Un F-5 iraní de hace 60 años habría atacado una base de EEUU en Kuwait
Un caza diseñado en los años cincuenta y sesenta, el F-5 Freedom Fighter, habría volado a ras de suelo, esquivado los sistemas de defensa aérea y golpeado una base norteamericana en Kuwait al comienzo mismo de las hostilidades, según sostienen participantes de un debate de foro que citan informaciones de
NBC News. Para esos usuarios, lo que se vendió como un paseo militar se ha convertido en un episodio incómodo para el Pentágono. Según esas mismas afirmaciones, el ataque no fue un golpe tardío ni un acto desesperado de última hora: se produjo en los primeros compases del conflicto, cuando la superioridad aérea occidental se daba por descontada.
El avión, según los intervinientes, no es ninguna maravilla tecnológica. Es un aparato de tercera generación, barato, sencillo y concebido para venderse a fuerzas aéreas con presupuesto ajustado. Precisamente por eso el contraste resulta demoledor en su opinión: un
Seat Panda con alas —la comparación que resume el cabreo que expresan— atravesando el paraguas defensivo más caro del planeta.
Qué se dice del ataque a la base de Kuwait
Según los participantes en el debate, el ataque se produjo al inicio de las hostilidades, no después de que los drones y los misiles hubieran degradado las defensas. Ese detalle cambiaría por completo la lectura del episodio. Si el F-5 entró cuando todo estaba intacto, el fallo no sería de saturación ni de agotamiento de municiones: sería de doctrina, de procedimiento y de exceso de confianza.
Las cifras que se manejan en el hilo —seis bajas y cuantiosos destrozos materiales— son modestas en términos absolutos. El daño real, según estos usuarios, es reputacional. Un avión de hace seis décadas, sin radar moderno ni contramedidas electrónicas punteras, habría colocado sus bombas donde quería y se habría marchado. La pregunta que sobrevuela el debate es incómoda: si esto lo hace un F-5, qué no haría un adversario con medios de verdad.
El F-5, un caza de tercera generación que EEUU vendió a medio mundo
El F-5 se diseñó como caza de superioridad aérea barato. Alcanzaba velocidades superiores a Mach 1.5, era ágil a baja cota y exigía poco mantenimiento. EEUU lo exportó masivamente y todavía hoy sigue en servicio en varios países, incluida España, donde la versión modernizada F-5M se emplea para entrenamiento en el Ala 23. En la web del Ejército del Aire no se especifica cuántas unidades quedan operativas.
Ese es el punto que más duele a los intervinientes. No es un prototipo secreto ni un arma exótica: es un aparato que cualquier fuerza aérea de segundo nivel puede mantener volando. En su opinión, lo que falló no fue la máquina iraní, sino el sistema que debía detenerla.
El F-35 y el complejo militar-industrial: proyectos eternos y carísimos
El episodio ha reabierto, según los usuarios, la crítica al modelo de adquisiciones occidental. El F-35 es el ejemplo recurrente: un programa que pretende que un solo avión haga de todo —superioridad aérea, ataque, reconocimiento, guerra electrónica— y que acumula retrasos, sobrecostes y fallos de software. Hay quien sostiene en el hilo que la mitad de la flota no está disponible para operar por averías electrónicas y problemas de mantenimiento.
El argumento de fondo que plantean es sencillo: interesa más un caza barato, probado y con cadena de suministro propia que un sistema carísimo y dependiente de terceros. Se añade un factor que en el debate se considera decisivo: la ausencia de un interruptor remoto. Según estos usuarios, un F-35 puede quedar inutilizado desde Washington con una tecla; un F-5 no. Esa dependencia convertiría al comprador en rehén.
The Pentagon Wars, la película que retrata cómo un vehículo blindado sencillo acabó convertido en un sumidero de fondos, se ha traído a colación como espejo del proceso. Los proyectos se eternizan, las comisiones circulan, los oficiales que no se pliegan no ascienden y el producto final llega con defectos que se corrigen en versiones posteriores, cada una con su nuevo presupuesto.
El precedente de Malvinas y la doctrina por encima del material
No es la primera vez, según los participantes, que un arma desfasada humilla a una flota moderna. En la guerra de Malvinas, los A-4 Skyhawk argentinos, de los años cincuenta, causaron daños severos a buques británicos repletos de radares y electrónica. Los argentinos estuvieron cerca de inclinar el conflicto, y solo la interrupción del suministro de misiles Exocet por parte de Francia —con Londres apretando— inclinó la balanza.
El caso de Kosovo apunta en la misma dirección: Yugoslavia ejecutó acciones similares contra Tuzla y Rinas con una diferencia de medios abismal. La conclusión que se repite es que la doctrina pesa tanto o más que el material. Un piloto entrenado, con vuelo rasante y estudio de la orografía, puede compensar una desventaja tecnológica aplastante. Era un
Fernando Alonso conduciendo un Seat 600 y subiéndose al cajón.
El coste real: poder de compra, no cifras nominales
El debate derivó hacia el coste de la vida y el poder adquisitivo. Comparar un salario de 22.000 euros en España con uno de 5.000 en otro país sin ajustar por paridad de poder adquisitivo es un ejercicio de ilusión estadística, según los usuarios. Hay que ver qué cesta de la compra se puede pagar con cada cantidad, y ahí la vivienda marca la diferencia: en España los precios de la vivienda juegan en contra.
La discusión sobre el gasto militar sigue la misma lógica para los intervinientes. Los programas carísimos no se justifican por su eficacia, sino por la estructura de intereses que los sostiene. El contribuyente paga la factura de un sistema diseñado para extraer recursos, no para ganar guerras.
Queda el dato que descoloca, según los usuarios: un avión que EEUU vendió barato a medio mundo, que España todavía usa para entrenar pilotos, habría atravesado las defensas de una base norteamericana y habría vuelto a casa. Los proyectos de un billón de dólares no impidieron, en su relato, que un Seat Panda con alas aparcara donde quiso.