Yago estalla: la ofensiva rusa habría fracasado ya
¿Va ganando Rusia la guerra de Ucrania o lleva meses perdiéndola y nadie se atreve a escribirlo? El canal
Cosas Militares ha respondido con un vídeo extenso en el que su responsable, Yago, sostiene que la ofensiva rusa ya ha fracasado y carga contra el público que defiende lo contrario. Su tesis ha caído en mitad de un pulso que el paso de los meses ha vuelto más incómodo: unos miran el mapa y ven avances rusos; otros miran los objetivos declarados y ven una operación que nunca se cumplió.
De fondo late una pregunta que nadie ha resuelto: qué significa exactamente ganar y quién tiene autoridad para decidirlo.
Si controla más territorio, ¿por qué dicen que va perdiendo?
El argumento más socorrido a favor de Moscú es cartográfico. Si la Federación Rusa controla más kilómetros cuadrados que el 24 de febrero y Ucrania menos, Rusia va ganando. La analogía que se repite es la de un videojuego de conquista: gana quien se queda con territorios. Y hay un matiz que se añade siempre: atacar en inferioridad numérica, en suelo ajeno, contra un enemigo atrincherado que conoce el terreno y recibe material y asesoramiento de la OTAN, conservando lo conquistado meses después, no es precisamente un paseo.
Lo llamativo, según esta lectura, es lo que Ucrania
no consigue: las zonas donde aguanta no se traducen en recuperaciones netas de terreno. Ahí empieza a hacer aguas el relato de la victoria. Nadie explica tampoco cuál era el plan ruso original, y por tanto nadie puede decir con rigor si lo que ocurre es un fracaso o una corrección de rumbo.
Hitler en 1944 también iba ganando territorio
La contestación más afilada llega desde la historia militar. Hitler iba ganando la Segunda Guerra Mundial en 1944: controlaba más territorio que en 1939. Alemania iba ganando la Primera en 1918: más territorio que en 1914. En ambos casos la conquista acumulada convivía con una derrota en marcha. El paralelismo no demuestra nada por sí solo, pero deja claro que el mapa de terrenos ocupados es un indicador tardío: mide el pasado, no la posición real en la partida.
La objeción se completa con una cifra. Para atacar se necesita una ventaja en potencia de fuego de 1,3 a 1, y el ejército ruso, tradicionalmente poco eficiente en esta clase de operaciones, requeriría una superioridad de hasta 3 a 1 para lograrla. De ahí que se lanzaran operaciones rápidas y sorpresivas —paracaidistas incluidos— en lugar de asaltos frontales.
Helicópteros que disparan hacia arriba: nadie sabe por qué
El detalle técnico que encendió la discusión fue otro. Varios vídeos muestran a helicópteros de ataque Ka-52 y Mi-28 disparando cohetes en trayectoria parabólica en lugar de tiro tenso. Los cohetes no están guiados y, en teoría, ninguno de los dos bandos dispone de sistemas que corrijan el tiro en una trayectoria curva, así que la precisión es prácticamente nula.
Las explicaciones se acumulan y ninguna convence del todo: soltar munición, aparentar ante los mandos que se ha atacado un objetivo o evitar el combate y el riesgo de ser derribado. Hay quien sostiene que es una práctica tercermundista y hay quien recuerda que es la misma que se observa en el otro bando. Sin datos de aciertos, cualquier conclusión es una conjetura.
Del plan A al plan C sin salir del Donbás
Otra corriente ordena el relato por fases. Hubo un plan A —provocar la caída del gobierno ucraniano— que habría fallado. Un plan B —la conquista del Donbás— que también se quedó corto. Y un plan C que se parece más a una gestión de daños que a una campaña: ver qué se puede conservar sin que salga mal del todo. El desembarco de paracaidistas en el aeropuerto de Hostomel sostiene esta tesis: no se lanzan tropas tras las líneas enemigas si no se espera enlazar con ellas en cuestión de días. No ocurrió.
Enfrente está el dato del volumen. El material occidental entregado a Ucrania no representaría ni el 10% de lo que la OTAN podría desplegar en un enfrentamiento convencional, donde ya se hablaría de aviación, marina y carros de combate. Y Ucrania no partía precisamente de cero: se le atribuye el mayor ejército de Europa por detrás del ruso, reforzado durante años con instructores y centros de entrenamiento. Queda por ver cuánto de todo eso resiste sin movilización general rusa, que sigue sin producirse.
Ni los canales militares son asépticos
El propio Yago ha quedado retratado en el fuego cruzado. Se le ha reprochado haber pronosticado que Rusia tomaría Ucrania en días y que rodearía Kiev, y también lo contrario: ser un altavoz de la OTAN que difunde noticias sin contraste a velocidad de tiempo real. El detalle más incómodo es metodológico. Sus datos de bajas rusas salen, según se le señala, de redes sociales, mientras que las bajas ucranianas —que solo publica Rusia— no se recogen. Se desconfía del bando, pero no de las redes.
Quienes dicen seguir solo canales que esperan semanas a confirmar los hechos ponen el dedo en la misma llaga: nadie es neutral, y el que presume de serlo suele ser el que más vende. Los hay que recomiendan alternativas y los hay que sostienen que hasta los mapas más citados acaban pintados de colorines.
Al final, la única certeza que aguanta el escrutinio es que la línea del frente se mueve despacio y que cada bando cobra su parte. Unos dirán que Rusia gana porque ocupa más; otros, que ya perdió porque no cumple lo que prometió. Ambas cosas pueden ser verdad a la vez. Lo que no se sostiene es pedirle al mapa que decida algo que solo decide el tiempo.