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Ya no son migrantes, ahora son personas en movimiento
Del «migrante» a la «persona en movimiento»: el nuevo giro del lenguaje
Un tuit de un diario español recoge la propuesta del fundador de la ONG Open Arms: dejar de usar la palabra «migrante» porque, sostiene, deberíamos llamarles «personas en movimiento». La frase, breve, desató una tormenta de réplicas que en pocas horas pasó del chiste fácil al análisis del lenguaje como herramienta política. La discusión no era sobre barcos ni sobre rescates, sino sobre quién decide cómo se nombra a quien cruza una frontera.
El primer argumento que se repite es que el término «migrante» lo introdujo la propia corrección política y que ahora se reniega de él. «Rechazamos la palabra que nosotros mismos hemos inventado», resume una de las intervenciones más citadas. La idea de fondo: cada eufemismo nace con fecha de caducidad, porque el concepto que designa no cambia, solo se maquilla.
Por qué se cambia «migrante» por «persona en movimiento»
La propuesta de Open Arms se presenta como una forma de poner a la persona por delante de la etiqueta administrativa. Quien la defiende argumenta que «migrante» arrastra connotaciones de sospecha y de provisionalidad, y que hablar de «personas en movimiento» devuelve la condición humana al sujeto. Es la misma lógica que llevó a sustituir «invidente» por «persona con discapacidad visual» o «parado» por «demandante de empleo».
La crítica a esa lógica es igual de vieja. Se sostiene que el eufemismo no elimina el problema, solo lo esconde, y que además crea una carrera sin meta: cuando el nuevo término se cargue de las mismas connotaciones que el viejo, habrá que inventar otro. La huida hacia delante del lenguaje políticamente correcto, dicen, es su propia condena.
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El lenguaje como campo de batalla política
En el fondo del asunto late una idea que no es nueva: quien controla el vocabulario controla el marco. Una de las aportaciones más leídas cita el libro de Victor Klemperer sobre el lenguaje del Tercer Reich para recordar que el poder se ejerce también nombrando. La conclusión que se extrae: negarse a usar la terminología del adversario es el primer acto de cualquier disputa.
De ahí que muchos vean en la propuesta de Open Arms algo más que una anécdota semántica. No es solo que se prefiera una palabra a otra; es que se reclama la autoridad para fijar cómo se llama a un colectivo y, por extensión, cómo se piensa sobre él. La respuesta del otro lado es previsible: si el término lo impone quien gestiona el relato, el que no lo use queda automáticamente señalado.
«Personas en movimiento»: los límites del eufemismo
La fórmula elegida tiene un problema práctico que no tardó en señalarse: es tan amplia que no describe nada. Un remero también es una persona en movimiento. Un viajero, un repartidor, un peatón. La precisión que se gana en neutralidad se pierde en utilidad, y el término acaba sirviendo para todo y para nada.
Hay quien va más allá y sostiene que el cambio de nombre no altera la realidad material del fenómeno: los flujos migratorios siguen teniendo origen, destino y causas. Cambiar la etiqueta no cambia el número de llegadas, ni las condiciones del viaje, ni las políticas que los regulan. Nombrar distinto no es resolver distinto.
Qué se juega el debate más allá de la palabra
La discusión derivó pronto hacia el papel de las ONG que operan en el Mediterráneo. Una parte de las intervenciones cuestiona el modelo de financiación de estas organizaciones y su relación con las políticas de rescate; otra defiende su labor humanitaria y recuerda que el derecho internacional obliga a auxiliar a quien naufraga. El cruce de acusaciones es intenso y, en varios puntos, excede lo que los datos permiten afirmar.
Lo que queda claro es que la pelea por el vocabulario es la punta visible de una pelea mayor: quién define el problema, quién carga con el coste y quién decide las reglas. La propuesta de llamarles «personas en movimiento» no cierra esa discusión. La abre un poco más.
Al final, el dato que descoloca no es lingüístico sino lógico: el término que se propone abandonar fue, en su día, el término que se propuso para no ofender. Nadie sabe cuál será el siguiente.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«Siempre lo fue. Por eso, lo primero que debe hacer cualquiera que dispute el poder es negarse a utilizar la terminología del enemigo y elaborar otra propia. No hablar en los términos que te imponen»
— Kovaliov · lenguaje como herramienta de poder
«Realmente su frase es: 'rechazamos la palabra que nosotros mismos hemos inventado' La estupidez y la perversión del uso del lenguaje»
— pepeleches · crítica al eufemismo
«Se inventan palabras nuevas para ocultar el significado negativo que pueda tener la palabra de siempre, pero, como el concepto sigue siendo el mismo, tienen que meterse en una continua huída hacia delante»
— Brokkr · huida hacia delante del lenguaje
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
El eufemismo oculta el problema real55%
Nombrar distinto humaniza el debate20%
Es una huida hacia delante sin fin25%
💬 POR QUÉ PARTICIPAR
✓El paralelismo con la evolución de otros eufemismos (invidente, discapacidad visual, diversidad funcional) y por qué todos acaban cargándose de las mismas connotaciones
✓La referencia al libro de Victor Klemperer sobre el lenguaje del Tercer Reich como argumento sobre el control del vocabulario por el poder
✓El contraargumento práctico: por qué «persona en movimiento» sirve igual para un remero o un repartidor y pierde utilidad descriptiva
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