Sánchez cancela su agenda dos días y el permiso por el suegro entra en el cálculo
¿Cuántos días libres puede pillar un presidente del Gobierno sin dar explicaciones? La agenda institucional de Pedro Sánchez desapareció durante dos días por «asuntos personales», según el anuncio que abrió la conversación, y la primera reacción fue de perplejidad: ni carta, ni comparecencia, ni detalle. El pájaro, decía un mensaje, enlaza bien los dos días con el fin de semana. La broma sobre los moscosos —los días de libre disposición de cualquier funcionario— apareció en la primera línea y ya no se fue.
El asunto se aclaró a mitad de la conversación:
según varios mensajes, había fallecido el suegro del presidente. Eso convirtió la sospecha en un caso de manual de administración pública. El permiso retribuido por fallecimiento de familiar de primer grado existe en el Estatuto de los Trabajadores y en el régimen funcionarial, y el suegro computa como primer grado, igual que un progenitor. La duda que quedó flotando no era legal, era de forma: por qué la comunicación oficial habló de «asuntos personales» y no de lo que era.
Qué dice la norma sobre el permiso por fallecimiento del suegro
El suegro es primer grado a efectos de permisos. La explicación que se dio en la conversación fue tajante: lo es desde siempre, junto al propio padre, mientras que un hermano o un cuñado caen en el tercer grado. No es una excepción para presidentes; es el régimen común de cualquier asalariado.
Eso desmontó media discusión. Si el permiso está tasado, retribuido y es compatible con el resto de la normativa, la pregunta razonable no es si le correspondía, sino por qué se anunció como un misterio. La diferencia entre un permiso reglado y una agenda cancelada sin motivo es exactamente la diferencia entre un derecho y un favor.
El doble rasero que señalaron los propios participantes
El contraste más repetido fue laboral. Un mensaje lo resumió con crudeza: quien llama a su empresa para cancelar la agenda hasta el lunes sin justificación se expone al despido, mientras que la cancelación de la agenda presidencial se despacha con un comunicado de dos líneas. La comparación no es jurídicamente exacta —un presidente no ficha—, pero el punto de fondo es otro: la asimetría entre cómo se comunica el permiso de un alto cargo y cómo se comunica el de cualquiera.
Hubo quien fue más lejos y recordó que, a la vuelta, cualquier empleado público tiene que presentar el certificado de defunción para que no le descuenten las retribuciones. Ese trámite, que no tiene carácter sancionador y es compatible con una sanción si procede, se aplica igual a todos. La conversación no encontró ninguna prueba de que el presidente fuera a saltárselo.
De la sospecha al dato: cómo cambió el tono
El arranque fue de guasa pura. Se especuló con una operación, con una fuga, con una renuncia desde el extranjero. Algunos mensajes cruzaron líneas que no conviene reproducir. Cuando apareció la información del fallecimiento, el registro cambió: la mayoría aceptó el motivo y el foco se movió a la gestión comunicativa.
Quedó un reproche recurrente y más difícil de rebatir: la acumulación. Cancelar dos días que enlazan con el fin de semana, justo después de una temporada de choque institucional, alimenta la lectura de que la agenda se usa como cortina. No hay forma de verificar esa intención. Tampoco de descartarla.
Lo que queda sin respuesta
Si el permiso era reglado y el motivo era triste, la única pieza discutible es la comunicación. Un comunicado que dijera «fallecimiento de un familiar» habría cerrado el asunto en una línea. Se eligió la fórmula opaca y el vacío lo llenó la especulación, que es exactamente lo que una nota de prensa existe para evitar.
Con estos mimbres, el debate no va de si le correspondían dos días. Va de por qué el lenguaje oficial trata lo ordinario como si fuera secreto. Y de por qué, cada vez que eso pasa, hay quien sigue teniendo que fichar a la vuelta.