Vox pide atajar la compra de vivienda por fortunas extranjeras
Una propuesta de Vox para implantar un régimen fiscal disuasorio a los extranjeros que compran vivienda en España fue rechazada en el Congreso. El partido vuelve a la carga con el argumento de que la clase media está desvalijada y de que el acceso a la vivienda se ha convertido en un problema de soberanía nacional. La medida, presentada como una forma de dar preferencia a los ciudadanos españoles en el acceso a la vivienda social, no salió adelante.
Qué propone Vox para la vivienda
El portavoz nacional de Vivienda de Vox, Carlos Hernández Quero, defendió en el Congreso una moción consecuencia de interpelación urgente sobre el acceso de los jóvenes a la vivienda. En su intervención denunció que el bipartidismo lleva años tratando a los jóvenes como ratones de laboratorio y que las políticas actuales han generado un resultado triste tras décadas de gestión. La propuesta estrella pasa por desincentivar fiscalmente la compra por parte de fortunas extranjeras y por priorizar a los españoles en el acceso a la vivienda social.
La medida no es nueva. Vox ya intentó sin éxito que el Congreso aprobara un régimen fiscal disuasorio para extranjeros interesados en adquirir propiedades en España. La iniciativa fue desestimada. El partido insiste en que la vivienda es un asunto de familia, justicia y soberanía nacional, y en que la clase media está desvalijada.
El ladrillo como activo de inversión
Hay quien sostiene que el problema no son las fortunas extranjeras, sino el ladrillo como activo de inversión casi único para una parte de la población. El argumento es que el capital que podría ir a otras actividades acaba siempre en vivienda, lo que presiona los precios al alza. A eso se suma la llegada masiva de turistas, que compite por el mismo parque inmobiliario.
Hay quien sostiene que liberalizar suelo abarataría la vivienda. Otros argumentan que el suelo no es infinito y que, si el trabajo se concentra en Madrid, Barcelona y unas pocas ciudades más, da igual liberalizar: la presión demográfica sobre esas zonas mantiene los precios altos.
Cuánto cuesta construir una vivienda en España
Uno de los análisis que circulan parte de una premisa incómoda: incluso sin suelo y sin impuestos, una unifamiliar básica de 100 metros cuadrados se va a 160.000 euros con el actual código técnico de edificación. Para un edificio de diez plantas a dos pisos por planta, la cifra rondaría los 100.000 euros por vivienda.
A partir de ahí, el desglose completo suma un 30% de conexiones y proyecto, y otro 30% más de licencias e impuestos. El resultado es que no hay forma de construir por debajo de 150.000 euros ni con las calidades más bajas, y eso sin contar el suelo ni los costes financieros que genera la lentitud administrativa de los proyectos.
Qué se puede hacer con los extranjeros que ya son propietarios
El debate no se queda en la compra futura. Hay quien plantea qué hacer con los extranjeros que ya son propietarios de viviendas en España. En zonas de costa y áreas adyacentes poseen buena parte del parque inmobiliario, y en Madrid se empieza a ver lo mismo. La propuesta que circula es subir el IVA a la compra por parte de no residentes y usar ese dinero para reducir el impuesto de la primera vivienda para españoles, además de recargar el IBI a los que ya tienen varias propiedades.
El modelo que se cita como referencia es el de Dinamarca, que prohíbe comprar vivienda a extranjeros en ciertas zonas costeras. El argumento es que si es legal en un país de la UE, Bruselas no puede prohibirlo en España. Aunque seas ciudadano europeo, si no eres residente en esas zonas no puedes comprar.
El control de fronteras como política de vivienda
Una parte del análisis sostiene que el problema no son las fortunas extranjeras, sino la masa de población que llega cada año. El argumento es que si entra gente de forma masiva y el trabajo se concentra en unas pocas ciudades, el suelo disponible no basta. La propuesta que se defiende es cerrar fronteras, incentivar que se invierta en otros activos que no sean ladrillo y construir primeras viviendas a precios razonables.
En contra pesa el hecho de que los partidos discuten a quién dejar entrar, no si hay que dejar entrar o cuántos. Y que el crecimiento migratorio también sostiene el sistema de pensiones, lo que complica cualquier cierre. La tensión entre control de fronteras y sostenibilidad del Estado del bienestar recorre todo el debate.
La deriva de los partidos de derechas
Hay quien observa un fenómeno histórico recurrente: la conversión de partidos de derechas en partidos de izquierdas con el paso del tiempo. El partido carlista, guardián de las esencias imperiales, acabó integrado en Izquierda Unida. La Falange era puro socialismo. El PP también ha virado. La tesis es que la infiltración de elementos izquierdistas en los partidos de derechas es un proceso habitual que se repite una y otra vez.
Otros sostienen que en España no hay realmente ideologías, sino una ideología de régimen unitaria con diferencias estéticas. El mismo Pablo Iglesias lo dijo: yo digo que soy comunista pero me presento a las elecciones y tengo que llevar un programa real, un programa socialdemócrata. La conclusión que se extrae es que Vox es un partido socialdemócrata como todos los demás, con sus pequeñas diferencias estéticas.
¿Es la vivienda un problema de oferta, de demanda o de ambas cosas a la vez? El debate sigue abierto y nadie ha dado con la fórmula que contente a todos.