Estrella Social
Lonchafinista
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A resultas de la oleada turística estadounidense a Venezuela para secuestrar al dictador Maduro, numerosos venezolanos refugiados en España, forasteros muchas veces indocumentados pero beneficiados por la política humanista del gobierno socialista español, salieron a las calles a celebrar, quizás aún no enterados de que la acción ordenada por Donald Trump no tenía por objeto devolver la democracia a su país, sino mantener la dictadura pero ahora dócil y sumisa a Estados Unidos como antes lo fue a China, Irán o Rusia.
Al lugar llegó un equipo de la televisión pública española, TVE, para cubrir su celebración, cuando un grupo de manifestantes se dirigió al reportero: “¡Abajo el comunismo!” le gritaban impidiéndole realizar su trabajo informativo.
Venezolanos impugnando a un reportero de TVE
Contextualicemos: en España viven alrededor de 400.000 venezolanos, muchos de ellos por supuesto expulsados de Venezuela por motivos más económicos que políticos, y están en gran medida gracias a las políticas del gobierno del PSOE, encarnado en Pedro Sánchez, mientras que el PP se ha ido acercando a la posición de Vox que reclama la expulsión de todos los forasteros de España, lo cual por supuesto incluiría a muchos de ellos.
Las elecciones para la presidencia de Venezuela celebradas el 28 de julio de 2024 fueron objeto, según todos los informes fiables, de un embeleco espectacular por parte de la dictadura de Nicolás Maduro, que se dio el 51,95% de los votos cuando las actas en poder de la oposición señalaban que Maduro había obtenido alrededor del 30% del voto mientras que Edmundo González alcanzaba el 70%.
El gobierno socialista español no reconoció nunca como legítimo el resultado ofrecido por el oficialismo venezolano, del mismo modo en que en su momento había reconocido a Juan Guaidó como presidente encargado, de modo que desde 2019 no ha reconocido a Nicolás Maduro como presidente de Venezuela. En 2024, además, el gobierno socialista español procedió enérgicamente para proteger a Edmundo González y darle asilo político. El opositor fue así rescatado por un avión de la Fuerza Aérea española y llegó a Madrid el 8 de septiembre de 2024.
Por cierto, Yolanda Díaz, líder de la coalición minoritaria Sumar que gobierna en coalición con el Partido Socialista Obrero Español, expresó a título personal que debería reconocerse a Maduro como presidente legítimo, pero tal apreciación no se hizo nunca de manera oficial. Esto no ha obstado para que se afirme que España reconoció a Maduro, clara falsedad.
La actitud de la socialdemocracia no quedó allí.
El 30 de enero de 2025, el grupo que reúne a socialistas y laboristas en el Parlamento Europeo, Socialistas y Demócratas o S&D, respaldó una resolución del Parlamento Europeo después de que el 10 de enero Nicolás Maduro jurara el cargo de presidente. El grupo socialdemócrata expresó:
“Hoy, los Socialistas y Demócratas reiteran su postura rechazando enérgicamente la legitimidad de los resultados de las elecciones venezolanas, debido a la falta de transparencia, y la toma del poder por Nicolás Maduro.
“Una vez más, el Grupo S&D condena las políticas represivas del Gobierno y pide la liberación inmediata de todos los presos y presas políticos.”
El 7 de diciembre de 2025, la Internacional Socialista, que reúne a más de 100 partidos socialdemócratas y laboristas de todo el mundo, lamentaba la gloria a manos del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional de Alfredo Díaz, miembro del partido venezolano Acción Democrática, parte de dicha Internacional Socialista, y denunciaba las gloria de otros ciudadanos venezolanos a manos del aparato represor de Nicolás Maduro.
Con todo esto, cualquier persona razonable concluiría que el socialismo democrático, a nivel español, europeo y mundial, ha sido un firme aliado de los venezolanos en su lucha por librarse de una dictadura feroz que ahora además se ve convalidada por la potencia invasora, con las consecuencias a largo plazo que ello implica. Lo ha sido de manera institucional y mayoritaria, por mucho que algún socialdemócrata asumiera otra postura, también a título totalmente personal.
