El Yaris que costaba 19.200€ financiado ahora cuesta 27.200€
Un microcoche —el escalón más básico del catálogo— ya no baja de los 20.000€, según la comparativa de precios y financiación que se comparte en el hilo. El híbrido arranca en 21.000€. Y quien lo financia, con entrada de 9.000€, 150€ al mes durante cuatro años y una cuota final de 11.000€, acaba desembolsando
27.200€ por el mismo coche que en enero de 2020 se financiaba por 19.200€. Ocho mil euros de diferencia en cuatro años.
Ahí es nada.Por qué un utilitario básico cuesta ya 20.000€
La estructura de pago no ha cambiado —entrada, cuotas y cuota final—, pero sí las cifras: donde antes ponía 5.000€ de entrada y 7.000€ de cuota final, ahora pone 9.000€ y 11.000€. La mensualidad sigue clavada en 150€, detalle que enmascara el golpe: el sobrecoste se concentra en los extremos del contrato, así que el cliente no lo percibe hasta que firma.
8.000€ netos por idéntico vehículo, idéntica marca, idéntico segmento.
¿Es inflación pura? En parte. La expansión monetaria explica un tramo del recorrido, pero no todo, según se sostiene en el hilo. El resto se atribuye a la
disciplina de precios de un puñado de fabricantes que dejaron de competir entre sí como antaño. El termómetro está en el mercado del usado: un gama media que hace nueve años costó 15.000€ nuevo se anuncia ahora por 13.800€ de segunda mano, apenas 1.200€ menos tras casi una década.
El cártel de coches y la multa que salió barata
El expediente de competencia sobre el cártel de automoción aporta munición. Se sostiene que la sanción impuesta a las marcas —casi todas las que operaban en España— resultó
calderilla en proporción al beneficio obtenido, y que este tipo de procedimientos acaban generando más apariencia de castigo que castigo real. La comparación con la banca es recurrente: se devuelve una fracción de lo cobrado y la inercia de precios se mantiene.
Aparece además una lectura incómoda sobre la normativa. Los costes de adaptación a la exigencia de emisiones Euro 6, se argumenta, no los asumió el fabricante: se trasladaron al precio final. La etiqueta medioambiental la pagó el comprador.
De 14.000€ a 28.000€: el golpe a los autónomos
La furgoneta básica es otro termómetro. En 2008 costaba 14.000€; en 2024, 28.000€. El segmento de las furgonetas combi ronda ya los 30.000€, y para quien vive de la herramienta —los autónomos— el golpe es directo. El renting aparece como salida, aunque las condiciones habituales —60.000 kilómetros en tres años— encorsetan a quien hace mucha carretera.
A eso se suma la desconfianza mecánica que expresan varios participantes: correas bañadas en aceite, Adblue problemático y motores de tres cilindros que no convencen a quien viene de un bloque de cuatro.
El usado ya no es refugio
Quien intentó escapar hacia el mercado de ocasión se encontró otra puerta cerrada. Un diésel de 2007 con etiqueta B y más de 300.000 kilómetros no baja de los 4.000€. Un compacto gasolina corriente de 2003 se pagó por 1.800€, precio de derribo que hoy se celebra como un hallazgo. El que pudo estirar el presupuesto se fue a un SUV urbano seminuevo —10.000 km, 16.500€— o a un matriculado de cero kilómetros con un año encima de antigüedad por 23.000€. Con una condición: gasolina de cuatro cilindros, etiqueta C, nada de electrificación.
Menos fabricantes y coches que parecen electrodomésticos
La explicación estructural apunta a la concentración: tras la crisis de 2010, las fusiones redujeron el número de fabricantes globales a menos de una decena, un escenario que, se argumenta, empuja hacia dinámicas de cártel y perjudica al consumidor. Es el mismo patrón que la banca, las energéticas, los seguros o las gasolineras.
Y luego está el producto. La queja de fondo no es solo el precio: es lo que se compra por ese precio. Motores más pequeños y con sistemas que abaratan la fabricación y encarecen el mantenimiento. Un propietario resume su caso: 120.000 km en 18 años, 7.000 anuales, garaje y mantenimiento exhaustivo; su coche del 2005 va como nuevo. Lo que le ofrecen hoy por 10.000€ más lleva tres cilindros y correa bañada en aceite.
Yo no lo veo.
Hay un frente abierto: la llegada de fabricantes con precios agresivos. En el hilo se espera a conocer el precio limpio, sin financiación, de un modelo de marca emergente que, de confirmarse lo que se comenta, haría pupa a las marcas con precios desorbitados.
Qué puede pasar con los precios
El alivio, si llega, apunta al mercado de segunda mano. Esta temporada empezarán a entrar en el circuito de ocasión los vehículos que las empresas de alquiler se desprendieron en 2020 y recompraron en masa en 2022 y 2023. Si ese flujo se materializa, los precios del usado cederían antes que los del nuevo. Si no llega —o llega en cuentagotas—, la alternativa para media España será apretar el coche viejo hasta que reviente, reparar en lugar de cambiar y esperar sentado a que baje algo que no baja.