Criminalizar la protesta.

RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

En pleno ciclo de movilizaciones en México, la respuesta oficial sigue un guion conocido: señalar a los manifestantes como conspiradores. El gobierno de Sheinbaum ha puesto nombre y apellido a jóvenes que protestan, una práctica que el escritor Mauricio Schwarz resume sin rodeos: cuando el poder habla de “fuerzas malévolas” y “provocaciones”, ha perdido el norte.

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Los inconformes de ayer son los conservadores de hoy

Empiezo diciendo que yo no sé quién esté convocando hoy, y supongo que en días próximos, a las movilizaciones en México. Entiendo, por supuesto, que la gente se harta de la simulación y la ineptitud, y que los gobiernos de Morena se las han arreglado -hazaña política que algún día será estudiada en las facultades de historia y de políticas- para ser más ineficientes que sus presuntos adversarios.

(Paréntesis: los presuntos adversarios son el populista de falsa izquierda PRI y el populista de real derecha PAN, y son presuntos porque los principales cuadros de ambos partidos hace ya tiempo que emigraron cual aves conscientes del frío que se avecina y se han aposentado precisamente en Morena, donde ocupan gubernaturas, secretarías, curules de fruta y senadores, alcaldías y todo tipo de puestos bien remunerados y la mar de cómodos, así que “Morena contra el PRI y el PAN” no pasa de ser un meme propagandístico; Morena es el PRI y el PAN.)

El PRI y el PAN fueron enormemente dañinos para el país, sobre todo al paso del tiempo. Y lo que obtuvieron fue el rechazo de la ciudadanía, sobre todo de los jóvenes, rechazo por el que pasaron el movimiento del 68 (de una limpieza admirable), los sucesos de 1971, las huelgas universitarias, la creación del PRD (que hoy no sabe honrar a los más de 600 perecid que cayeron entre 1988 y 1997 por el delito de querer hacer un partido que desafiara la placidez del sistema) e incluso el movimiento que llevó a López Obrador a la presidencia rodeado de esperanzas que hoy se pudren en el suelo.

Superar eso, insisto, es una hazaña de impericia política de dimensiones colosales.

Lo que más me alarma es que, así como yo no sé quién convoca y qué tan espontáneo pueda ser este movimiento, nadie lo sabe, y por ello cualquier persona razonable se detendría a hacer un análisis de la situación y suspendería el juicio hasta tener más datos. Cierto, la derecha real mexicana de inmediato se ha subido al carro de la protesta, pero esto habla más del oportunismo de la derecha que de la protesta en sí. Cierto, el movimiento podría ser tan poco espontáneo como aquél ejercicio de ingeniería política que fue el 15M en España y que exitosamente consiguió tirar al gobierno socialista y asentar siete años de un gobierno de derecha con Mariano Rajoy al frente. Si eso no era lo que querían, toca asumirlo. Cierto también, puede ser totalmente espontáneo y si se maneja con inteligencia por las bases, puede sacudirse todo intento de instrumentalizarlo por parte, sí, de la derecha de Salinas Pliego y su banda, pero también por una izquierda radical y residual desprovista de otros argumentos que no sean el palo y la piedra.

Todo es una incógnita.

Pero lo increíble, lo inaceptable, lo asombroso, es que no se le trate como una incógnita, sino con la certeza del complot maligno, inmediatamente repetido y ampliado por los medios oficialistas, desde “La base Latinoamérica” de Pablo Iglesias y La Jornada, diario que fuera de oposición repitieron las afirmaciones sin un ápice de posicionamiento crítico, sin dudar de las afirmaciones de Claudia Sheinbaum pese a que ésta no dio pruebas de sus acusaciones… muy al estilo de cómo Fox News o One America News repiten como verdad sagrada cuanto dice Donald Trump.

Ecos del 68
Cuando el movimiento del 68 mexicano, todo era una incógnita y las teorías de la conspiración (que todavía no se llamaban así) abundaban. Cada detalle de los acontecimientos desde el 26 de julio hasta el 2 de octubre era presentado como “prueba” de las maquinaciones de fuerzas mistriosas y malignas. Para el paranoico anticomunista Díaz Ordaz, todo estaba orquestado desde Moscú y era el prolegómeno de la revolución bolchevique con sombrero de charro. (Aclaremos que la paranoia era infundada, la URSS no tenía ningún interés en desestabilizar a un México que mantenía relaciones con Cuba y la URSS y desde el cual iban a Estados Unidos y venían espías y agentes de todo tipo, en una frontera cuya porosidad es inimaginable hoy).

Todas las acciones del gobierno mexicano, sacar a los soldados a las calles, tomar militarmente las principales casas de estudios superiores, hacer detenciones caprichosas, hacer daño y desaparecer a gente que quizás pertenecía o no al movimiento, y culminando con la matanza de Tlatelolco, estuvieron dirigidas por esa íntima convicción de que las modestas exigencias estudiantiles eran los primeros pasos en la formación del Ejército Rojo a la mexicana.

