Crisis: Ursula von der Brüjen quiere robaros vuestros ahorros:

Gothaus

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Von der Leyen pone el foco en las cuentas bancarias de los europeos: "Europa necesita poner estos ahorros al servicio de sus empresas"​


Europa tiene un problema de inversión, productividad y crecimiento, pero no precisamente porque le falte dinero. La tasa de ahorro de los hogares europeos es la más alta dentro del mundo desarrollado. Según los últimos datos publicados por Eurostat, esta tasa alcanza el 14,7%, frente a poco más del 2,5% de las familias estadounidenses, por ejemplo. En términos de euros contantes y sonantes, los hogares europeos mantienen unos 10 billones de euros de ahorro en cuentas bancarias. Estos datos han llevado a que Bruselas baraje crear algún sistema para incentivar a los europeos a mover ese dinero hacia lugares más productivos, no solo en términos de rentabilidad para los propios hogares, también en términos de rentabilidad para la economía, es decir, que ese ahorro que hoy 'se marcha' fuera de Europa para ser invertido en otros lugares se invierta en el Viejo Continente.

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, ha puesto así el foco en las cuentas bancarios de los europeos (en un discurso que podría pasar a la historia) con la intención de cambiar esta 'anomalía' y convertir esa gigantesca bolsa de ahorro en combustible para financiar empresas, innovación e industria europea. El planteamiento tiene detrás cierta lógica macroeconómica. Europa genera ahorro suficiente, pero una parte demasiado grande permanece en depósitos o termina financiando activos y empresas extranjeras (el superávit por cuenta corriente de Europa tiene otra cara que es la salida constante de capital al exterior). Es decir, el ahorro de los europeos en muchos casos se usa para comprar bonos de EEUU, acciones en mercados emergentes o en Wall Street... buscando una mayor rentabilidad u oportunidades que la propia Europa no ofrece.

Mientras que el ahorro se marcha fuera de Europa en forma de inversión, las propias compañías europeas denuncian falta de capital para invertir, crecer y ganar productividad. Bruselas pretende conectar ambos extremos (una buena idea, pero que también ha generado suspicacias por sus posibles mecanismos de implementación). La parte positiva es que si este plan consigue que una fracción mayor de esos 10 billones financie maquinaria, digitalización, IA, energía o empresas europeas en expansión, aumentaría el stock de capital por trabajador y, si las inversiones son productivas, también la producción potencial y los salarios. No se trata simplemente de conseguir que los europeos "gasten" sus ahorros: la apuesta consiste en transformar ahorro financiero relativamente pasivo en inversión productiva.


Convencer a los ahorradores​

El desafío será convencer a los propios ahorradores (aquí es donde surgen las suspicacias, entre convencer y 'forzar fiscalmente' hay una línea muy fina). La enorme cantidad de dinero mantenida en depósitos refleja también la preferencia europea por activos seguros y líquidos, y trasladar capital hacia acciones, fondos o inversiones empresariales implica asumir un riesgo mayor. Por eso, el éxito de la estrategia dependerá no solo de eliminar barreras regulatorias, sino de ofrecer productos transparentes, diversificados y suficientemente atractivos para que los hogares decidan voluntariamente abandonar parte de la seguridad del depósito. De lo contrario, Bruselas podrá construir las tuberías de la Unión de Ahorros e Inversiones, pero tendrá dificultades para conseguir que el dinero circule por ellas.

La presidenta de la Comisión Europea ha situado la llamada Unión de Ahorros e Inversiones en el corazón de su estrategia económica, con la que Bruselas pretende movilizar hasta 470.000 millones de euros adicionales de inversión y atacar uno de los grandes males que Mario Draghi identificó en su diagnóstico sobre la decadencia competitiva europea. Europa ahorra mucho, pero es incapaz de transformar eficazmente ese ahorro en capital para que sus empresas crezcan.

"En Europa no faltan tecnología ni ahorros. Pero todavía nos falta capacidad para ampliar nuestras empresas", resumió Von der Leyen durante su intervención ante la patronal francesa MEDEF en París. El diagnóstico de Bruselas es que numerosas compañías europeas consiguen nacer e innovar, pero tropiezan cuando necesitan dar el salto de tamaño.


"Demasiados proyectos se estancan porque la inversión inicial es demasiado arriesgada, porque la demanda es demasiado incierta o porque el capital es demasiado caro", aseguró la presidenta de la Comisión. El resultado es una vieja debilidad europea frente a EEUU: las empresas consiguen empezar en Europa, pero cuando necesitan grandes cantidades de financiación para crecer terminan buscándolas fuera. "Con demasiada frecuencia se marchan a otros lugares para obtener la financiación que necesitan. Trasladan su centro de gravedad. O son adquiridas", lamentó Von der Leyen.

10 billones de ahorro y un riesgo​

"Europa tiene ahorros. Y, por desgracia, esos ahorros están parados. Hoy, 10 billones de euros de ahorro de los hogares se mantienen en cuentas bancarias. Y una gran parte del ahorro europeo se invierte fuera de nuestro continente", señaló Von der Leyen. Su conclusión resume prácticamente todo el proyecto: "Europa necesita ahora poner estos ahorros a trabajar para sus empresas". No se trata de que Bruselas pueda apropiarse o decidir directamente qué hacer con el dinero de las familias, sino de crear mercados e instrumentos financieros capaces de canalizar voluntariamente una mayor proporción del ahorro desde depósitos y otros activos hacia inversiones productivas europeas, ofreciendo al mismo tiempo alternativas de inversión a los hogares.