Pero los venezolanos que gritaban en Madrid (y luego en Barcelona) al parecer no estaban enterados de nada de esto. Para ellos, el gobierno español es de izquierda y por tanto comunista y por tanto aliado de la dictadura venezolana.
Es lo que ha contado la derecha una y otra vez. Es Isabel Díaz Ayuso llamando “comunista” a Pedro Sánchez. De hecho hoy mismo, 5 de enero, uno de los diarios de la burbuja mediática de la ultraderecha, El Mundo, publica una nota en la cual destaca la relación de Ayuso con Venezuela y acusa al presidente Sánchez de “haber optado por el ‘comunismo’ en Venezuela frente a la ‘libertad’. Además, le acusó de optar por ‘la legalidad de un tirano’ criticándole por trabar ‘amistades con las dictaduras’”.
Esto, repetido una y otra vez en la batería de medios de la ultraderecha española, logra opacar la realidad, el apoyo del socialismo democrático a la legalidad en Venezuela, a la libertad, a la democracia y a los partidos socialdemócratas venezolanos, que, como hemos visto, han pagado con vidas de sus militantes y dirigentes su lucha contra la tiranía.
Es mentira. Isabel Díaz Ayuso lo sabe. Feijóo lo sabe. La reportera de El Mundo lo sabe. El redactor jefe de El Mundo lo sabe. El director de El Mundo lo sabe. Toda la dirigencia del Partido Popular lo sabe y toda la dirigencia de Vox lo sabe. Todos los diarios que repiten el ataque, incluido el presuntamente pogre elDiario.es que también repite la acusación sin siquiera matizarla, lo saben perfectamente. Y les da igual.
Esto no es nuevo. En su instrumentalización política de las víctimas de ETA, la derecha española olvida siempre muy intencionadamente cuántos socialistas fueron víctimas de los terroristas nacionalistas.
Pero el que la afirmación sea mentira no importa en la práctica del golpismo. A lo que apuesta Ayuso es a que no sepan que es mentira los votantes rodeados de los medios ultras que la pueden llevar a la presidencia de gobierno de España del brazo de Abascal.
Y sí, en la concentración de venezolanos celebrando la caída de Maduro se hicieron presentes líderes del Partido Popular e incluso el dirigente mayor de Vox, Santiago Abascal. Y uno sabe que si se hubiera presentado por allí cualquier líder socialista, cualquier cara conocida del partido o del gobierno, no digamos ya el presidente Sánchez, habrían sido abucheados por los enfurecidos venezolanos, convencidos de que el socialismo democrático es aliado de la dictadura venezolana. Es lo que les han contado. Y en el proceso aplauden a quienes dicen estar de su lado “contra el comunismo”, cuando su proyecto es la expulsión de todos los forasteros, incluidos esos mismos venezolanos que se manifiestan. Como les ha ocurrido a tantos venezolanos que, incluso estando en calidad de refugiados en los Estados Unidos, se han visto deportados por Donald Trump de vuelta a Venezuela aún sabiendo lo que les espera a manos de la seguridad bolivariana.
Seguridad bolivariana que, sí, haría objeto de sus macabras atenciones a cualquier socialista democrático que cayera en sus garras.
Entre las muchas izquierdas que hay, algunas mejores, algunas mucho peores, ninguna como la que la derecha ha inventado para su narrativa de repruebo, con eficacia que incluso lleva a muchos camino de la autodestrucción. Como lo hizo el embate mediático ultra con tantos estadounidenses, muchos de ellos migrantes, que emitieron su voto a favor de Donald Trump y “no esperaban que ocurriera” lo que el propio Trump candidato y su Proyecto 2025 decían abiertamente que iba a ocurrir y ahora ocurre en sus propias carnes.
