Víctor Sandoval admite que está sin trabajo y sin ahorros
Víctor Sandoval lo ha dicho con todas las letras: está «sin trabajo por primera vez en su vida» y sin visos de que aparezca nada. El colaborador televisivo, conocido por su paso por Sálvame y por su rechazo a formar parte del nuevo proyecto No somos nadie, ha concedido una entrevista a la revista Semana en la que describe «la peor situación» de su vida y admite que no tiene ahorros porque «siempre había vivido al día». La frase que ha incendiado la conversación pública es otra: «Me da pena, porque yo no he nacido para estar debajo de un puente».
El caso tiene una capa económica incómoda. Sandoval no habla de un despido traumático ni de una crisis sectorial: habla de un oficio —el de personaje televisivo— en el que los ingresos llegan a rachas y desaparecen sin aviso. Él mismo lo resume: «He podido estar sin trabajo un mes, pero sabía que luego venía algo. Ahora no hay nada».
De qué vive alguien que ya no sale en televisión
La trayectoria que él describe encaja con un patrón repetido en el gremio del entretenimiento: años de ingresos altos, gasto a la misma velocidad y ningún colchón cuando el teléfono deja de sonar. Sandoval reconoce que tras su etapa en Netflix estuvo ocho meses esperando arrancar un proyecto que nunca llegó, y que ese compás de espera fue acumulando problemas hasta desembocar en la situación actual.
El detalle que más ha circulado es su propia comparación con el final de otras figuras del espectáculo. «Creo que en el fondo soy un artista, y muchos artistas han acabado mal, como Gracita Morales o Lola Gaos», dice. «Me veo acabando como ellas».
Por qué rechazó el nuevo programa de sus excompañeros
La negativa a sumarse a No somos nadie no fue una cuestión de agenda. Sandoval la describe como una decisión de autocuidado: el formato, dice, es «una bomba de relojería para él». Su argumento es que no tiene «ese aguante» para soportar según qué dinámicas y que su presencia acabaría generando conflicto en plató: «Yo te voy a montar un escándalo, te vas a cagar, y ni me beneficia a mí, ni beneficia al programa, ni beneficia a ninguno de mis compañeros».
También reconoce sentimientos encontrados. Ver el estreno «le dolió», pero con los días la sensación derivó en indignación: «He tenido la sensación de volver a ver lo mismo, a gente que se cuestiona lo que otro dice porque piensa que sabe más que el que tiene delante».
El ahorro como asignatura pendiente del famoso
La reacción mayoritaria no ha sido de compasión. El argumento dominante es que un profesional con ingresos altos durante años debería haber construido un colchón, y que la queja llega tarde. Hay quien recuerda que el propio Sandoval reconoció haber perdido todo su patrimonio, y quien señala que en oficios volátiles —actor, cantante, colaborador— la única defensa es tratar los años buenos como una anomalía y no como una nómina fija.
Frente a esa línea dura aparece otra más incómoda: la de quienes sostienen que el desempleo de larga duración golpea igual a quien tuvo dinero y a quien nunca lo tuvo, y que reírse de un hombre de más de sesenta años sin ingresos no arregla nada. La discusión, en el fondo, no es sobre Sandoval: es sobre si el sistema de protección cubre a los trabajadores intermitentes del espectáculo.
La jubilación que no llega
El propio Sandoval ha puesto el foco en el final del camino: no cree que su jubilación vaya a ser estable. Es el punto donde su caso deja de ser anecdótico. Las carreras con cotizaciones irregulares —muchos años de alta, muchos de baja o de nada— producen pensiones que rara vez compensan el nivel de vida de la época dorada.
Ahí está el nudo: un oficio que premia la visibilidad y castiga la previsión. Y un sector, el televisivo, que ha reducido drásticamente el número de sillas disponibles para los perfiles que hace una década eran omnipresentes.
¿Cuántos profesionales del entretenimiento están exactamente en esa misma casilla sin decirlo en una entrevista?