Benedicto Camela
Psycho The Rapist
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Es de sobra conocido el ciclo de vida de la carruselera española (carruselis herpeticus). Por resumir, una juventud saltando de relación en relación, el choque con el muro, la búsqueda desesperada de una pareja que la aguante, hasta o bien culminar su plan con dicho incauto, haciéndole un bombo tardío y arruinándole la vida, o bien fracasando en ello y terminando en una vida de gatos, vino y antidepresivos. Y a veces las dos cosas.
Pero hay un detalle, un episodio que rara vez se narra, y que yo he observado de cerca en más de una ocasión, que sucede durante la búsqueda de pareja. Este momento lo considero uno de los cúlmenes de ignominia y humillación en la ya difícil vida de la carruselera.
Toda la literatura asume que esta fase de emparejarse es instantánea, inmediatamente tras el choque contra el muro, pero no es cierto. La carruselera tiene que dar varios palos de ciego en búsqueda de pareja.
La pareja, al principio cree que ha triunfado. De repente se está relacionando con una persona que pensaba que estaba fuera de su alcance y ahora ve que no, que puede. Pero si no es […] del todo, es consciente de que es una relación complicada, así que su estrategia más sabia es seguir sin concretar compromiso alguno.
La carruselera tiene una estrategia opuesta, ve que el arroz ya parece chicle de lo pasado que está y tiene que culminar el compromiso cuanto antes.
Entonces es cuando sucede el momento estelar que es el que comentaba yo al principio que he visto varias veces, y que, con mucho, es el momento más difícil y humillante de la vida carruseril: Ella tira indirectas sobre matrimonio y la pareja se hace el longuis.
Lo he visto ocurrir de la forma más difícil que os podríais imaginar. La carruselera comentando con las amigas, con la pareja al lado, que ella, a pesar de su vida, en el fondo siempre buscaba el amor verdadero y casarse (mirada de reojo a la pareja, que se hace el longuis). Que sí, que sí, que ya veréis como de esta me caso (la pareja fingiendo que le suena el móvil). Me caso de blanco y con flores (si? Hooola Manolo. Dime? No no, no estoy ocupado. Un momento que aquí hay mucho ruido). La cara de humillación de la carruselera, ahí delante de sus amigas, siendo rechazada de ese modo indirecto pero firme por uno al que todas consideraban un calzonazos, no tiene precio.
En fin, un momento de tal humillación, al que se suma lo que ocurriese después en la intimidad, que ese solo me lo puedo imaginar, pero a las pocas semanas, actualiza el estado en Facebook a soltera, y vuelta a empezar de cero.
Pues esto mismo, en varias variantes, con otros personajes y en situaciones diferente pero conceptualmente equivalentes, lo he visto ocurrir varias veces.
Y este es el episodio para mí más humillante y difícil del ciclo de vida de la carruselera.
Si tenéis ocasión de vivirlo, saboreadlo, atesorad cada momento y cada detalle. Poned el puntito rojo parpadeante de REC arriba a la derecha en vuestro campo visual y grabad cada expresión, el fotograma exacto en que la carruselera se da cuenta de cuál era el juego de la pareja, la cara de decepción, furia e incomprensión.
Pero hay un detalle, un episodio que rara vez se narra, y que yo he observado de cerca en más de una ocasión, que sucede durante la búsqueda de pareja. Este momento lo considero uno de los cúlmenes de ignominia y humillación en la ya difícil vida de la carruselera.
Toda la literatura asume que esta fase de emparejarse es instantánea, inmediatamente tras el choque contra el muro, pero no es cierto. La carruselera tiene que dar varios palos de ciego en búsqueda de pareja.
La pareja, al principio cree que ha triunfado. De repente se está relacionando con una persona que pensaba que estaba fuera de su alcance y ahora ve que no, que puede. Pero si no es […] del todo, es consciente de que es una relación complicada, así que su estrategia más sabia es seguir sin concretar compromiso alguno.
La carruselera tiene una estrategia opuesta, ve que el arroz ya parece chicle de lo pasado que está y tiene que culminar el compromiso cuanto antes.
Entonces es cuando sucede el momento estelar que es el que comentaba yo al principio que he visto varias veces, y que, con mucho, es el momento más difícil y humillante de la vida carruseril: Ella tira indirectas sobre matrimonio y la pareja se hace el longuis.
Lo he visto ocurrir de la forma más difícil que os podríais imaginar. La carruselera comentando con las amigas, con la pareja al lado, que ella, a pesar de su vida, en el fondo siempre buscaba el amor verdadero y casarse (mirada de reojo a la pareja, que se hace el longuis). Que sí, que sí, que ya veréis como de esta me caso (la pareja fingiendo que le suena el móvil). Me caso de blanco y con flores (si? Hooola Manolo. Dime? No no, no estoy ocupado. Un momento que aquí hay mucho ruido). La cara de humillación de la carruselera, ahí delante de sus amigas, siendo rechazada de ese modo indirecto pero firme por uno al que todas consideraban un calzonazos, no tiene precio.
En fin, un momento de tal humillación, al que se suma lo que ocurriese después en la intimidad, que ese solo me lo puedo imaginar, pero a las pocas semanas, actualiza el estado en Facebook a soltera, y vuelta a empezar de cero.
Pues esto mismo, en varias variantes, con otros personajes y en situaciones diferente pero conceptualmente equivalentes, lo he visto ocurrir varias veces.
Y este es el episodio para mí más humillante y difícil del ciclo de vida de la carruselera.
Si tenéis ocasión de vivirlo, saboreadlo, atesorad cada momento y cada detalle. Poned el puntito rojo parpadeante de REC arriba a la derecha en vuestro campo visual y grabad cada expresión, el fotograma exacto en que la carruselera se da cuenta de cuál era el juego de la pareja, la cara de decepción, furia e incomprensión.
