La degradación de las series: del 'Homer Simpson infantil' a la basura woke
¿Recuerda aquel momento en que Homer Simpson dejó de ser un personaje torpe pero carismático para convertirse en un mero emisor de gruñidos y soeces? Esa transformación, según un análisis extendido, marca el inicio de una tendencia que hoy domina la producción seriéfila: la infantilización sistemática de los personajes. Lo que comenzó con la mascota Cobi en Barcelona 92 —símbolo de una era más auténtica— habría derivado en una industria donde los protagonistas parecen adultos con cerebro de parvulario.
El síndrome Homer Simpson
En series de los últimos años, los personajes han perdido su complejidad. Se comportan como tarados que emiten chillidos y gestos absurdos, sin la ironía ni la nobleza que caracterizaba a figuras como el Homer clásico. Esta tendencia, bautizada como 'turbosubnormalización', se observa incluso en producciones prometedoras como 'Pluribus', cuyo original planteamiento se desmorona por un guion que reduce a todos los personajes (salvo excepciones) a retrasados mentales. La crítica no se limita a la animación: las series españolas actuales presentan mujeres con idéntico patrón (cara de oler mierda, flequillo 'borroka', voz grave para aparentar empoderamiento) y hombres que son bufones, torpes o malvados sin matices.
El imperio de lo políticamente correcto
Detrás de este declive, algunos señalan la imposición del discurso woke. En plataformas como Netflix, los personajes femeninos son casi siempre negras, feas y resabiadas que dan lecciones a hombres, mientras los masculinos son caricaturas de machistas. Quienes niegan esta agenda, sostienen los críticos, ignoran la evidencia. Incluso series alabadas como 'The Boys' o 'Severance' se salvan parcialmente: la primera por su sátira, la segunda por su fotografía, pero no ocultan un fondo de propaganda ideológica. La pregunta que flota es si el público ha sido domesticado para consumir esta basura o si la industria solo sabe producir eso.
No todos comparten el pesimismo. Algunos defienden que todavía hay series que merecen la pena —'El problema de los 3 cuerpos', 'Separación'—, pero reconocen que la media ha caído en picado. Mientras, el resto del panorama audiovisual se asemeja a una fábrica de contenido insulso, donde actores del siglo XX son ordeñados hasta la extenuación y las nuevas producciones apestan a agenda. El debate sigue abierto: ¿es el fin de la calidad o solo una fase?
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