Lo de que la gente va a Dubai a pesar del calor, bueno, es que es un lugar totalmente artificial, un destino cuyo atractivo es precisamente esa artificialidad en sí misma y el lujo. El Mediterráneo no puede ofrecer nada parecido. Ni ganas. Por cierto, vi hace un tiempo un documental, no recuerdo el título, hablando de estos países y de cómo en realidad tienen una calidad de vida muy baja por el calor, ya que no se puede hacer vida outdoor. Seguían el día a día de muchas familias (todas con bastante dinero, aunque no eran de las más ricas) y las jornadas era terribles. Recuerdo que una progenitora decía que no podía comprar helados a sus descendientes y salir a las calle porque se derretían al instante; o que tampoco podían sacar al perro porque sé quemaba las almohadillas en muy pocos minutos. Lo buscaré. Todo eso, este es el primer verano que lo estoy viendo aquí (helados que no aguantar en pie ni un par de minutos y problemas para sacar a los perros entre las 9 y las 20 o más de la noche durante julio y agosto).
Yo no veo que estoy se vaya a arreglar quitando asfalto y poniendo más árboles (que sí, está bien y es necesario, pero hay tanto por hacer que parece un parche). Aquí en verano habrá que aprender a vivir como en otras zonas de climas extremos (mucho indoor). Y va a ser un palo duro a la idiosincrasia mediterránea, muy de estar en la calle, en las terrazas y socializar muchísimo. Las calles de las ciudades van a quedar para el tráfico y supongo que los centros comerciales lo van a petar. Insisto, no hablo de mañana mismo no de todos los meses del año, pero con esta pogre no me extrañaría nada que en una década no quedara nada del anuncio de Estrella Damm, "Mediterràniament". Lo veo y no sé si reír o llorar.
Otro melón es el de los centros escolares. O se invierte ya en climatización y adecuación de los patios o se reduce el curso escolar presencial a 7 meses escasos y dos en remoto. Ojalá se haga lo primero, pero ya hay rumores de que se van a tener que hacer cambios.
No os podéis imaginar lo que son los regreso en patios de cemento duro sin sobras en mayo, junio y septiembre. Y en las guarderías públicas de mi zona ha habido síncopes en julio con bebés de entre 12 meses y 3 añitos. Las estancias alcanzaban tal temperatura que los ventiladores movían aire caliente. Y mientras, entre negacionistas y políticos orate (para mí estos últimos lo son todos), la crónica del desastre anunciado sigue su curso.