La teoría de la última juerga de Ábalos: ¿disparate o estrategia?
La condena que se cierne sobre el exministro José Luis Ábalos –24 años de prisión– ha dado pie a una teoría difundida en medios digitales: el político habría aprovechado su tiempo en libertad para gastar sin límite, consciente de que la detención era inminente. Según esta versión, el conocimiento de la pena le habría llevado a 'vivir a lo grande' con fondos presuntamente desviados.
Hay quien sostiene que la conducta es racional: si el desenlace es inevitable, más vale usar los recursos que no pueden ocultarse. Sin embargo, el argumento choca con la lógica de quien delinque para acumular, no para dilapidar. La comparación con la figura de Zapatero, a quien se acusa de 'guardar todo como un pirata', ilustra la disparidad de criterios entre distintos casos de corrupción.
La sombra de Aldama, el 'chivato' que destapó la trama, añade un matiz de desigualdad judicial: mientras unos cooperan y obtienen beneficios, otros afrontan penas máximas. La pregunta que queda en el aire es si esta teoría es solo una paradoja cínica o un reflejo de la percepción pública sobre la ineficacia del sistema penal para disuadir a los poderosos.
Con estos mimbres, el debate sobre la ejemplaridad de las condenas no hará sino intensificarse, aunque la realidad –siempre tozuda– se encargará de poner a cada uno en su sitio.