Así que ahorrar para comprar un piso y luego alquilarlo poniéndolo al servicio del mercado es aprovecharse de las desgracias ajenas.
Entonces supongo que los que trabajan en supermercados se aprovechan del hambre de la gente para enriquecerse.
Y los médicos se aprovechan de la enfermedad de los demás para hacerse de oro.
Y los bomberos se aprovechan de los incendios que sufren las personas para enriquecerse.
Y todos y cada uno de los actores económicos que participan en un mercado, al satisfacer necesidades del resto del mercado, son unos malvados que se aprovechan de esas necesidades.
Y tú trabajas gratis? O también te aprovechas de alguna necesidad que tiene el mercado? O en tu caso sí es justo que cobres por satisfacer esas necesidades pero cuando son otros los que satisfacen las tuyas esa ilegítimo?
Qué haya 130 adultos que hayan dado like a esto demuestra por qué España va camino a ser Argentina 2.0
Muy bien explicado
Ya lo decía Adam Smith, que si tienes pan o cerveza, no es por la benevolencia del panadero o del cervecero, sino por su propio interés.
El marco mental que crea la izquierda es tan fuerte que olvidan lo principal: de 10.000 años de civilización, solo durante el último siglo (y con muchos matices...) se ha conseguido solucionar el problema base de la civilización, que ha sido la escasez. La que hacía que la vida fuera una carrera continua contra el hambre, o la conquista del país vecino para quitarle los recursos fuera lo más normal.
No comprenden que la abundancia nació de que los hombres libremente pudieran dedicar su esfuerzo a ganarse la vida, proveyendo a los demás de aquello que necesitaban. No lo comprenden hasta el punto de que, ahora, acusan a los proveedores de querer lucrarse por hacer su función.
El colectivismo realiza una manipulación muy inteligente. Pone el foco en aquello que le interesa: la sanidad, la educación, la vivienda. Aquello que quiere parasitar. Ellos, sin producir nada, son los buenos. Y hasta los agentes de estos mercados son entes […].
Nadie siquiera realiza el simple ejercicio de darse cuenta de que, antes que la sanidad o la educación, para la vida es necesario por ejemplo alimentarte y vestirte. Obviamente.
¿Por qué no ponen el foco ahí? Pues porque el estado se suele quedar para sí con los servicios, donde es mucho más fácil ocultar la improductividad y el gasto. Sin embargo, cuando el colectivismo se ha encargado de proveer productos, es cuando han venido las colas, las hambrunas, las cartillas de racionamiento. Canta demasiado el mal funcionamiento.
Pero es que saben cómo atacar y dónde, para que cualquiera que no tenga muchas ganas de saber cómo funciona el mundo, grite sus críticas. Véase lo que pasó recientemente con los supermercados y la inflación. Se mete una cantidad enorme de dinero en el sistema, los precios suben, y como consecuencia, se demoniza al empresario de la alimentación. Que, justamente todos a la vez, han sido atacados por una compulsión ambiciosa de querer ganar más dinero. No hace 10 años, no hace 3 años. No, justamente a la vez.
Es la megalomanía que ya se puede ver en Marx. El pensar que uno es tan capaz, tan inteligente, tan lleno de virtud y razones éticas, como para decidir por los demás qué es importante y qué no, qué debe prohibirse y qué debe subvencionarse. Y quien se oponga a mi criterio, pues es un facineroso.
No entienden que la ambición del proveedor mezclada con la necesidad del ciudadano es lo que crea riqueza. Y que esa ambición es sana, necesaria, es el motor necesario para que tengamos la nevera llena. Se dedican a criticarles, y desde una atalaya sarracena infantil, piden todo tipo de medidas que impidan que realice su función eficientemente.
Como decía Churchill, los pones a gestionar el Sáhara y acabará habiendo escasez de arena....