Solovyov señala a Borrell y a España como «el mal del mundo»
El propagandista más famoso de la televisión rusa culpa a un diplomático español de la muerte de cientos de miles de ucranianos. Vladímir Solovyov, presentador del espacio nocturno que sigue al telediario más visto de Rusia y conocido como «la voz de Putin» por su cercanía al presidente, dedicó su último arrebato a Josep Borrell, alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, y lo extendió a España entera, a la que colgó la etiqueta de «el mal del mundo». La paradoja es de manual: del que ordenó la invasión no se dice nada y el culpable, según el guion del Kremlin, acaba siendo quien la denuncia.
Solovyov no es un tertuliano cualquiera. Su programa en Rossiya 1 es el púlpito desde el que arremete contra cualquiera señalado como contrario a los intereses del Kremlin, y va justo después del informativo nocturno de más audiencia del país. La traducción al inglés del discurso circuló por la red social X de la mano de Gerashchenko, asesor del ministro de Asuntos Internos de Ucrania, que pidió emitir esas declaraciones
con subtítulos para que el público ruso entendiera con quién trata.
Qué dijo exactamente Solovyov sobre Borrell y España
Del alto representante europeo dijo que es «el idiota de Borrell, el enemigo del pueblo ruso» y pidió para su tumba un epitafio con las palabras «enemigo de los eslavos», «enemigo de la humanidad» y «engendro de Satanás». Sostiene que se comporta como un ministro de Guerra y no como responsable de Exteriores. La acusación, en boca del principal altavoz de la invasión, tiene su gracia: es la del que increpa al bombero por avivar el fuego que él mismo declaró.
El salto a España llegó después. «Borrell es un representante de un país colonizador. Porta la misma culpa que España, que es el mal del mundo, que durante siglos pudo cargar con la corona del mal del mundo», sentenció ante un elenco que asentía a cada palabra. No es la primera vez: a finales de enero ya había exigido a gritos al Ejército ruso quemar Madrid, junto a otras capitales occidentales, por el envío de tanques Leopard, Challenger y Abrams a Ucrania.
Por qué culpa a Borrell del fracaso de las negociaciones de Estambul
La acusación de fondo es que Borrell hizo «todo lo posible» para que las conversaciones de paz de Estambul, celebradas en los primeros compases de la guerra, no llegaran a buen puerto. También le atribuye la muerte de cientos de miles de ucranianos. El relato se sostiene mal cuando se mira el detalle de aquellas negociaciones: Moscú nunca puso sobre la mesa abandonar los territorios ucranianos ocupados y exigió a Kiev el equivalente a una rendición total. Quien no ofrece retirada difícilmente puede presentarse como la parte que quería firmar.
Es el patrón conocido: desplazar la responsabilidad del agresor al intermediario. Una corriente de análisis lo resume con retranca: Putin invade Ucrania, pero los muertos, por lo visto, son culpa del diplomático español.
La leyenda negra como munición contra España
Que la televisión rusa recoja el argumento colonial no sorprende a quien siga el rastro del relato antiespañol. Varios participantes destacan que el «mal del mundo» no es una ocurrencia original de Moscú, sino material reciclado que circula desde hace siglos y que una parte ha acabado incorporada al discurso que se enseña en universidades de medio mundo. Lo incómodo, apuntan, no es que lo diga el propagandista ruso, sino que ese mismo argumentario lo firme aquí más gente de la que parece.
Hay quien va más allá y sitúa el foco en los aliados. Esa línea sostiene que Estados Unidos, Francia y Reino Unido son los principales difusores de ese relato, con la Inquisición y los conquistadores como etiquetas de manual, y que España no hace casi nada por corregirlo. El enfado, en ese caso, no apunta solo hacia el Este.
La respuesta española: entre la defensa del país y la prórroga del argumentario
El abanico de reacciones es amplio. Una parte entiende que el ataque revela que la propaganda rusa va a la baja y que se elige el blanco fácil. Otra sostiene que Rusia ataca a España porque España financia las armas que matan a rusos en el frente, y que de ahí no cabe escandalizarse: sería la consecuencia lógica de estar implicados. Un tercer bloque, más incómodo, acepta el marco del presentador: hay más antiotanismo y antieuropeísmo que rusofilia, la mayoría del país firmaría buena parte del diagnóstico y, en una guerra, el adversario usa el argumentario que tiene a mano.
Y luego está la lectura histórica. Aparece la tesis de que Francia, Reino Unido y Rusia ya fueron aliados en la Triple Entente durante la Primera Guerra Mundial; es decir, que quienes hoy figuran como rivales se alinearon antes con los enemigos de España. De ahí a concluir que a este país le sobran enemigos por los cuatro costados solo hay un paso, y el paso se da con frecuencia en la conversación.
Si el principal propagandista del Kremlin necesita una corona del mal para colgársela a España, algo del espejo se rompe por el camino: el país al que señala no es el que invade. ¿Cuánto de ese diagnóstico sobrevive cuando quien lo firma es la voz de una guerra en curso?