Hungría gasta el 5% del PIB en natalidad y la tasa cae al 1,36
En el primer semestre de este año nacieron en Hungría 37.898 niños, un 9,7% menos que en el mismo periodo del año anterior. El índice de fertilidad se situó en 1,36 bebés por mujer, la cifra más baja en una década, según el servicio estadístico estatal KSH. El país destina el 5% del PIB a políticas directas de familia, una inversión sin igual en su entorno, y aun así los nacimientos se desploman. Solo en junio se registraron 6.040 nacimientos, un 17% menos que en junio de 2023 y mínimo mensual récord.
El modelo Orbán: de 1,23 a 1,59 y de vuelta al 1,36
El sistema húngaro de apoyo a la natalidad arrancó con la llegada de Viktor Orbán al poder, cuando el índice era de 1,23 hijos por mujer. En 2020 la tasa subió a 1,59, pero en los últimos años descendió hasta estabilizarse en torno al 1,5. En el primer semestre de este año, sin embargo, se ha hundido al 1,36. La paleta de incentivos es transversal y más generosa que nunca: desde el último mes de embarazo hasta que el niño tiene seis meses la madre percibe íntegramente los ingresos medios; en el parto los padres pueden percibir un subsidio de maternidad de 167 euros; de los seis meses a los dos años las madres reciben el 70% de los ingresos medios, hasta un máximo del 140% del salario mínimo; de los dos a los tres años el subsidio es de unos 78 euros; y hasta los 18 años se abona un subsidio familiar de casi 60 euros.
A eso se añaden beneficios fiscales —desgravación familiar parcial por cada hijo, desgravación total para madres con cuatro o más hijos y exención fiscal hasta la renta media para madres menores de 30 años— y varios préstamos: el llamado préstamo Bebé en espera (30.000 euros gratuitos y de libre disposición) y el préstamo preferente para vivienda (hasta 39.000 euros por un hijo, hasta 76.000 por dos y hasta 126.000 por tres). El Estado también subvenciona parte de estos préstamos y de los préstamos estudiantiles cuando nace el niño, además de la compra de coche para familias numerosas, la rehabilitación de vivienda y guarderías privadas.
¿Por qué no funcionan los subsidios? El diagnóstico de los demógrafos
Wolfgang Lutz, director fundador del Centro Wittgenstein de Demografía y Capital Humano Global de Viena, sostiene que la política de familia de Orbán hace aguas porque se centró en adelantar los nacimientos entre mujeres que, de todos modos, tenían intención de tener hijos en algún momento de su vida. Muchos de los subsidios en vigor no han animado a las familias con ingresos más bajos a tener más hijos, y la supresión del impuesto sobre la renta apenas beneficia a los trabajadores autónomos. El mismo patrón se observa en Francia —el país con mayor tasa de fertilidad de Europa, aunque solo 1,7 hijos por mujer—, en España (1,16), en Austria (1,6) o en Italia (1,24).
La noticia desprende un tufo tendencioso en la redacción, y hay quien sostiene que un dato estacional no marca tendencia: se ha pasado de una media de 1,23 a 1,5, y habrá que verlo durante más tiempo. Pero el desplome del primer semestre es difícil de ignorar. En el día a día de los húngaros priman las barreras financieras, como el aumento de los precios de la vivienda, y el cambio de la dinámica laboral, con más mujeres que disfrutan de carreras profesionales, retrasan la maternidad e incluso renuncian a ella.
El ancla política de la natalidad y el discurso antiinmigración
El aumento de la natalidad es el ancla política fundamental de los gobiernos de derechas, lo que les permite solidificar su postura como autoproclamados protectores de los valores familiares tradicionales al tiempo que les ofrece una plataforma antiinmigración. Hungría es especialmente sensible a la inmigración, que según Orbán perjudicaría repetidamente al tejido cultural del país. A partir de 2025, los inmigrantes de países no pertenecientes a la UE tendrán que pasar un examen de historia y cultura húngaras para convertirse en residentes. «No necesitamos números, sino niños húngaros», dijo Orbán en su discurso sobre el Estado de la Nación en 2019 mientras desplegaba incentivos a la natalidad.
El contraste entre el discurso y los datos es lo que ha encendido el debate. Hay quien argumenta que el problema no es ideológico sino económico: la riqueza está igual de mal repartida que la natalidad, y la clase media húngara no es suficiente. O se amplía la riqueza a más capas de la población o se importa gente. No hay más. Pueden ser más religiosos o más tradicionales, pero no son gilipollas. Otros apuntan que el feminismo y el cambio cultural explican la caída en toda Europa, pero en Hungría no hay feminismo comunista, así que esa excusa no cuadra. Y un tercer grupo señala que la gente con un poco de sentido común no repite la vida de sus abuelos: no se les ocurre tener más de dos hijos, y la generación actual no se lanza ni a por el primero por la inestabilidad laboral.
El caso español y la comparación europea
La tasa de natalidad se ha hundido en toda Europa desde 2020. Covid, inflación, guerras. Hay quien ve en ello algo deliberado, aunque sin pruebas. En el caso español, la tasa citada es de 1,16 hijos por mujer, aunque hay quien sostiene que la real es aún menor. La comparación con Hungría es inevitable: 1,36 frente a 1,16. Algunos argumentan que 1,5 ya es el triple que la española y que en 20 años volveremos a hablar de Hungría frente a España. Otros recuerdan que Centro Europa también está jodido en este tema: hasta la muy católica Polonia va a tener este año menos tasa de fecundidad que la hedonista España, andarán por el 1,10.
El caso de las Islas Feroe, Mónaco y Gibraltar, con las tasas más altas, muestra que los ricos siguen teniendo hijos y los trabajadores no se lo pueden permitir. En Andorra, la última de la lista, sus habitantes no son precisamente pobres. Luxemburgo también está por abajo. La conclusión que extraen muchos es que el dinero no es el factor determinante: no se tienen hijos porque no se quiere tener. La calidad de vida de los supuestos padres, el ocio y la comodidad pesan más que cualquier subsidio.
Con estos diferenciales, la política de familia más generosa de Europa no ha evitado que Hungría registre la tasa de fertilidad más baja en una década. El dato que descoloca no es la caída, sino que ocurra precisamente donde más se ha invertido en evitarla.