Crédito al consumo: el verano de las vacaciones financiadas a golpe de préstamo
El volumen de crédito al consumo se disparó en junio en más de 2.000 millones, el mayor aumento en un mes de verano desde 2006, en plena burbuja inmobiliaria. Los bancos han abierto el grifo, y muchas familias han financiado viajes y compras con deuda. La paradoja: los
tipos de interés para créditos personales rondan el 8% y el 12%, un coste nada desdeñable.
Hay quien ve en este comportamiento una mezcla de irresponsabilidad y «borreguismo». Endeudarse para yacer en una playa o para mantener apariencias es, para algunos, el mito de Sísifo: un esfuerzo que se repite sin avance. Otros apuntan que el problema no es pedir crédito, sino las condiciones abusivas de la banca, que aprovecha la necesidad ajena.
La pregunta es cuánto puede durar. En el pasado, estos picos de consumo se pagaron caros. La diferencia ahora es que los tipos son más altos, lo que agrava la factura final. El que pide un préstamo al 12% para unas vacaciones no está invirtiendo; está hipotecando su futuro. Y cuando ya no pueda pagar, será «víctima» de alguien. La rueda sigue girando.