Criminalizar la protesta: cuando gobernar es ver conspiradores
En pleno ciclo de movilizaciones en México, la respuesta oficial sigue un guion conocido: señalar a los manifestantes como conspiradores. El gobierno de Sheinbaum ha puesto nombre y apellido a jóvenes que protestan, una práctica que el escritor Mauricio Schwarz resume sin rodeos: cuando el poder habla de “fuerzas malévolas” y “provocaciones”, ha perdido el norte.
El guion del poder
La estrategia no es nueva. Díaz Ordaz veía conspiraciones bolcheviques en cada protesta del 68, y Ceaușescu invocaba provocaciones extranjeras antes de caer. Ahora el relato oficial fabrica un enemigo exterior para no explicar la falta de médicos, las guarderías deficientes o el narco.
La izquierda que olvidó la protesta
El debate trasciende México. Hay quien sostiene que la izquierda ha dejado de defender el derecho a la queja para convertirse en gestora del orden, como el laborismo de Starmer o los partidos que otrora encarnaron la socialdemocracia. También surge la crítica al uso banalizado del término “nazi” para descalificar a Trump, Vox o AfD, cuando la historia real no admite comparación.
El poder siempre encuentra un enemigo exterior para no rendir cuentas. La cuestión abierta es por qué la izquierda, que debería ser la primera en defender la protesta, ha terminado por abrazar la lógica del orden.