El truco parlamentario para resucitar el Chat Control
¿Sabía que el Parlamento Europeo está a punto de aprobar una ley que ya rechazó dos veces, y que si usted es eurodiputado y no vota, su ausencia cuenta como voto a favor? Eso es exactamente lo que ocurre con el llamado Chat Control, la propuesta para escanear comunicaciones privadas en busca de material de abuso infantil. En marzo, la iniciativa cayó con 311 votos en contra. Pero la presidencia de la Eurocámara y el Partido Popular Europeo han encontrado la manera de resucitarla: tramitarla por la vía de urgencia, que exige mayoría absoluta para bloquearla —361 votos— en lugar de mayoría simple para aprobarla. Y, por si fuera poco, las ausencias cuentan como voto afirmativo.
La jugada es tan cínica como efectiva. Se ha programado la votación para el último día de sesiones antes del receso de verano, cuando medio hemiciclo ya tiene los billetes de avión. Basta con que los partidarios de la ley mantengan su escaño vacío para que el «sí» se acumule sin necesidad de convencer a nadie. Para frenar el texto se necesitan 361 votos en contra; para colarlo, simplemente vaciar la sala. El resultado está cantado para una iniciativa que pretende escanear las conversaciones privadas de 450 millones de europeos.
Quienes defienden la medida argumentan que es necesaria para proteger a los menores. Sin embargo, la forma de proceder —cambiar las reglas tras perder la votación, elegir una fecha estratégica y contar las ausencias como aprobación— suscita serias dudas sobre el respeto al proceso democrático. La pregunta que flota en el ambiente es: si una ley no logra el respaldo suficiente en votación ordinaria, ¿debería imponerse mediante un atajo reglamentario?
Mientras tanto, los ciudadanos europeos siguen sin ser consultados. La próxima vez que alguien le pregunte si ha votado esto, quizá la respuesta sea: no, pero lo han votado por usted. Y su ausencia ha contado como un sí.