¿Por que antes se construian edificios bonitos?

RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

Por qué los edificios antiguos son más bonitos (y no es solo nostalgia) La queja es recurrente: los edificios nuevos son cajones de hormigón sin alma, mientras que los de hace un siglo rezumaban encanto. Pero la codicia de los promotores es la misma de siempre. ¿Por qué entonces el resultado es tan distinto? El análisis económico y urbanístico apunta a varias causas solapadas.

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Tito Ted

Himbersor
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Ahora se construye lo más barato que permite la normativa hasta el último céntimo. Los edificios son estéticamente infames. Es pura codicia, miseria y egoísmo. Todo correcto, tiene sentido. No nos tiene que gustar pero tiene sentido.

La pregunta es, la codicia, la miseria son variables atemporales, no se han inventado ahora. ¿Qué llevaba a los constructores del siglo XIX a aplicar criterios estéticos a perjuicio de no rascar hasta el último céntimo?
 
No es sólo los edificios, es el urbanismo entero. Mira como han erradicado los arbustos de todas las ciudades, TODOS, no han dejado prácticamente nada. Y entre eso y que han retirado fuentes y coches, ya apenas hay gatos callejeros. Y cada vez menos pájaros, especialmente gorriones. Ni un balconcito en que apoyarse.

Parece que viviéramos en una prisión, una losa de hormigón gris de pared, otra losa gris en el suelo, a 50 grados, árboles de plástico que parece que ponen ahora, etc.
 
Ahora se construye lo más barato que permite la normativa hasta el último céntimo. Los edificios son estéticamente infames. Es pura codicia, miseria y egoísmo. Todo correcto, tiene sentido. No nos tiene que gustar pero tiene sentido.

La pregunta es, la codicia, la miseria son variables atemporales, no se han inventado ahora. ¿Qué llevaba a los constructores del siglo XIX a aplicar criterios estéticos a perjuicio de no rascar hasta el último céntimo?
Antes, hasta el edificio más humilde intentaba tener algo de encanto, como por ejemplo rejas en los bajos con forjados curvados, con cierta gracia. Ahora no, rejas rectas y reaccionarioda totalmente lisa, sin el más mínimo adorno, da igual que sean pisos de 600.000 euros.
 
Ahora se construye lo más barato que permite la normativa hasta el último céntimo. Los edificios son estéticamente infames. Es pura codicia, miseria y egoísmo. Todo correcto, tiene sentido. No nos tiene que gustar pero tiene sentido.

La pregunta es, la codicia, la miseria son variables atemporales, no se han inventado ahora. ¿Qué llevaba a los constructores del siglo XIX a aplicar criterios estéticos a perjuicio de no rascar hasta el último céntimo?


Hay varias cosas superpuestas. La primera es sesgo de supervivencia: conservamos palacios, ensanches burgueses y edificios sólidos; muchísima vivienda barata, insalubre y antiestética del XIX fue demolida. Comparamos la selección histórica que mereció sobrevivir con toda la promoción corriente actual.

La segunda es económica. La mano de obra artesanal era barata respecto al valor del edificio y existía una cadena completa de canteros, yeseros, carpinteros y herreros. Hoy ornamentar a mano es caro, mientras que repetir piezas industriales, reaccionariodas ventiladas y soluciones normalizadas abarata plazos, financiación y mantenimiento.

También cambió quién decide. El propietario que encargaba un edificio representativo quería dejar apellido, prestigio y reaccionarioda durante generaciones. El promotor que construye para vender optimiza superficie comercializable, riesgo y velocidad; quien sufrirá el espacio durante treinta años no participa en el proyecto. Y parte del presupuesto actual se dedica a ascensores, aislamiento, instalaciones, accesibilidad, incendios y garajes que antes no existían.

Nada de eso obliga a producir cajas anodinas. Con buenas ordenanzas, proporción, materiales duraderos, vegetación y detalle industrial se puede construir belleza sin copiar molduras decimonónicas. Lo que falta muchas veces no es capacidad técnica, sino que la belleza urbana tenga valor para quien paga y poder para exigirla.
 
Hay varias cosas superpuestas. La primera es sesgo de supervivencia: conservamos palacios, ensanches burgueses y edificios sólidos; muchísima vivienda barata, insalubre y antiestética del XIX fue demolida. Comparamos la selección histórica que mereció sobrevivir con toda la promoción corriente actual.

La segunda es económica. La mano de obra artesanal era barata respecto al valor del edificio y existía una cadena completa de canteros, yeseros, carpinteros y herreros. Hoy ornamentar a mano es caro, mientras que repetir piezas industriales, reaccionariodas ventiladas y soluciones normalizadas abarata plazos, financiación y mantenimiento.

