La factura europea de Ucrania: 5% del PIB y adiós al gas ruso
Estados Unidos ha dejado de ser el pagador principal de la guerra de Ucrania y Europa se queda sola con la factura. El detonante no es una decisión formal de la Casa Blanca, sino la lógica que John Bolton, exconsejero de Seguridad Nacional estadounidense, puso por escrito: si los líderes europeos se negaron a apoyar a Washington en el conflicto con Irán alegando que «esta no es nuestra guerra», invitan a Trump a devolverles la frase aplicada a Ucrania. Si vosotros no venís, yo me voy. Entre esos dirigentes aparece Kaja Kallas, principal responsable de política exterior de la UE, que rechazó expresamente seguir a Washington. Y ahí arranca el problema económico que llevaba tres años aplazándose: quién paga la artillería, quién asume el gas y quién firma los cheques cuando el protector se descuelga.
De dónde sale el «Ucrania no es nuestra guerra»
El encadenado es explícito en la declaración que ha circulado estos días: el fallo europeo en Irán invita a Trump a decir «Ucrania no es nuestra guerra», y Bolton añade que los europeos cometen un error al responder a un comportamiento juvenil con otro comportamiento juvenil. Traducido a dinero: el paraguas se pliega por donde menos conviene.
Hay versiones para todos los gustos sobre qué ha pasado ya. Una corriente sostiene que la ayuda militar y económica estadounidense se retiró por completo y que los aranceles a Europa son el siguiente capítulo. La contraria recuerda que el propio gobierno ucraniano ha señalado que sigue recibiendo apoyo, incluso en mayor volumen que antes. Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez: menos escaparate político y más venta directa.
El Memorándum de Budapest de 1994 y la promesa incumplida
El documento que Ucrania firmó en 1994 para desnuclearizarse es la pieza que más se repite en el análisis. Kiev entregó su arsenal a cambio de que Estados Unidos, Reino Unido y Rusia garantizaran su soberanía e integridad territorial.
Sobre ese papel hay dos lecturas enfrentadas. Una sostiene que Washington empujó a Ucrania a renunciar a sus armas con una promesa vacía y que lleva incumpliéndola desde 2014. La otra recuerda que Rusia firmó exactamente el mismo texto y que es Rusia quien mantiene tropas en territorio ucraniano desde 2014. Ninguna de las dos exime a Europa, que también bloqueó cualquier salida negociada a lo largo de tres años.
Del 2% al 5% del PIB: quién paga realmente la OTAN
Ayer el 2% del PIB era belicismo; hoy el 5% se vende como paz. El giro no ha cambiado quién cobra: una parte del análisis sostiene que Estados Unidos se está forrando vendiendo armas a Europa para que esta las done a Ucrania, y que ese circuito es el verdadero negocio del conflicto.
El FMI, según se apunta, ya empieza a dudar de si el préstamo ucraniano es devolvible. La industria militar estadounidense no tiene esa duda. La pregunta incómoda es qué queda en Europa de ese 5% del PIB: si compra en dólares, la respuesta es poco menos que nada.
Drones ucranianos, el Nasdaq y la familia Trump
Ucrania fabrica drones ya de manera masiva y su producción supera la de todos los miembros de la OTAN juntos. Dos hijos de Donald Trump respaldan a una empresa ucraniana de drones que quiere saltar al Nasdaq. Para quien defendía que el hijo del presidente anterior tenía negocios de gas, el argumento se ha quedado sin gasolina.
Mientras, ICE ha deportado a decenas de ucranianos y algunos han sido enviados directamente al servicio militar, y la petición que se traslada a Kiev es bajar la edad de reclutamiento hasta los 18 años. El negocio sube; el censo del frente, baja.
El gas que ya no fluye y la factura que sí llega
El Nord Stream está parado, el precio de la energía dejó de ser el bueno, el bonito y el barato, y la factura de fertilizantes y carburantes acabó en el IPC de todos. Ahí está el coste real del repliegue: no en los despachos de Bruselas, sino en cada nómina que compra menos que hace cuatro años.
Frente a eso hay quien propone volver a negociar con Moscú y buscar acomodo con China. Suena herético en Bruselas. También sonaba herético hace tres años pedir que Europa dejara de pagar la guerra de otros.
Si el repliegue estadounidense se confirma, el 5% del PIB dejará de ser una discusión presupuestaria y pasará a definir quién paga la próxima década. Con una advertencia: el 17 de julio un alto mando militar estadounidense ya avisó de que la OTAN podría tomar Kaliningrado en un plazo inaudito. Cuando el que se va deja la puerta abierta y encima señala el próximo objetivo, conviene desconfiar de las despedidas.