Gasolina a 2,5 euros: lo que las petroleras ya no descartan
El litro a 2,5 euros ha dejado de ser una hipótesis de sobremesa. Con la gasolina 95 y 98 rebasando los dos euros por litro y el diésel acariciando esa cifra tras las ayudas aprobadas por el Ejecutivo de Pedro Sánchez, la horquilla que maneja el sector es precisamente esa: 2,5 euros «en las próximas semanas» si Oriente Medio no se descomprime. Quien lo dice no es una cuenta anónima de redes: es un alto directivo de una de las principales petroleras que operan en España. Y lo dice con una condición, no con una certeza.
¿Por qué el diésel se ha plantado en los dos euros?
El diagnóstico que circula es de escasez, no de especulación de escaparate: «No hay diésel ni petróleo», resume ese directivo. El detonante que se vigila tiene nombre geográfico, las instalaciones de Yanbu. Si ese complejo recupera el suministro con rapidez y las rutas alternativas logran mantener el flujo, la presión se rebaja. Si no, el precio se va. Y el aviso ya se ha difundido en forma de recomendación: llenar el depósito antes del jueves.
Hubo repostajes a 1,99 euros el litro de diésel en estaciones de Repsol. La cifra no es anecdótica: es el último escalón antes de romper la barrera psicológica de los dos euros, esa que el transporte profesional sostiene que no puede pagar sin trasladarlo todo a la cesta de la compra. Cuando el gasóleo se mueve, se mueve la maquinaria agrícola, el camión y la furgoneta de reparto.
El contagio, además, es continental. El mercado no es solo el del crudo: es también el de los subproductos. Si un país se descuelga al alza, el carburante empieza a viajar desde el vecino más barato hasta que los precios vuelven a igualarse. Nadie se salva por decreto.
Cuánto de lo que pagas en el surtidor son impuestos
El litro de gasolina en España, limpio de Impuesto sobre Hidrocarburos y de IVA, se sitúa entre 1,12 y 1,15 euros. El precio medio de venta al público ronda los 1,93. Resten. Cerca de ochenta céntimos por litro son carga fiscal, casi la mitad del recibo.
Ese es el dato que reaparece cada vez que el surtidor da un susto, y explica por qué el margen real de una subida internacional se amplifica al llegar al público: el IVA se aplica sobre un precio ya inflado por el impuesto especial. El desglose completo, partida a partida —crudo, refino, logística, márgenes y tributos—, es el documento que mejor enseña dónde acaba cada euro.
¿Cuánto más caro es el carburante en el resto de Europa?
Fuera de España, los 2,5 euros no serían ninguna revolución. En las autopistas alemanas el gasóleo se ha visto a 2,80 euros. En Noruega, la gasolina marca 2,56, con la paradoja de que el país produce petróleo a espuertas. El rango estándar en buena parte del continente se mueve entre 1,8 y 2,2 euros por litro, con la excepción de Rusia y Bielorrusia.
De ahí sale un clásico de sobremesa: la liturgia de la cifra redonda al repostar. En 1990 se echaban 1.000 pesetas; en 2000, 2.000 pesetas; en 2010, 20 euros; en 2020, 30. Ya hay quien confiesa echar 50 y quien directamente habla de 120. La inflación se mide estos días con el mismo gesto repetido en el surtidor.
¿Se puede electrificar todo lo que hoy quema diésel?
Aquí empieza la discusión de verdad. Una corriente sostiene que el coche eléctrico es el cruce inevitable de dos curvas: una que mejora y otra que empeora. El peak oil —el punto en que la extracción deja de crecer— está a la vuelta de la esquina o ya ha pasado, y la salida obligada es enchufar. La respuesta contraria es que el petróleo no es solo gasolina: los neumáticos, los interiores de plástico y buena parte de la industria química salen del mismo barril, y ni los tractores ni la maquinaria pesada van con paneles.
Los números de las baterías dan para mucho. Las de níquel-manganeso-cobalto trabajan entre 150 y 300 Wh/kg, y las de sodio, más baratas y con apenas dos años de recorrido comercial, todavía no compiten en densidad. Hay debate técnico, sí, pero también bastante ruido.
Y queda una pregunta incómoda que no resuelve ninguna batería: la red. El sistema eléctrico español vive con la amenaza de desconectar industrias por horas y con los centros de datos de la inteligencia artificial comiendo kilovatios a mansalva. El apagón de abril de 2025 se cita siempre en estas conversaciones. También se cita el parque de viviendas: electrificar un barrio de pisos sin garaje subterráneo no se parece en nada a hacerlo en una urbanización noruega de casas unifamiliares.
Lo que queda por ver
La previsión con más respaldo, hoy, es aburrida: la gasolina seguirá subiendo mientras el mapa de Oriente Medio no se aclare, y bajará sin aspavientos cuando se aclare. Nadie se juega el tipo más allá de eso. Los 2,5 euros llegarán o no según lo que ocurra en Yanbu y según cómo aguanten las rutas alternativas que ya se buscan. Si llegan, la factura se pagará en el surtidor y, de rebote, en la nevera.