El Ibex avisa: quiere Gobierno sin Vox y con nombres de prestigio
El poder económico no quiere a Vox en el Gobierno. No es una filtración anónima ni un rumor de pasillo: es lo que trasladan a Alberto Núñez Feijóo los actores económicos y sociales con los que lleva meses reuniéndose, según la información que abre este asunto. La impresión que dejan esos encuentros es de
confianza en que no habrá coalición en La Moncloa. Y el argumento que circula entre quienes manejan los hilos del tejido productivo es doble: si Abascal bloquea o exige ministerios, «la gente con prestigio no se quiere manchar ahí».
Qué dice exactamente el poder económico sobre Vox
La tesis central es que cualquier escenario que no se sostenga en una mayoría clara y rotunda del PP, y que abra la puerta a Vox en el control de ministerios, debilitará el nivel del equipo económico del nuevo Gobierno. El motivo no es ideológico en lo macro: es de cuadros. Los perfiles con experiencia de gestión no quieren aparecer asociados a un Ejecutivo donde la vicepresidencia la ocupe Santiago Abascal.
El segundo frente es autonómico. El poder económico sigue en alerta y muy pendiente de las negociaciones en las comunidades, donde detecta una
radicalización creciente de Vox en los pactos postelectorales. Ese es el escenario que los inversores miran con más desconfianza: no el programa, sino la gestión diaria de los acuerdos.
Por qué el Ibex prefiere a Feijóo sin Vox
Feijóo lleva meses reuniéndose con banca, industria, asociaciones de autónomos y representantes del mundo agrícola. De esos encuentros sale la lectura de que el Ibex prefiere un Gobierno del PP sin la formación de Abascal, y hay quien añade que incluso le incomodaría menos un Ejecutivo con la rama más derechista del PSOE o con Ciudadanos en su momento. Todo lo que no sea eso, sostienen, les genera incomodidad.
La paradoja es que el propio poder económico aparece retratado en el debate como un actor que no controla el resultado. Feijóo no decide si Abascal bloquea o exige carteras. Y ahí es donde el relato se rompe: si el Ibex no quiere a Vox, pero Vox puede condicionar el Gobierno, ¿quién manda aquí?
El argumento que desmonta el relato del Ibex
La objeción más repetida es que el poder económico siempre aparece como comodín. No quiere a Sánchez porque sube impuestos para sostener el estado del bienestar. No quiere a Podemos porque lucha contra los ricos. No quiere a Vox porque sus pactos son «mu radicaleh», pese a que económicamente es lo opuesto a los anteriores. Si todos son enemigos del Ibex, el Ibex es una etiqueta que sirve para justificar cualquier cosa.
Hay una segunda línea de análisis que apunta a lo mismo desde otro ángulo: las empresas del Ibex tienen conexión con cualquier gobierno, y lo que de verdad quieren es tranquilidad. Para una empresa no hay nada peor que la incertidumbre. Y la incertidumbre no la genera Vox: la genera un escenario sin mayoría clara.
Quién es «gente de nivel» en el Ibex
El concepto de «gente de nivel» que no se quiere manchar ha recibido una contestación inmediata. El ejemplo que se pone es el de quienes heredaron un banco de papá y hundieron la acción, o el que pidió 10.000 millones de euros para hacer viable una nueva tecnología, o el que preside una petrolera por haber sido político. Con ese currículum, el filtro de prestigio pierde fuerza.
La pregunta que queda flotando es incómoda: si el Ibex exige nombres de prestigio para no desestabilizar el equipo económico, ¿por qué esos nombres no están ya en el sector público? La respuesta que da el debate es que el prestigio se mide en la puerta giratoria, no en la gestión.
El trasfondo: Vox como disidencia útil
En el fondo del asunto late un cambio de marco. Durante años, la disidencia económica se situó en el espacio de la izquierda del PSOE. Ahora hay quien sostiene que Vox ocupa ese lugar, y que el poder económico lo señala como el enemigo a batir precisamente porque no controla su agenda. El problema es que Vox no es una disidencia económica: es un partido ultraliberal, privatizador y atlantista en lo económico, y esa contradicción no la resuelve nadie.
La conclusión que se impone es que el Ibex no tiene un problema con Vox por su programa económico, sino por su coste reputacional. Y el coste reputacional no se mide en euros, se mide en nombres que no quieren firmar.
Con estos mimbres, lo previsible es que el Ibex siga presionando para un Gobierno del PP sin Vox. Pero la predicción tiene reservas: si Abascal mantiene el bloqueo y Feijóo necesita sus votos, el poder económico tendrá que elegir entre sus nombres de prestigio y su tranquilidad. Y ahí no hay encuesta que valga.