Pyongyang ya tiene cibercafé: Counter-Strike, Call of Duty y The Last of Us bajo el régimen de Kim Jong-un
Mientras Occidente debate sobre la adicción a los videojuegos, Corea del Norte acaba de abrir su primer cibercafé público en el distrito de Hwasong, una nueva urbanización al norte de Pyongyang diseñada para más de 40.000 residentes. Lo llamativo no es solo el hecho —el país más aislado del mundo estrenando un local con PCs— sino el catálogo: títulos como FIFA 11, The Last of Us, Medal of Honor y, atención, Call of Duty y Counter-Strike 2. Juegos que idealizan al ejército estadounidense o muestran conflictos que la propaganda oficial denuncia.
Un ciber con vistas al futuro inmobiliario
El centro, situado junto a un concesionario de coches, forma parte del megaproyecto urbanístico Hwasong, que incluye 10.000 nuevas viviendas en su tercera fase. Rowan Beard, gerente de Young Pioneer Tours —agencia especializada en viajes a Corea del Norte—, declaró a NK News que el ciber “marca un punto de inflexión, brindando a los coreanos acceso directo a títulos globales recientes y clásicos”. Las imágenes difundidas por estudiantes chinos en redes sociales muestran a jóvenes jugando en monitores seleccionables, con una tienda que vende muñecos de personajes y componentes informáticos. El régimen controla el acceso a internet global —solo permitido para investigación—, pero la intranet local permite estos juegos de forma supervisada.
Videojuegos sin ideología: el debate interno
La apertura ha reabierto la discusión sobre si Corea del Norte está relajando su férreo control cultural. Durante décadas, los videojuegos extranjeros fueron considerados “contaminantes culturales” por el régimen, y la producción local se limitaba a títulos educativos o propagandísticos. Sin embargo, la presencia de joyas del capitalismo como Call of Duty —un juego donde el jugador encarna a soldados estadounidenses— sugiere una pragmática distinción entre el mensaje del juego y el entretenimiento. Quienes defienden el cambio argumentan que los ordenadores no tienen ideología; los escépticos señalan que se trata de un experimento controlado para una élite urbana, lejos de la realidad del rural norcoreano. “Los hackers y camperos en Corea acabarían en un campo de reeducación”, ironizan algunos, recordando que la disciplina no se negocia.
Rápida ampliación: segundo ciber a la vista
El éxito del primer ciber ha sido inmediato. Apenas semanas después, el mismo usuario que destapó la noticia compartió imágenes de un segundo centro de juegos, el doble de grande, también en Pyongyang. La información, procedente de medios estatales como Pyongyang Times, indica que la demanda de ocio digital está creciendo, aunque siempre bajo el paraguas del partido. Por ahora, el país sigue bajo duras sanciones internacionales, pero el mensaje es claro: incluso en el reino del Juche, un buen Counter Strike mueve masas.
¿Hasta dónde llegará esta ventana de entretenimiento? Quienes conocen la historia norcoreana recuerdan que después de la guerra no quedó ni un edificio en pie. Setenta años después, el régimen construye rascacielos y cibercafés. La pregunta es si la consola se convertirá en caballo de Troya cultural o si seguirá siendo una válvula de escape vigilada.
Debates relacionados en el foro