Un artículo advierte de un tsunami en la costa española
Un artículo de
La Razón ha vuelto a activar la maquinaria del miedo: un tsunami de más de un metro de altura golpeará la costa mediterránea española en los próximos 30 años con un 100% de probabilidad, según la Comisión Intergubernamental de los Océanos. El artículo, que no firma su autor, mezcla fallas oceánicas, cambio climático y una advertencia para Cádiz con un 10% de probabilidad en 50 años. La reacción no se ha hecho esperar: desde el cachondeo hasta el análisis técnico más demoledor.
El error geográfico que desmonta el artículo
El texto sitúa la costa atlántica española «conocida como Mare Nostrum, es decir, donde está Cádiz y Huelva».
El Mare Nostrum era el nombre romano del Mediterráneo, no del golfo de Cádiz. El error no es menor: confunde dos cuencas marinas con dinámicas tectónicas distintas. Además, el artículo menciona la
falla Averroes como origen del riesgo, cuando se trata de una falla pequeña cercana a la costa de Almería y Granada, no en la isla de Alborán, donde sí se registra un enjambre sísmico desde hace meses.
La precisión importa. Un tsunami de un metro no es una broma: en Japón en 2011 y en el Índico en 2004, olas de esa altura causaron destrucción masiva. La altura relativa depende de la profundidad, la cercanía al seísmo y la batimetría. Pero mezclar fallas, cambio climático y predicciones a 30 años con un 100% de probabilidad es una receta para el descrédito.
¿Cuántos tsunamis ha habido en España?
Desde el año 365, en España se han registrado
7 tsunamis con un total de
2.215 muertos. De ellos,
2.214 fallecieron en el tsunami del 1 de noviembre de 1755, asociado al terremoto de Lisboa, que alcanzó olas de
18,30 metros. En los otros seis eventos, el balance fue de una sola víctima. La comparación con otros países deja a España como un territorio de riesgo bajo, pero no nulo.
El terremoto de Lisboa de 1755 no fue un tsunami en sí, sino un seísmo que generó un maremoto. La confusión entre ambos fenómenos es frecuente. Los datos oficiales muestran que la costa de Cádiz y Huelva ha sufrido los mayores impactos históricos, pero con intervalos de siglos.
El cambio climático como cajón de sastre
El artículo vincula el riesgo de tsunami con la huella de carbono. Los terremotos y maremotos han existido siempre, sin necesidad de CO2. La tectónica de placas no entiende de emisiones. Atribuir un tsunami al calentamiento global es un salto lógico que ningún sismólogo respalda. La agenda climática se ha convertido en un comodín para todo, incluso para lo que se rige por leyes físicas distintas.
Hay quien sostiene que estas advertencias buscan justificar medidas políticas y económicas bajo el paraguas del miedo. Otros defienden que la prevención de riesgos naturales es necesaria, independientemente de su causa. El problema es cuando se mezclan ambos planos sin rigor.
El negocio de las comisiones y los expertos
La Comisión Intergubernamental de los Océanos es un organismo internacional que emite informes. Sus predicciones se basan en modelos probabilísticos. Un 100% de probabilidad en 30 años para un tsunami de más de un metro en el Mediterráneo es una afirmación que, sin matices, roza el sensacionalismo. La probabilidad de que ocurra un evento de esas características en algún punto del Mediterráneo no es lo mismo que la probabilidad de que arrase la costa española.
La proliferación de comisiones de expertos, a menudo financiadas con dinero público, genera escepticismo. ¿Cuántas de estas advertencias se traducen en medidas concretas? ¿Cuántas solo sirven para justificar presupuestos?
El análisis se atasca en el mismo punto: no hay forma de predecir un tsunami con certeza, pero sí de vender titulares con él. Mientras tanto, la costa sigue esperando.