Sánchez viaja a China con un déficit comercial de 40.000 millones
El próximo lunes 13 de abril, Pedro Sánchez y su esposa, Begoña Gómez, viajan a
China en lo que Moncloa califica como el primer viaje oficial del presidente del Gobierno al gigante asiático. La oficialidad la determina un detalle protocolario: Xi Jinping ofrecerá un banquete en el Gran Palacio del Pueblo en honor de Sánchez y su esposa, cuando en visitas anteriores el encuentro se resolvía con un almuerzo formal de trabajo. Es la cuarta vez que Sánchez pisa China, pero la primera con pompa diplomática completa.
La agenda se concentra el martes 14 de abril. Sánchez se reunirá con Xi Jinping, con el primer ministro Li Qiang —con quien firmará acuerdos bilaterales cuyo contenido Moncloa no ha desvelado— y con Zhao Leji, presidente del Comité Permanente de la Asamblea Popular Nacional. Le acompañará un único ministro: José Manuel Albares, titular de Asuntos Exteriores. Ningún otro miembro del gabinete se desplaza a Pekín.
Qué busca España en China: tres objetivos declarados
El Gobierno enumera tres metas. La primera, reforzar los vínculos políticos y consolidar la relación de confianza que Sánchez ha ido cultivando con visitas anuales a Pekín. La segunda, corregir el desequilibrio económico. La tercera, ampliar la cooperación en cultura, educación y ciencia, con visita a una universidad y encuentro con su comunidad académica.
El eje económico es el que concentra los números. Los intercambios bilaterales entre España y China ascienden a
60.000 millones de euros, pero el déficit para España es de
40.000 millones. Aunque en los últimos años ese desequilibrio se ha recortado casi un 7%, la brecha sigue siendo enorme. De ahí que Moncloa insista en abrir el mercado chino a más productos agrarios españoles.
El cerdo como precedente y los aranceles como freno
España es el principal exportador europeo de cerdo a China. En 2024 se enviaron aproximadamente
540.000 toneladas de carne porcina y derivados al país asiático. La cifra de 2025 se espera inferior por los aranceles que China impuso tras una supuesta investigación por competencia desleal: la tarifa aplicada a España oscila entre el
9% y el 10% y está vigente desde diciembre por un periodo de cinco años.
El sector agrario mira ese precedente con interés. Si el cerdo logró permear el mercado chino, otros productos podrían seguir el mismo camino. Ese es, según Moncloa, el motivo por el que este encuentro importa.
El viaje como enviado europeo y la sombra de Trump
Las conversaciones comerciales se harán en clave europea, siguiendo la postura acordada por los Veintisiete. Sánchez visitará además la Cámara de Comercio UE-China y se reunirá con empresarios de sectores estratégicos: automoción, telecomunicaciones y energía. También mantendrá encuentros con inversores chinos a primera hora del martes.
El contexto internacional añade ruido. En el material que circula por el debate se menciona un supuesto intercambio de acusaciones entre China y Estados Unidos, con Trump exigiendo a China que detuviera sus transacciones comerciales con España y China respondiendo con la suspensión de exportaciones de fertilizantes agrícolas a Estados Unidos. Ese episodio, tal como aparece en el material, no está verificado por fuentes oficiales.
La reacción: entre el caballo de Troya y el caballo ganador
La visita ha dividido las lecturas. Hay quien sostiene que España actúa como caballo de Troya para introducir la industria de bienes de consumo china en Europa, y quien advierte de que el viaje acabará costando dinero al contribuyente. En el lado opuesto, se argumenta que Sánchez va como enviado de la UE, que Bruselas está interesada en acercar posiciones con Pekín y que el presidente se ha ganado respeto fuera de las fronteras.
El detalle de las tres visitas anteriores alimenta el escepticismo: la prensa habría contado lo mismo cada vez —defensa del sector porcino— sin explicar qué se entrega a cambio. La pregunta sobre el coste real del acercamiento queda abierta. También la de si el banquete de Xi se traducirá en acuerdos concretos o en otra foto.
Con estos mimbres, la predicción es prudente: si el patrón de las visitas anteriores se repite, habrá firma de acuerdos, declaración de intenciones y un déficit comercial que seguirá siendo de decenas de miles de millones. El banquete, eso sí, será oficial.