Juan Ramón Rallo, doctor en Economía, comparte el diagnóstico de Bruselas sobre el problema que supone que buena parte del ahorro europeo permanezca aparcado en depósitos bancarios con escasa rentabilidad, pero advierte de que la solución diseñada por la Comisión puede terminar convirtiéndose en una herramienta para dirigir políticamente el dinero de las familias. "La Comisión Europea acierta en su diagnóstico, en sus intenciones declaradas, pero, como suele decirse, el infierno está empedrado de buenas intenciones", sostiene.

Rallo considera positiva la creación de una cuenta de ahorro con ventajas fiscales inspirada en la ISK sueca, que permite a las familias invertir en acciones y otros activos con una fiscalidad reducida, pero alerta de que Bruselas introduce una diferencia fundamental respecto al modelo suecos y es que recomienda conceder beneficios adicionales a inversiones consideradas estratégicas, como la defensa o la transición verde. "Lo más inquietante de la propuesta de la Comisión Europea" es precisamente que se pretenda incentivar que "los ahorradores europeos trasladen su ahorro desde los depósitos bancarios a la inversión en estos proyectos estratégicos escogidos por los burócratas bruselenses", señala.

El peligro, a juicio del economista, es que la fiscalidad deje de ser neutral y los gobiernos utilicen las ventajas tributarias para conducir el ahorro privado hacia las industrias que ellos mismos hayan seleccionado, sustituyendo parcialmente las decisiones de inversión de familias y mercados. Rallo contrapone esta fórmula con el modelo sueco: "A diferencia de la ISK sueca, que es fiscalmente neutral, es el ahorrador el que decide dónde invertir sin ningún tipo de privilegio o de penalización por escoger unos activos financieros sobre otros". En cambio, sostiene que el modelo europeo "parece más bien un instrumento para sesgar la dirección de la inversión de las familias ahorradoras europeas".

Su crítica de fondo es que semejante intervención podría terminar distorsionando la asignación del capital: "No eres tú ni es el mercado quien decide qué sectores son los más rentables en los que invertir", sino que serían Bruselas o los gobiernos nacionales quienes determinarían mediante incentivos fiscales qué actividades reciben financiación, incurriendo en lo que Rallo denomina una "fiscalidad discriminatoria" introducida dentro de un vehículo presentado, en principio, como beneficioso para los ahorradores.

Volviendo a los argumentos de Bruselas, la Unión de Ahorros e Inversiones pretende construir un puente directo entre el ahorro y las empresas. Von der Leyen recordó que Bruselas ya ha presentado propuestas sobre titulizaciones, inversiones de bancos y aseguradoras y una mayor integración y supervisión de los mercados financieros europeos. El objetivo último es reducir las barreras que mantienen el capital encerrado dentro de las fronteras nacionales y crear un mercado financiero europeo suficientemente grande para dirigir más ahorro hacia empresas e inversiones del continente. El riesgo es que esas barreras se destruyan teledirigiendo el ahorro de los hogares a través del 'hostigamiento fiscal' de los instrumentos tradicionales con el objetivo de forzar a los europeos a meter su dinero en el vehículo creado por Bruselas.

Según las estimaciones citadas por la presidenta de la Comisión, el paquete podría desbloquear hasta 470.000 millones de euros de inversión adicional. Bruselas quiere cerrar un acuerdo antes de final de año y Von der Leyen incluso lanzó un mensaje en el que mostraba el plan se llevará a cabo sí o sí: "Idealmente con los 27 Estados miembros. Pero si eso no funciona, si es necesario lo haremos con aquellos que estén preparados".

La operación responde a un problema que va mucho más allá de las finanzas. Von der Leyen argumenta que el antiguo modelo económico europeo se ha quedado sin varios de los pilares sobre los que descansó durante décadas, que es energía importada barata, comercio mundial abierto, acceso creciente al mercado chino, protección estratégica estadounidense y liderazgo tecnológico occidental. Mientras tanto, China está inundando Europa con sus coches y otros bienes, la energía se importa a precio de oro (por la subida del gas y el petróleo) y la tecnología punta escasea en las empresas de Europa.

"Estos han desaparecido", sentenció. Al mismo tiempo, se ha vuelto más caro transformar las ventajas europeas en "inversión, producción y crecimiento". La respuesta que propone Bruselas es convertir innovación, productividad y crecimiento empresarial en los nuevos motores de la economía europea. El problema muchas veces es que un diagnóstico correcto (Europa se ha quedado atrás), no siempre viene acompañado por una solución óptima.

El capital privado, sin embargo, no estará solo. Von der Leyen admite que semejante transformación tampoco puede financiarse exclusivamente con los ahorros de los ciudadanos y las empresas. El próximo presupuesto europeo pretende aportar más de 450.000 millones de euros entre el Fondo Europeo de Competitividad y Horizonte Europa, cubriendo todo el recorrido "desde la investigación hasta la innovación", "desde los laboratorios hasta las empresas" y desde los primeros prototipos hasta la producción industrial. "Europa no puede fijarse nuevos objetivos si no dispone de los medios para financiarlos", defendió. La estrategia combina así dinero público para asumir parte de los riesgos iniciales con capital privado para multiplicar posteriormente la inversión.
 

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