david53
Madmaxista
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Bañarse en la Fontana di Trevi está prohibido y no lo paga quien lo hace: conservar un monumento así sale del presupuesto público de Roma. El caso deja a la vista cómo un gesto individual se convierte en coste colectivo cuando se multiplica por millones de visitantes.
La Fontana di Trevi, en Roma, se inauguró en 1762 con diseño de Nicola Salvi. Es un monumento de mármol al aire libre, visitado cada día por mucha gente, y bañarse en ella está prohibido por las ordenanzas municipales. Una turista colombiana lo hizo durante un viaje y su acompañante lo grabó.
El mármol no se rompe de golpe. Se va degradando con el agua, los aceites de la piel y el roce. Cada limpieza o restauración sale de presupuesto público y compite con colegios, transporte o sanidad.
Quien se baña no paga esa factura: la paga la ciudad. Es el patrón clásico de una externalidad negativa, minúscula en cada caso y enorme multiplicada por millones de visitantes al año.
La fuente recauda. Las monedas que lanzan los visitantes se retiran a diario y se entregan a Cáritas, que las destina a obras sociales. Roma cobra además una tasa turística por noche de alojamiento.
El monumento funciona a la vez como activo cultural, fuente de ingresos y gasto de conservación. Ahí está el conflicto: cuanto más éxito turístico, más desgaste. Bañarse ahí está tipificado como infracción, así que el coste inmediato para quien lo hace es una sanción, no la restauración.
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— عزيز Ver publicación en X