El Senado ruso amenaza a Estonia por el atentado contra Dugin
¿Puede un comité parlamentario ruso abrir un frente con la OTAN a golpe de tuit? Es lo que se ha puesto a circular: un mensaje atribuido a una revista militar iraní según el cual el
Comité de Asuntos Internacionales del Senado ruso habría advertido de que, si Estonia se niega a extraditar al autor del ataque contra el coche de Dugin, eso «puede ser motivo para una acción rusa dura». Tres condicionales, una fuente sin verificar y un destinatario que es
miembro de pleno derecho de la alianza atlántica. A partir de ahí, la conversación ha derivado hacia lo de siempre: si esto es el preludio de la tercera guerra mundial o el enésimo farol.
Qué dice exactamente el mensaje que circula
El texto original es una línea. En el material que se difunde no hay comunicado del Kremlin, ni resolución publicada, ni comparecencia ante cámaras. Lo que se difunde es la cita de un medio extranjero sobre lo que
habría dicho un órgano del Senado ruso, con el verbo en condicional y la fórmula «puede ser motivo». Ese matiz es todo el mensaje: no anuncia una invasión, avisa de que habría consecuencias si no se produce una entrega.
Quien haya leído titulares del tipo «el Senado ruso declara la guerra a Estonia» se ha bajado del tren un par de estaciones antes del destino. La única pieza que sostiene el asunto es un tuit.
Estonia es territorio OTAN: dónde está el límite
Estonia no es Ucrania. No es un país fuera de la alianza al que se pueda presionar sin arrastrar al conjunto de los socios. Cualquier movimiento militar ruso sobre su territorio activaría el mecanismo de defensa colectiva, y ahí el cálculo se complica.
En el análisis que se ha ido desgranando aparece una idea incómoda: la de que el plan aliado para los Bálticos pasa por
aguantar la embestida y recuperar el terreno meses después. La frase circula atribuida a un presidente de la región y, si es cierta, no invita al optimismo. Defender, sí. Defender desde el primer minuto, ya veremos.
El precedente de Afganistán y Bin Laden
Sobre la mesa ha aparecido el paralelismo más obvio. Cuando Estados Unidos pidió la entrega de Bin Laden y Kabul se negó, la respuesta fue invadir el país. Ese es el precedente que se esgrime para recordar que un Estado puede exigir la extradición de un sospechoso y castigar la negativa.
La diferencia está en el marco: Estonia no es un régimen aislado, sino un socio con paraguas militar. La comparación explica la lógica de la presión. No predice un desembarco.
¿Tiene Rusia capacidad para abrir un segundo frente?
Aquí los números son elocuentes en las dos direcciones. De un lado, se recuerda, según un cálculo que circula en el hilo, que Rusia mantendría
más de un millón de militares en activo, casi tres millones de reservistas y una fuerza aérea con capacidad nuclear de la que formarían parte alrededor de setecientos bombarderos. Del otro, que todo eso convive con un frente ucraniano que consume hombres y material sin descanso.
La pregunta que nadie cierra es si abrir un segundo escenario es una amenaza creíble o la vía más rápida de quedarse sin el primero. Hay quien lo tiene claro: si el ejército ruso se enreda en el Báltico, su presencia en Ucrania se desmorona. Y hay quien responde, con más épica que datos, que
nunca pasa nada hasta que un día los tanques empiezan a andar.
El avión turco y la represalia que se recuerda después
El recuerdo que más se repite no es Ucrania, es Turquía. Una de las versiones que circulan sostiene que, semanas después de que Ankara derribara un avión ruso, voló por los aires un autobús de la Fuerza Aérea turca en Estambul, con
trece militares y familiares muertos y cincuenta y cinco heridos. El episodio se trae a colación para explicar que Moscú responde, aunque sea tarde y por caminos poco ortodoxos.
También para recordar que, al margen de Estados Unidos, el ejército más potente de la alianza sería el turco, según se sostiene, y que Ankara no tiene interés en un conflicto abierto en su flanco.
Con estos mimbres, la tercera guerra mundial tendrá que esperar sentada. El titular asusta, el condicional desinfla y el destinatario tiene paraguas. Lo único que sigue sin respuesta es la pregunta de siempre: si el día que los tanques empiecen a andar, alguien se acordará de este tuit.