Del burofax a la oferta y la demanda: el hilo cambia de eje
El burofax desaparece de la conversación. Nadie discute ya el texto del decreto ni la votación del viernes. En esta tanda el hilo se ha ido entero a otra discusión: si en España sobran o faltan pisos, cuánto cuesta levantar uno y de quién es la culpa de que los precios estén por las nubes. Cuarenta mensajes y ni una sola mención al papel que había que enviar.
Qué se ha sabido
Artorias pone la fórmula:
más demanda que oferta, faltan pisos y los precios suben; más oferta que demanda, sobran y bajan. Lo llama economía básica, ley de oferta y demanda, y repite que el diagnóstico es sencillo y que lo difícil es ejecutarlo, porque un piso no se construye en dos días. De ahí saca su receta: menos impuestos, más suelo edificable, ayudas y ventajas fiscales a la construcción. Y el reproche político, que deja explícito: el Gobierno, dice, no busca eso.
Jona Takalua va por otro lado y lo dice sin rodeos: en España no hace falta construir ni una vivienda porque hay de sobra. Su salida pasa por reducir la población —habla de
13 millones— y calcula que así las familias tendrían dos o tres casas cada una.
meme-laif 3 frena la idea de construir a lo loco: el suelo es caro, la mano de obra también, el material lo es y encima están los impuestos.
Baratas no son, resume, y muchas quedan fuera del alcance de la gente con menos dinero aunque sea en sitios malos.
nada2 mete el dato que más se repite: como
el 9X% son pequeños propietarios, la mayoría podrá cerrar la vivienda o empadronar a un familiar sin más, y no necesitará vender bajando el precio. Añade que el suelo, los impuestos y los requisitos son decisiones políticas, y suelta una cifra para el otro debate:
50 años esperando vivienda barata y ya vamos por 50 millones de habitantes.
Avulense64 pone la cuenta del inquilino: si alguien paga
1.200 euros, espera un piso decente, y lo que encuentra son pisos con malos aislamientos y calidades pobres. No acepta el «si no te gusta, no lo cojas» cuando la alternativa es la calle o compartir. Contrasta con los
400.000 euros que se piden por algunos pisos que, opina, no paga cualquier recién llegado.
Ilich Ramirez Sanchez trae la experiencia más larga del hilo: su empresa gestionaba tres edificios con unos
50 pisos desde los años 40 y nunca hubo un problema con los inquilinos. Nunca se les subió la renta, se les dieron facilidades y reformas. La clave, dice, es que allí un piso no se veía como un producto financiero.
trukutruku niega la propiedad tal y como se entiende: en España, sostiene, todos los bienes están subordinados a un «bien común» sin significado concreto. Y Empresario Acorazado BDSM añade que si los inquilinos fuerzan que no haya alquileres, al final se construirá más vivienda y, cuando vuelvan a sacar los pisos, tendrán que bajar precios. Roquete cierra por abajo: si alguien puede alquilar es porque hay pisos en
alquiler, y no todo el mundo quiere comprar.
Dónde está la bronca
El choque ya no es decreto sí o decreto no. Es de dónde viene el problema. Un bloque lo sitúa en la oferta: hay que construir, liberar suelo y bajar impuestos. Otro lo sitúa en la demanda, y ahí entra el eje migratorio con toda su crudeza. Una parte del hilo sostiene que sobran viviendas y que el arreglo pasa por reducir población; enfrente, otro participante responde que los datos no sostienen ese relato.
Douglas MacArthur lo resume a su manera: si se interviene el mercado,
la oferta desaparece. Empresario Acorazado BDSM le contesta desde el otro lado y acusa a los grandes tenedores de querer enriquecerse acaparando bienes sin aportar nada. nada2 responde que la mayoría del alquiler lo dan pequeños propietarios que cobran por dejar vivir a alguien en su casa, y que eso ya es producir.
Hay un intercambio más corto, entre Otzi_Reloaded y Cygnus Saint, a cuenta de cruzar un mapa de España con los datos de inmigración y el precio del suelo por provincias. Uno plantea el ejercicio y el otro le devuelve la misma ironía cambiando el sujeto. No se resuelve.
Y en medio, la bronca de siempre, la del inquilino, que aquí aparece de refilón: Avulense64 discute con quien sostiene que un piso de alquiler debe tener lo justo para vivir, y responde que pagar caro por poco no es quejarse de más.
Qué cambia respecto a antes
Que la cláusula ha dejado de ser el asunto. Nadie la discute ya: se da por hecho que la mayoría podrá cerrar la casa o empadronar a un familiar y esperar. El burofax, el BOE y la votación del viernes se caen del hilo sin que nadie los eche de menos. Lo que entra con fuerza es el debate de fondo: construcción, suelo, impuestos y población.
También entra una voz nueva, la de quien alquiló durante décadas sin conflictos, y una cifra que se queda colgando: hasta
2030 o más de espera para recuperar la vivienda si la cosa acaba en los tribunales, según el cálculo de un participante.