Trump amenaza a los BRICS con aranceles del 100% si abandonan el dólar
Donald Trump ha lanzado un ultimátum a los países BRICS: o se comprometen a no crear una moneda común ni a respaldar otra divisa que sustituya al
dólar, o se enfrentarán a aranceles del 100% y a perder el acceso al mercado estadounidense. El mensaje, publicado en su cuenta oficial, no deja margen: «No hay ninguna posibilidad de que los BRICS sustituyan al dólar estadounidense en el comercio internacional», sentencia. La reacción no se ha hecho esperar: desde el análisis más ortodoxo hasta el más conspiranoico, el consenso es que la amenaza llega tarde y mal.
El dólar como arma política: de la Reserva Federal al garrote
La primera línea de fuego apunta a la contradicción de fondo. Estados Unidos ha utilizado el dólar como instrumento de sanción —Rusia es el ejemplo más reciente— y ahora exige que nadie deje de usarlo. «A ver si lo entiendo: sancionan a Rusia prohibiendo el uso del dólar, pero amenazan si dejan de usarlo», resume una intervención que condensa el desconcierto. El argumento tiene recorrido: si el billete verde es a la vez moneda de reserva y herramienta de castigo, los países afectados tienen incentivos para buscar alternativas.
El problema, señalan voces más escépticas, es que la alternativa no existe. El dólar sigue siendo el medio de pago dominante en el comercio internacional y los BRICS son «una jaula de grillos con intereses contrapuestos», en palabras de otro participante. China necesita vender en dólares a Estados Unidos; Brasil, India y Sudáfrica tienen monedas que se han depreciado frente al billete verde en los últimos años. La amenaza, en este contexto, puede funcionar a corto plazo: «China no puede arriesgarse a que le apliquen esos aranceles», sostiene un análisis que invoca el manual negociador de Trump.
¿Qué pasaría si se cumplieran los aranceles del 100%?
La pregunta recorre todo el debate. La respuesta más repetida es que el tiro saldría por la culata. «Si USA impone 100% de aranceles a todos los BRICS lo que va a provocar es su propio aislamiento», advierte un mensaje. El mecanismo es conocido: los aranceles encarecen los productos importados, las empresas trasladan el sobrecoste al consumidor y la inflación se dispara. «¿De verdad se cree este que la población de EEUU va a aceptar una inflación próxima al 100% en muchas cosas?», se pregunta otro participante.
El comercio internacional es una de las principales fuentes de riqueza colectiva, recuerdan desde posiciones liberales. Los aranceles «disminuyen los intercambios entre países y producen aumentos de precios por la falta de competencia». El resultado, añaden, es «el camino asegurado a la pobreza». La paradoja es que Trump se presenta como defensor del libre mercado mientras aplica medidas proteccionistas que sus propios aliados ideológicos rechazarían.
La desdolarización: ¿realidad o espejismo?
Los datos que se manejan en el debate apuntan en direcciones opuestas. Por un lado, Arabia Saudí no ha renovado el acuerdo del petrodólar, un gesto simbólico que algunos interpretan como el principio del fin. Por otro, las monedas de los BRICS se han depreciado frente al dólar: el real brasileño ha superado los 6 por dólar, el rublo ruso ronda los 107, la rupia india los 84 y el yuan chino los 7,27. «Al robo de reservas le llaman desdolarización ahora», ironiza un participante.
La discusión deriva hacia el papel de China. Durante veinte años ha absorbido la manufactura global, y hoy controla cadenas de suministro enteras. «¿Qué alternativas hay a los antibióticos que solo los chinos tienen?», se pregunta. La dependencia es mutua: China necesita el mercado estadounidense, pero Estados Unidos necesita los productos chinos. En esa simetría, la amenaza de aranceles es un arma de doble filo.
El fin del imperio: predicciones y profecías
El tono general es de que Estados Unidos ha perdido la iniciativa. «El imperio está MUY nervioso», resume un mensaje. La comparación con la URSS aparece varias veces: un país que proyecta poder militar mientras su población subsiste en condiciones cada vez peores. «Roma cayó y el mundo siguió», recuerda otro. La diferencia es que Roma no tenía una impresora de billetes.
La propuesta más repetida para fortalecer el dólar no es precisamente ortodoxa: respaldarlo con oro. «Tener el chollo de la impresora infinita e ir amenazando a todo el mundo con usar sus estampitas tiene los días contados», sentencia un participante. La idea, que circula en círculos libertarios desde hace décadas, gana terreno cuando el emisor de la moneda de reserva utiliza su posición como arma.
La historia no está escrita. Trump puede conseguir un compromiso formal de los BRICS y presentarlo como una victoria. O puede desencadenar una escalada arancelaria que acelere eso mismo que pretende evitar. Lo que parece claro es que el dólar ya no es lo que era: la confianza no se impone por decreto.