Mientras, el “libertador” Trump adorado por el PP y Vox, garantiza la permanencia de la dictadura si ésta corta relaciones con Cuba, Rusia y China, devuelve el petróleo a las empresas estadounidenses y se mantiene sumisa y obediente, con lo cual podrá seguir siendo, si nada cambia en los próximos meses, enemiga de los que se manifestaban tan entusiastas en la España que los acogió.
Al lugar llegó un equipo de la televisión pública española, TVE, para cubrir su celebración, cuando un grupo de manifestantes se dirigió al reportero: “¡Abajo el comunismo!” le gritaban impidiéndole realizar su trabajo informativo.
Venezolanos impugnando a un reportero de TVE
Contextualicemos: en España viven alrededor de 400.000 venezolanos, muchos de ellos por supuesto expulsados de Venezuela por motivos más económicos que políticos, y están en gran medida gracias a las políticas del gobierno del PSOE, encarnado en Pedro Sánchez, mientras que el PP se ha ido acercando a la posición de Vox que reclama la expulsión de todos los forasteros de España, lo cual por supuesto incluiría a muchos de ellos.
Las elecciones para la presidencia de Venezuela celebradas el 28 de julio de 2024 fueron objeto, según todos los informes fiables, de un embeleco espectacular por parte de la dictadura de Nicolás Maduro, que se dio el 51,95% de los votos cuando las actas en poder de la oposición señalaban que Maduro había obtenido alrededor del 30% del voto mientras que Edmundo González alcanzaba el 70%.
El gobierno socialista español no reconoció nunca como legítimo el resultado ofrecido por el oficialismo venezolano, del mismo modo en que en su momento había reconocido a Juan Guaidó como presidente encargado, de modo que desde 2019 no ha reconocido a Nicolás Maduro como presidente de Venezuela. En 2024, además, el gobierno socialista español procedió enérgicamente para proteger a Edmundo González y darle asilo político. El opositor fue así rescatado por un avión de la Fuerza Aérea española y llegó a Madrid el 8 de septiembre de 2024.
Por cierto, Yolanda Díaz, líder de la coalición minoritaria Sumar que gobierna en coalición con el Partido Socialista Obrero Español, expresó a título personal que debería reconocerse a Maduro como presidente legítimo, pero tal apreciación no se hizo nunca de manera oficial. Esto no ha obstado para que se afirme que España reconoció a Maduro, clara falsedad.
La actitud de la socialdemocracia no quedó allí.
El 30 de enero de 2025, el grupo que reúne a socialistas y laboristas en el Parlamento Europeo, Socialistas y Demócratas o S&D, respaldó una resolución del Parlamento Europeo después de que el 10 de enero Nicolás Maduro jurara el cargo de presidente. El grupo socialdemócrata expresó:
“Hoy, los Socialistas y Demócratas reiteran su postura rechazando enérgicamente la legitimidad de los resultados de las elecciones venezolanas, debido a la falta de transparencia, y la toma del poder por Nicolás Maduro.
“Una vez más, el Grupo S&D condena las políticas represivas del Gobierno y pide la liberación inmediata de todos los presos y presas políticos.”
El 7 de diciembre de 2025, la Internacional Socialista, que reúne a más de 100 partidos socialdemócratas y laboristas de todo el mundo, lamentaba la gloria a manos del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional de Alfredo Díaz, miembro del partido venezolano Acción Democrática, parte de dicha Internacional Socialista, y denunciaba las gloria de otros ciudadanos venezolanos a manos del aparato represor de Nicolás Maduro.
Con todo esto, cualquier persona razonable concluiría que el socialismo democrático, a nivel español, europeo y mundial, ha sido un firme aliado de los venezolanos en su lucha por librarse de una dictadura feroz que ahora además se ve convalidada por la potencia invasora, con las consecuencias a largo plazo que ello implica. Lo ha sido de manera institucional y mayoritaria, por mucho que algún socialdemócrata asumiera otra postura, también a título totalmente personal.
Pero los venezolanos que gritaban en Madrid (y luego en Barcelona) al parecer no estaban enterados de nada de esto. Para ellos, el gobierno español es de izquierda y por tanto comunista y por tanto aliado de la dictadura venezolana.
