
Hay un conato de identificación. Un participante intenta completar el nombre de la víctima a partir de las tres iniciales. Nadie lo confirma y el hilo sigue sin verificarlo.
Un dato que no aparece por ningún lado: qué había antes entre los dos. Nadie pregunta por los partes de convivencia ni por los traslados previos.
Dónde está la bronca
Primer choque, el penal. Un participante sostiene que esto no es un homicidio, que una agresión sobre alguien dormido con una sábana al cuello delata premeditación y alevosía, y que debería perseguirse como asesinato. Acto seguido, el mismo mensaje asegura que, siendo el presunto autor musulmán, la condena se quedará en cuatro años. Es una afirmación sin fuente y el hilo no la discute: la da por buena o pasa de largo.
Segundo choque, la política penitenciaria. Un participante propone que quien delinque pague con trabajo y que la expulsión venga después, no antes. Es la única intervención del tramo que se sale del caso concreto y habla de qué hacer con el preso, no de qué es.
Tercer choque, el de siempre, y ahora con más anécdota que consigna. Un participante cuenta un roce con un trabajador que se le puso chulo y que se achantó cuando le contestó. Otro le responde que eso no pasó. El primero se enciende, dice que ha trabajado en la construcción junto a cuadrillas de media docena de nacionalidades y coloca a los marroquíes y a los gitanos como los peores del lote, por ese orden.
Sin un solo dato y sin ninguna fuente. Otro responde que con los marroquíes las coacciones no funcionan.
Ahí el hilo se muda al vecindario. Un forero cuenta que entregó un piso a un comprador que le dijo que, si le entra un okupa, aparecen cincuenta. De ahí sale la conclusión más repetida del tramo: hacen piña. «Hacen piña hasta en la trena», remata uno, y añade que si en este país se rodase una versión de
Uno de los nuestros no habría duda de quién saldría.
Y una capa más: la nostalgia. Un participante dice que esto no pasaba antes, que el cuento ha cambiado mucho desde el 75.
Las bromas también van por ahí. Uno propone montarlo como espectáculo con entradas para turistas y apuestas. Otro pregunta si se puede ver por televisión de pago.
Qué cambia respecto a antes
Que ya no se habla de indemnizaciones. El tramo anterior era una discusión sobre cuánto paga el Estado; este empieza con un parte de sucesos y sigue con derecho penal de barra de bar. La cifra desaparece del hilo y la sustituye la pregunta de qué delito es y cuánto se cumple.
También cambia quién habla. Los mensajes ya no discuten sobre nacionalidades en abstracto: cuentan episodios personales. Eso hace el hilo más largo y menos comprobable. Nadie aporta una estadística en todo el tramo.
Las apuestas
Represalias. Es la predicción que más se repite. Un participante da al presunto autor por muerto andando y le augura que no sabe dónde se ha metido. Otro hace cuentas de otro tipo: sostiene que su grupo perderá la partida por pura demografía, que los recién llegados son más y llegan cada día. Un tercero lo cierra con ironía: pase lo que pase, dice, ganará la sociedad en su conjunto. Y otro apunta lo único que cabría comprobar: si el sistema penitenciario habría podido anticiparse.