Del apagón a la riada: la red que se opera al límite
¿Es casualidad que España encadene una riada que dejó cientos de muertos en Valencia y un apagón que se llevó por delante la energía, las comunicaciones y el internet de todo el país? La pregunta se repite desde hace algo más de año y medio y sigue sin respuesta que cierre. Dos reuniones de Red Eléctrica después, lo único verificado es que no hay explicación oficial verificada.
Lo que sí hay es un patrón. Las cuencas hidrográficas que gobiernan el agua y la red eléctrica que mueve la energía comparten algo más que la manía de la nota de prensa: comparten cadena de mando política y una
fe inquebrantable en el relato. Una parte del análisis sostiene que ahí está la clave. La otra contesta que confundir coincidencia con causalidad es el deporte nacional desde que existe Twitter.
Qué se sabe y qué sigue sin explicarse
De la riada de Valencia se conocieron cifras y reproches, pero no una asunción limpia de responsabilidades. Del apagón, menos todavía. La empresa pública compareció, compareció otra vez y en ambas ocasiones el resumen fue el mismo:
ni una explicación técnica cerrada. El Gobierno, mientras tanto, se apoya en una encuesta del CIS según la cual el
60% de los españoles considera suficientes las respuestas dadas. Encuesta y apagón en la misma frase: ahí empieza el escepticismo.
Entre medias, una incidencia en un AVE Madrid-Sevilla dejó retrasos en nueve trenes y sirvió para que medio país se acordara de que la infraestructura crítica también se avería en horario laboral.
Las cifras que nadie discute: subestaciones saturadas y una luz un 40% más cara
Hay números que no dependen de interpretación. De las
6.023 subestaciones analizadas en España,
4.960 no tienen ya capacidad disponible. Son el
82,4% del total y agrupan el
97% de los puntos de suministro del país. Almería, Málaga, Albacete, Guadalajara, Álava y Vizcaya aparecen directamente saturadas. La red no falló por un rayo: falla porque lleva tiempo operando sin margen.
Y luego está el precio. Desde el apagón, la luz sube un
40%. Se puede discutir el origen del cero energético; lo que no se discute es quién paga la factura. El cálculo desglosado partida a partida da una diferencia que sorprende incluso a quien ya venía escaldado del mercado mayorista.
El experimento con renovables que apunta la prensa extranjera
La explicación más incómoda llegó desde fuera.
The Telegraph publicó que el apagón se produjo durante un
experimento con energías renovables, en el que las autoridades intentaban evaluar hasta dónde se podía estirar la dependencia de estas fuentes. No es una tesis judicial ni una conclusión oficial; es lo que sostiene una cabecera británica citando fuentes. Pero encaja con la sospecha de fondo: que la red se ha usado como escaparate político de la Agenda 2030 antes que como servicio público.
A eso se suma el hallazgo, difundido por medios europeos, de
componentes sospechosos en placas destinadas a infraestructuras críticas, y el desmantelamiento por la Guardia Civil de una fábrica de artefactos para provocar incendios forestales. Piezas sueltas. Ninguna prueba de un plan común, conviene decirlo antes de que alguien monte la teoría completa.
A quién se culpa y por qué el foco se mueve
Aquí el diagnóstico se parte en tres. Un bloque señala directamente al Gobierno y a Transición Ecológica, competente última en ambos desastres, y recuerda que su titular pasó a ocupar una vicepresidencia en la Comisión. Otro bloque baja un escalón: el problema no es un partido, es un
sistema clientelar en el que los cargos técnicos se reparten por fidelidad y no por currículum, con independencia de quién gobierne.
La tercera corriente, minoritaria pero ruidosa, directamente sostiene que los dos eventos están
coordinados. Conviene ser claro: esa tesis no está respaldada por ninguna prueba conocida. Y precisamente por eso conviene no desviar la mirada de lo comprobable, que es una red saturada, un precio disparado y un responsable político que no dimite.
Cierre
Al final, la pregunta inicial tiene dos respuestas posibles y ninguna cómoda: o es casualidad, y entonces tenemos un problema serio de gestión de infraestructuras críticas, o no lo es, y tenemos un problema bastante peor. En cualquier caso, la factura de la luz ya ha subido un 40% y eso, casualidad o no, lo paga el mismo señor de siempre.