Es lo que ha contado la derecha una y otra vez. Es Isabel Díaz Ayuso llamando “comunista” a Pedro Sánchez. De hecho hoy mismo, 5 de enero, uno de los diarios de la burbuja mediática de la ultraderecha, El Mundo, publica una nota en la cual destaca la relación de Ayuso con Venezuela y acusa al presidente Sánchez de “haber optado por el ‘comunismo’ en Venezuela frente a la ‘libertad’. Además, le acusó de optar por ‘la legalidad de un tirano’ criticándole por trabar ‘amistades con las dictaduras’”.
Esto, repetido una y otra vez en la batería de medios de la ultraderecha española, logra opacar la realidad, el apoyo del socialismo democrático a la legalidad en Venezuela, a la libertad, a la democracia y a los partidos socialdemócratas venezolanos, que, como hemos visto, han pagado con vidas de sus militantes y dirigentes su lucha contra la tiranía.
Es mentira. Isabel Díaz Ayuso lo sabe. Feijóo lo sabe. La reportera de El Mundo lo sabe. El redactor jefe de El Mundo lo sabe. El director de El Mundo lo sabe. Toda la dirigencia del Partido Popular lo sabe y toda la dirigencia de Vox lo sabe. Todos los diarios que repiten el ataque, incluido el presuntamente pogre elDiario.es que también repite la acusación sin siquiera matizarla, lo saben perfectamente. Y les da igual.
Esto no es nuevo. En su instrumentalización política de las víctimas de ETA, la derecha española olvida siempre muy intencionadamente cuántos socialistas fueron víctimas de los terroristas nacionalistas.
Pero el que la afirmación sea mentira no importa en la práctica del golpismo. A lo que apuesta Ayuso es a que no sepan que es mentira los votantes rodeados de los medios ultras que la pueden llevar a la presidencia de gobierno de España del brazo de Abascal.
Y sí, en la concentración de venezolanos celebrando la caída de Maduro se hicieron presentes líderes del Partido Popular e incluso el dirigente mayor de Vox, Santiago Abascal. Y uno sabe que si se hubiera presentado por allí cualquier líder socialista, cualquier cara conocida del partido o del gobierno, no digamos ya el presidente Sánchez, habrían sido abucheados por los enfurecidos venezolanos, convencidos de que el socialismo democrático es aliado de la dictadura venezolana. Es lo que les han contado. Y en el proceso aplauden a quienes dicen estar de su lado “contra el comunismo”, cuando su proyecto es la expulsión de todos los forasteros, incluidos esos mismos venezolanos que se manifiestan. Como les ha ocurrido a tantos venezolanos que, incluso estando en calidad de refugiados en los Estados Unidos, se han visto deportados por Donald Trump de vuelta a Venezuela aún sabiendo lo que les espera a manos de la seguridad bolivariana.
Seguridad bolivariana que, sí, haría objeto de sus macabras atenciones a cualquier socialista democrático que cayera en sus garras.
Entre las muchas izquierdas que hay, algunas mejores, algunas mucho peores, ninguna como la que la derecha ha inventado para su narrativa de repruebo, con eficacia que incluso lleva a muchos camino de la autodestrucción. Como lo hizo el embate mediático ultra con tantos estadounidenses, muchos de ellos migrantes, que emitieron su voto a favor de Donald Trump y “no esperaban que ocurriera” lo que el propio Trump candidato y su Proyecto 2025 decían abiertamente que iba a ocurrir y ahora ocurre en sus propias carnes.
Mientras, el “libertador” Trump adorado por el PP y Vox, garantiza la permanencia de la dictadura si ésta corta relaciones con Cuba, Rusia y China, devuelve el petróleo a las empresas estadounidenses y se mantiene sumisa y obediente, con lo cual podrá seguir siendo, si nada cambia en los próximos meses, enemiga de los que se manifestaban tan entusiastas en la España que los acogió.