El rey sanciona la amnistía y la devuelve a Moncloa para el BOE
La firma de la ley de amnistía por parte de Felipe VI ha cerrado el trámite institucional y ha abierto otra cosa: la constatación de que la Jefatura del Estado ha quedado reducida a un acto administrativo. El texto vuelve a Moncloa para su publicación inminente en el BOE. La escena —un rey firmando a desgana lo que otros pactaron— ha bastado para que la conversación pública se llene de una pregunta incómoda: ¿para qué sirve exactamente la Corona si su titular no puede negarse a nada?
La respuesta que circula no es amable. Se argumenta que el monarca no ha hecho más que rubricar lo que le pusieron delante, igual que un funcionario con despacho propio y agenda oficial. La comparación con Balduino de Bélgica —que renunció al trono unas horas para no firmar una ley— aparece una y otra vez como espejo incómodo. Aquí no hubo gesto, ni dimisión temporal, ni palabra. Solo firma.
Qué significa que el rey firme la amnistía
Significa que el último eslabón del procedimiento legislativo se ha completado sin sorpresas. La ley vuelve al Ejecutivo y su publicación en el BOE es cuestión de horas. Desde el punto de vista formal, el rey no legisla: sanciona y promulga lo que las Cortes aprobaron. Desde el punto de vista político, esa neutralidad obligada es precisamente lo que se le reprocha.
Hay quien sostiene que un jefe del Estado sin capacidad de veto no es un rey, sino un notario con banda. Enfrente pesa el argumento contrario: en una monarquía parlamentaria, negarse a firmar sería un golpe institucional. El problema es que ese argumento, siendo cierto, deja al titular sin margen y sin relato. Y sin relato, la institución pierde su función narrativa.
El coste de mantener la institución
La discusión sobre el gasto no es nueva, pero ahora encuentra un marco perfecto. Se compara el coste de la Casa Real con el de un tótem informativo en la entrada de la Zarzuela, con el salario de un funcionario medio o con el precio de un matasellos. La ironía es el vehículo, pero el fondo es económico: ¿qué retorno tiene para el contribuyente una institución que solo firma?
El cálculo que circula en los análisis más detallados —asignación anual, casa, seguridad, desplazamientos, personal— da una cifra que sorprende a quien la ve desglosada. No es un gasto enorme en términos de PIB, pero sí es un gasto sin contrapartida funcional visible cuando el titular no ejerce ninguna función arbitral real.
El precedente de Alfonso XIII y el desgaste de los Borbones
La comparación histórica ha sido el recurso más repetido. Se recuerda que a Alfonso XIII no le echaron los republicanos, sino los políticos conservadores y los militares que ya no le sostenían. La lección que se extrae es sencilla: las monarquías no caen por asalto, caen por abandono. Basta con que quienes podrían defenderlas se queden de brazos cruzados.
La lectura dinástica también aparece: los Austrias empezaron con un Carlos y terminaron con otro; los Borbones empezaron con Felipe V y terminarían con Felipe VI. La simetría es literaria, no histórica, pero funciona como marco mental. Y los marcos mentales, en política, pesan más que los datos.
Quién defiende todavía la Corona
No hay una defensa entusiasta de la institución en el material disponible. Lo que hay es una defensa técnica: la monarquía parlamentaria es el sistema vigente, el rey cumple su papel constitucional y el problema no es él, sino el uso que se hace de su firma. Es una posición minoritaria y sin épica.
Frente a ella, la corriente dominante sostiene que la institución ha perdido legitimidad por acumulación: por el silencio, por la agenda, por la incapacidad de marcar distancia con el poder ejecutivo. La conclusión que se repite no es «hay que abolirla», sino algo más letal: «ya no hace falta hacer nada, se cae sola».
Queda un dato que descoloca. En 846 días de conversación sobre el mismo asunto, la pregunta ha dejado de ser si la monarquía sobrevivirá a este reinado. La pregunta es cuánto tiempo puede funcionar una institución cuyo titular firma lo que le mandan y sonríe en el desfile.