La Policía Local de Sevilla se retira de las Tres Mil Viviendas
¿Qué pasa cuando el cuerpo policial que debe proteger a los operarios de limpieza no puede hacerlo? En el Polígono Sur de Sevilla, la respuesta es que la basura se queda en la calle. La Policía Local ha pedido a su Jefatura que se paralicen los protocolos de acompañamiento a los servicios municipales —Lipasam, Tussam, alumbrado— tras tres tiroteos en 72 horas. El motivo, según los sindicatos, es que sus agentes no tienen medios para enfrentarse a armas de gran calibre. «No podemos luchar contra un AK-47 con una pistolita», resume el delegado de CSIF, Santiago Raposo.
El origen del armamento, según el Sppme, está en la guerra de Ucrania. Desde el conflicto, sostienen, es más fácil adquirir fusiles automáticos en el mercado negro. La escalada ha llevado a Jupol, sindicato de la Policía Nacional, a reclamar al Ministerio del Interior armamento especializado y vehículos blindados. Mientras, los servicios públicos en la barriada quedan interrumpidos.
Tres tiroteos en 72 horas y una batalla por el cultivo de marihuana
La guerra entre clanes de la droga en las Tres Mil Viviendas acumula ya tres episodios de disparos desde el sábado. El primero fue una ráfaga de arma de gran calibre; el domingo por la mañana llegaron nuevos tiros; el lunes por la tarde, un tercer intercambio. La disputa, según las informaciones publicadas, es por el control del cultivo y venta de marihuana. Hasta que se detenga a los principales responsables, en la zona solo actuarán agentes de la Policía Nacional.
La decisión de la Policía Local no es un capricho. El Sppme ha solicitado a la Jefatura la «modificación inmediata de entrada y de acompañamiento al resto de servicios municipales en la zona afectada». Traducido: los operarios de Lipasam, Tussam o alumbrado no tendrán escolta policial durante unas jornadas de especial tensión. La empresa pública de limpieza de Sevilla, Lipasam, es la más afectada: sin acompañamiento, no puede entrar.
¿Por qué la Policía Local no puede actuar en las Tres Mil Viviendas?
Porque no tiene medios ni formación para un escenario de guerra. El delegado sindical de CSIF lo dijo sin rodeos: «no podemos luchar contra un AK-47 con una pistolita». La «sofisticación» del armamento de los clanes —así lo describió el comisionado para el Polígono Sur, Jaime Bretón— ha convertido la zona en un polvorín. La Policía Local no está preparada para combatir delitos con armas de gran calibre, y sus agentes no pueden garantizar su seguridad ni la del resto de empleados municipales.
Hay quien sostiene que la solución pasa por que la Policía Nacional asuma el mando. Tiene unidades de intervención y vehículos blindados, como la tanqueta que ya se ha desplegado en otras operaciones. La Policía Local, argumentan, tiene otras funciones. El problema es que, mientras se decide quién entra, los vecinos conviven con la basura acumulada y los tiros.
El mercado negro de armas tras la guerra de Ucrania
La conexión entre el conflicto ucraniano y los tiroteos sevillanos no es una teoría peregrina. El presidente del Sppme en Sevilla, Luis Val, lo explica así: «Desde entonces es más fácil adquirir este tipo de armas». La oferta de armamento militar en el mercado negro ha crecido, y los clanes han aprovechado para equiparse con fusiles automáticos. No es un problema exclusivo de Sevilla: en Huelva se ha detectado una situación similar.
La escalada bélica ha llevado a Jupol a pedir al Ministerio del Interior el envío de «armamento especializado y vehículos blindados» tras el tiroteo del lunes. La petición no es menor: implica reconocer que la Policía Nacional tampoco descarta que la situación se le vaya de las manos. Mientras, el comisionado para el Polígono Sur habla de «sofisticación» del armamento, un eufemismo que esconde una realidad incómoda.
Los servicios públicos que se quedan sin escolta
Lipasam no es la única empresa afectada. Tussam, el transporte urbano, y los operarios de alumbrado público también dependen del acompañamiento policial para entrar en la zona. Sin él, sus trabajadores no pueden realizar su labor. La decisión de la Policía Local deja a estos servicios en el aire, y a los vecinos sin recogida de basura, sin autobús y sin mantenimiento.
El Sppme lo ha dejado claro: «no vamos a permitir que la Policía Local sea el blanco fácil de estos delincuentes». La frase resume el pulso entre sindicatos y administraciones. Un problema que, admiten, afecta a varias administraciones y cuerpos policiales. Nadie quiere asumir el coste político de enviar a agentes a una zona donde se dispara con fusiles automáticos.
El barrio que lleva años fuera del mapa
La situación no es nueva. Hay quien recuerda que hace años ya era difícil entrar en las Tres Mil Viviendas. Se han incendiado casas y los bomberos han tenido que salir escoltados. Los edificios acumulan robos de elementos comunes —ascensores, cables, motores— y patios convertidos en contenedores. Los niños crecen viendo que en su barrio la policía no entra, y algunos vecinos, los que no pueden pagarse otro sitio, hacen de colchón entre la chusma y el resto de la ciudad.
Las aceras parecen posapocalípticas. De repente te encuentras una boda, una candela o un grupo liándola. Es el día a día de un barrio donde la ley se aplica a medias. La pregunta que flota en el aire es si esta vez la situación se resolverá con más medios o con otro parche. De momento, la basura se acumula y los tiros siguen sonando. Ironía fina: en un país que presume de estado del bienestar, hay zonas donde ni la basura se recoge.