El encierro de Liétor deja a un joven de 30 años inconsciente
La imagen es la de siempre, hasta que deja de serlo. En el encierro de las fiestas de Liétor, en Albacete, un joven corre delante de un toro cuando el suelo le traiciona: pisa mal en el cambio de asfalto a cemento, se va al suelo y el animal le alcanza. El vídeo, grabado por otro participante, se ha hecho viral. El resultado: trasiego de emergencias, un traslado al Hospital de Hellín y un parte médico de traumatismo craneoencefálico para un chico de 30 años, vecino del municipio. Afortunadamente, y contra los pronósticos de quienes vieron la secuencia, el herido recuperó la consciencia y evoluciona bien.
La polémica de los encierros: ¿culpa del corredor o del festejo?
Cada encierro vuelve a plantear la misma pregunta y nadie termina de contestarla. Hay quien sostiene que el joven sabía a lo que se exponía: nadie le puso un arma en la cabeza para colocarse en primera línea. Bajo esa lectura, el único responsable es el que corre, y el accidente entra en la categoría de riesgo asumido. En el lado opuesto está la corriente que señala lo obvio: el toro no vota, no elige y no entiende de tradiciones; se le suelta en una calle, se le hostiga y se le provoca para que embista. Desde esa perspectiva, lo sorprendente no es que ocurran accidentes, sino que no ocurran todos los días.
No es solo una cuestión moral: el encierro es un evento autorizado. Ayuntamiento, Guardia Civil y Subdelegación del Gobierno firman la hoja de ruta de cada festejo, con sus medidas de seguridad y sus protocolos. La paradoja es que la esencia del evento es precisamente la ausencia de control: un animal de gran tamaño corriendo entre gente, sin barreras, con el pavimento como único juez.
El segundo 17 del vídeo
Quien vea la grabación con calma encontrará el instante exacto en que todo se tuerce: en torno al segundo 17, el joven hace un amago de tropezar en una zona del firme que todos los demás corredores sortean. Es un detalle que pasa desapercibido en caliente, pero que explica el accidente mejor que cualquier análisis sobre valentía o imprudencia. El suelo cambia sin avisar, y en un encierro nadie tiene tiempo de mirar al suelo.
El herido se recupera, y eso es lo único que importa a estas alturas. Pero si algo deja esta secuencia es la confirmación de que, en los encierros, el peligro no es el toro: es todo lo que gira a su alrededor. Y de momento, la tradición pesa más que el hormigón.