El 'nivel dios' del desempleo: ni siquiera procrastinas
Hay quien distingue entre el que trabaja a regañadientes, el que procrastina hasta el último minuto y el que directamente no hace nada. Una taxonomía popular en foros económicos divide a los no trabajadores en tres escalones: el 'remero' que se levanta a las seis y odia su vida, el procrastinador que retrasa el informe y sufre ansiedad, y el 'nivel dios' que ni siquiera se plantea empezar. Este último, aseguran sus adeptos, ha alcanzado la iluminación: ¿para qué procrastinar si nunca hubo intención de trabajar?
La viabilidad del no-trabajo en España
Detrás de la ironía hay un debate real: ¿se puede vivir en España sin trabajar ni cobrar prestaciones? Quienes lo intentan señalan la dificultad de acceder al Ingreso Mínimo Vital (IMV) siendo ciudadano español. "El IMV siendo español imposible", resumen algunos, aunque otros replican que con 1.000 seguidores que donen un euro cada uno ya se obtiene una "paguita". El problema es que las ayudas públicas, cuando se conceden, apenas cubren las necesidades básicas, y cada vez más bienes cuestan lo mismo que esas ayudas.
La paradoja del inmigrante trabajador
Otra corriente apunta a que el mercado laboral español se sostiene sobre la mano de obra inmigrante. Mientras unos defienden el derecho a no trabajar, otros responden con un lacónico "que trabajen los inmigrantes". La discusión refleja la tensión entre quienes ven el trabajo como una obligación y quienes lo consideran una opción que, gracias al Estado del bienestar o a la economía digital, puede eludirse.
La pregunta que queda en el aire es si esta filosofía de no-trabajo absoluto es una postura existencial o una coartada para un sistema de ayudas que no llega. Mientras unos canales de YouTube prometen la liberación del trabajo asalariado, la realidad del IMV y la inflación ponen límites incluso a los 'iluminados'.
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