¿Pudo el III Reich ganar la Segunda Guerra Mundial?
La respuesta corta es no. La larga es que hubo un momento, entre 1940 y 1942, en el que Alemania tuvo en su mano no perder la guerra, y lo desperdició. El consenso que recorre el análisis de este asunto es que el III Reich nunca tuvo capacidad de derrotar militarmente a la coalición que se le vino encima, pero sí pudo haber forzado una paz de compromiso con Gran Bretaña antes de que Estados Unidos y la Unión Soviética entraran en juego a pleno rendimiento. A partir de ahí, todo fue cuesta abajo.
El error de cálculo: demasiados frentes a la vez
La tesis más repetida es que Alemania podía vencer encadenando enemigos, pero no luchando contra todos simultáneamente. Atacar a la URSS sin haber cerrado antes el frente occidental fue, según este análisis, el error decisivo. La invasión de Polonia en 1939 activó a los aliados occidentales, y la campaña de Francia en 1940 pareció resolverlo, pero la negativa británica a negociar dejó a Alemania con un frente abierto que nunca cerró.
El cálculo más optimista asume que, sin la invasión de la URSS, Stalin habría atacado más tarde o más temprano. En contra pesa el argumento de que en 1941 el Ejército Rojo tenía
1.000 carros T-34 y 500 KV-1, y que en 1942 tendría miles. Atacar antes o no atacar nunca: esa era la disyuntiva real.
El petróleo y la industria: la cuenta que no salía
Alemania era un ejército eminentemente hipomóvil. Cientos de miles de caballos tiraban de la logística mientras los panzers consumían combustible a un ritmo que el Reich no podía sostener. La carencia de crudo hacía inviable cualquier gran desplazamiento acorazado sostenido. El mito de la eficiencia blindada se hunde cuando se mira la factura energética.
Al otro lado del Atlántico, Estados Unidos tenía una capacidad industrial inigualable y virtualmente a salvo de ataques por la distancia. Según un cálculo que circula en el debate, por cada tanque que fabricaba Alemania, la URSS producía cinco o más. Hitler llegó a negar ese dato en una reunión, llamando mentiroso al mensajero. La realidad era peor.
La bomba atómica: la única carta que quedaba
Si algo deja pocas dudas es el programa nuclear. Alemania le asignó baja prioridad y presupuesto; Estados Unidos hizo lo contrario. La hipótesis de que el Reich hubiera ganado con la bomba antes que los aliados es la única que algunos consideran plausible, aunque exigía un escenario previo: Gran Bretaña neutral o derrotada, y bombarderos estadounidenses cruzando el Atlántico para incursionar. Aun así, la mayoría concluye que Hiroshima y Nagasaki dejan claro que, de haber ganado convencionalmente, Alemania habría desaparecido bajo un Armagedón nuclear en 1946.
La predicción con reservas: si algo falló en la cadena —Dunkerque, Grecia, el Norte de África, la no invasión de las islas— el resultado habría sido el mismo. Alemania perdió la guerra. Punto. La única duda razonable es cuánto habría durado el régimen sin la invasión de la URSS, y esa respuesta se la llevó la historia.