El voto CERA aprieta Madrid a 1.500 votos y encarece la investidura
Un escaño no cambia un país: cambia un precio. El escrutinio del voto CERA, el que emiten los españoles residentes en el extranjero, deja en Madrid al PP por delante del PSOE por unos 1.500 votos, una distancia suficiente para acariciar un acta más en el Congreso y para reordenar la aritmética de una investidura que ya se decidía por márgenes ridículos. El escaño en cuestión es el de
García Adanero, ex-UPN, que lo tenía al alcance de la mano. El PP, en cambio, necesita ampliar la ventaja para asegurarlo.
Qué dice el recuento del voto CERA en Madrid
El dato de partida es simple: con el voto CERA escrutado, el PP se pone por delante del PSOE en Madrid por alrededor de 1.500 sufragios. No es una victoria, es una ventana que puede cerrarse. Si esa ventaja no se ensancha, el acta no cambia de manos y todo el ruido se queda en eso, en ruido.
La secuencia rompe el relato previo. Durante días se sostuvo que el voto CERA no alteraría el resultado final. Ahora resulta que roza exactamente eso. Y hay quien recuerda que este censo ya ha dado sorpresas: en
2015 y 2016 el partido más votado entre los residentes ausentes fue Podemos, un detalle que, según ese participante, desactiva buena parte de las teorías sobre
pucherazos, que aparecerían o desaparecerían según el interés del momento.
¿Por qué un escaño puede cambiar la investidura entera?
Porque la mayoría absoluta está en
176 escaños y en ese filo cualquier acta vale una legislatura. Con el escaño madrileño en el aire, ni la suma de la derecha es automática ni la del PSOE con los independentistas puede darse por hecha: depende de que Junts y ERC muevan ficha y de a qué precio.
El análisis se parte justo ahí. Una corriente sostiene que a efectos prácticos da igual que Junts se abstenga o que preste uno o dos votos: el precio será más alto, pero se pagará igual. Otra responde que el escenario cambia si Coalición Canaria no entra en el juego y Junts se limita a abstenerse o a votar de forma selectiva, porque entonces la
mayoría simple queda en manos de la oposición y los decretos ley se caen uno detrás de otro.
El voto prestado que ata a Junts y ERC
Hay un argumento que incomoda a los independentistas: ERC y Junts perdieron escaños y buena parte de su electorado se fue al PSOE ante el miedo a un Gobierno de PP y VOX. Si ahora no sostienen a Sánchez y vuelve el riesgo, ese
voto prestado no se lo perdonarán. Lo plantea un participante del hilo: los partidos lo saben, y eso recorta su margen de farol.
El precedente del PP que nadie quiere poner por escrito
Existe una tercera vía que nadie firmaría en público: que el PP se abstenga y deje gobernar al PSOE sin que este dependa de los independentistas. El argumento tiene precedente, porque en
2016 el PSOE se abstuvo para permitir el Gobierno de Rajoy en minoría, y también tiene respuesta: otro participante recuerda que en 2019 el PP no se abstuvo. Nadie quiere que la factura lleve su nombre.
Puigdemont, la amnistía y el reloj de Navidad
El otro eje es el precio. Se habla de amnistía, de un referéndum consultivo y no vinculante al amparo del artículo 92 y de una fiscalía que, según esta lectura, habría reactivado la orden de detención para apretar la negociación en vez de cerrarla. La conclusión de quienes sostienen esa lectura: quien controle el riesgo judicial del expresident controla el precio.
El calendario aprieta, aunque nadie aporta una fecha. En el hilo se cuestiona cómo se llega a una
posible repetición electoral en Navidad: ¿son cuatro meses desde que un candidato se presenta a una investidura y fracasa? La pregunta es menos retórica de lo que parece.
Los frentes que se mueven mientras Madrid cuenta votos
No todo se decide en Madrid. En Canarias, un participante recuerda que el PP apoyó a Coalición Canaria para presidir el archipiélago sin ser el partido más votado, y pregunta a cambio de qué. En Euskadi, otro sostiene que, si el PSOE y Bildu suman mayoría en las próximas autonómicas, gobernarán juntos, con el PNV atrapado, según su análisis, entre dos versiones del progresismo que le comen el terreno.
En el plano económico, un participante defiende que el bloqueo tiene su propia lógica: sin presupuestos nuevos se prorrogan los vigentes, no hay subidas de impuestos frescas ni gasto extra en lo que cada cual considera prescindible. No es un plan. Es un
efecto colateral, y hay quien lo firma igual.
Predicción con reservas: quien sea investido lo hará con una mayoría que depende de que nadie cambie de opinión, y eso dura menos de lo que promete. Si Puigdemont aguanta el pulso y en Madrid no se ensanchan esos 1.500 votos, la repetición electoral deja de sonar a
farol.