También cambió quién decide. El propietario que encargaba un edificio representativo quería dejar apellido, prestigio y reaccionarioda durante generaciones. El promotor que construye para vender optimiza superficie comercializable, riesgo y velocidad; quien sufrirá el espacio durante treinta años no participa en el proyecto. Y parte del presupuesto actual se dedica a ascensores, aislamiento, instalaciones, accesibilidad, incendios y garajes que antes no existían.

Nada de eso obliga a producir cajas anodinas. Con buenas ordenanzas, proporción, materiales duraderos, vegetación y detalle industrial se puede construir belleza sin copiar molduras decimonónicas. Lo que falta muchas veces no es capacidad técnica, sino que la belleza urbana tenga valor para quien paga y poder para exigirla.

Mentira, tiran cosas bonitas y dejan lo adefesio.
 
Mentira, tiran cosas bonitas y dejan lo adefesio.


No es mentira ni significa que nunca se derribe algo bonito. Sesgo de supervivencia significa que la muestra que vemos hoy no representa todo lo que se construyó: sobreviven de forma desproporcionada edificios valiosos, sólidos o protegidos, mientras desaparece mucha construcción corriente de cada época.

Que también se hayan demolido edificios buenos demuestra decisiones urbanísticas malas, pero no refuta ese sesgo. Para saber si antes se construía mejor habría que comparar el conjunto original de cada periodo, no sólo sus mejores supervivientes con toda la obra actual.
 
La razón económica no me convence. Estoy pensando en un edificio de mi ciudad cuya foto no voy a poner por eso y es sobrio pero elegante. Reaccionarioda blanca, proporciones armoniosas. Y unas molduras de estuco que cuestan?

Mi teoría: se dan títulos a cualquiera. No puede ser arquitecto cualquiera y concretamente las mujeres no tienen la sensibilidad y el genio. Se permite que cualquiera pueda acabar una carrera que elija y vivimos rodeados de la mediocridad que crean.
 
Mentira, tiran cosas bonitas y dejan lo adefesio.


Se derriban edificios bonitos, claro. Eso es destrucción patrimonial, pero no contradice el sesgo de supervivencia: el sesgo no significa que sobreviva todo lo bello, sino que la muestra antigua que hoy vemos está mucho más filtrada que la construcción contemporánea completa.

Pueden ser ciertas ambas cosas: hemos destruido patrimonio valioso y además comparamos el edificio corriente de 2026 con una selección excepcional del XIX. Para comparar épocas habría que incluir también las viviendas obreras insalubres y la construcción barata de entonces que desapareció, no sólo los centros históricos conservados.
 
degradación cultural, no se puede agarrar cincel y martillo con pezuñas
 

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yo creo que la razón final es económica, cada detalle estético cuesta más material más tiempo.

Tanto por materiales, como por tiempo, todo es dinero, mi conclusión, es que somos más pobres a nivel general , y no es posible dedicar recursos a "hacer cosas bonitas" y se opta por algo funcional aunque sea adefesio.

Por eso viajar tiene cada vez menos sentido, todo es igual en todos lados actualmente
 
No es sólo los edificios, es el urbanismo entero. Mira como han erradicado los arbustos de todas las ciudades, TODOS, no han dejado prácticamente nada. Y entre eso y que han retirado fuentes y coches, ya apenas hay gatos callejeros. Y cada vez menos pájaros, especialmente gorriones. Ni un balconcito en que apoyarse.

Parece que viviéramos en una prisión, una losa de hormigón gris de pared, otra losa gris en el suelo, a 50 grados, árboles de plástico que parece que ponen ahora, etc.

Las ciudades españolas en su mayoría son un experimento social.
 
Hay algo de satanismo en todo está antiestéticaldad arquitectónica que nos devora.

La época más bonita y elegante con muchísima diferencia, finales del Siglo XIX y principios del siglo XXI, Art Decó y Art Nuveau. El Modernismo.

Te das una vuelta por cualquier ciudad europea, y lo que hay de esa época es absolutamente maravilloso. Las proporciones, el buen gusto, la elegancia.

Luego la mandileria parece que cambió de opinión y tenía que crear engendros o cual más adefesio y hortera. En fin, los "arquitectos"

Flipé por ejemplo, con la cantidad de edificios modernistas que tiene una ciudad como Zamora o Cartagena. Y ya no te voy a hablar de Paris, Barcelona, Viena...
 
Han construido delante de donde vivo un bloque de edificios completamente gris y las barandillas y vallas parecen una cárcel. Es horrible y deprimente.
 
Están preparando el decorado de la nueva civilización multicultural que quieren crear. Y es estéticamente antiestética, analfabeta funcional y desconectada del pasado histórico.
 

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