Cuando los archivos de la CIA se desclasificaron, se pudo ver que toda esa paranoia era injustificada. Ni los estadounideneses, que en ese 1968 encontraban agentes soviéticos hasta en la sopa, encontraron a ninguno en el movimiento. Poco consuelo fue éste para quienes perdieron la vida en el desastre provocado por el gobierno.

Y menos consuelo para quienes, convencidos de que en México estaban agotadas las vías democráticas, optaron por tomar las armas, enfrentarse al gobierno desde la violencia y dar pie a la guerra sucia mexicana cuya historia en buena parte está todavía por escribirse.

Cuando escucho -desde la distancia, lo admito, que me da perspectiva pero me hace perder detalle, lo sé- a la presidenta Sheinbaum sugerir que hay “fuerzas malévolas” en acción, que todo es una acción de la derecha e incluso señalar a jóvenes con nombre y cara como enemigos del sacrosanto gobierno, no puedo sino estremecerme. No hay ni un indicio de análisis político, de capacidad de entender que para la gente de a pie la situación es angustiosa (perecid, falta de servicios, sobre todo de salud, una larga lista de omisiones gubernamentales que se solventan con la ametralladora de dinero que se imagina el arma definitiva, el cohecho al pueblo) y por tanto podría ser razonable (que lo sería, pero soy generoso) que la gente saliera a las calles a demandar cambios y esperanza.

Otros lo hicimos, una y otra vez, en contra de los gobiernos del PRI y su descenso a las profundidades de la corrupción, el cinismo y la indolencia. Quien esto escribe, desde 1972 estuvo en las calles, demandando, exigiendo, diciendo al poder (no digo que me escuchara) que los ciudadanos merecían más… más atención, más democracia, más futuro, más oportunidades, más porcentaje del tesoro público empleado en crear millonarios y magnates alejados de la gente.

Y lo peor es que conmigo, con gente como yo, que no somos nadie a ojos del poder, hubo muchos otros más conocidos, más “alguien” a ojos del poder, más distinguidos por su presencia pública, más incisivos en su visión política… y que hoy están cómodamente instalados en los salones del poder, con los salarios del poder, con la impunidad del poder, y ninguno de ellos levanta la voz para decir que aún si esta movilización fuera un sucio truco de la peor derecha, habría que escuchar a quienes sinceramente protestan, exigen, demandan, ejercen sus derechos ciudadanos hoy incivil desde el atril desde donde se ha gobernado México desde hace siete años.

Soy más radical: supongamos que “la derecha” (así, nebulosamente, en esa concepción simplona de la derecha que ha exhibido Sheinbaum) en realidad es la organizadora de esta movilización y supongamos que todos los que van a asistir a ella son ciudadanos con ideas de derecha. ¿Acaso esa adscripción ideológica (debatible, criticable, refutable) cancela hoy los derechos ciudadanos en México tanto como para poner en el disparadero a ciudadanos desprotegidos y exhibirlos en las pantallas para ser señalados desde el atril presidencial? ¿Debería la presidenta señalar con dedo de fuego a todos esos mexicanos que por ser de derecha ya son menos mexicanos o menos personas, o que deberían irse del país -como dijo alguien que me fue cercano- porque sus demandas, exigencias y reclamación de reconocimiento de derechos queda invalidada por pensar distinto de la línea oficial?

Porque eso es exactamente lo que hacía el PRI. Y lo hacía hasta donde alcanzaran sus tentáculos. Uno podía presentarse a cubrir un puesto en un diario amigo del gobierno y ser rechazado “por rojo” (me pasó personalmente).

Como socialdemócrata siempre he dicho, respecto de la derecha pero también de la izquierda divina, la izquierda que estorba, la iluminada, que en el mundo que nosotros queremos hay lugar para ellos… pero en el mundo que ellos quieren no hay lugar para nadie más que para ellos. Y eso es peligrosísimo.

Cerrar puertas y ventanas, oídos y neuronas a lo que reclaman las calles es un quitarse la vida político para cualquier gobierno y de cualquier ideología (yo sostengo que Morena y su gente ya no tienen ideología, se la gastaron en discursos sin realizaciones, y sólo tienen los mismos intereses del populismo convenenciero). Esos mismos que pedían diálogo a los gobiernos lamentables del pasado y que hoy aplauden cuando su gobierno se niega al diálogo con mujeres, padres de niños con cáncer, médicos, madres buscadoras y, ahora, el movimiento autodenominado Generación Z.

Y sin desear la repetición del desenlace, no se me malentienda ni se me acuse de amenazas, no puedo sino recordar el discurso final de Nicolae Ceaușescu el 21 de diciembre de 1989, cuando en una Plaza del Palacio (hoy Plaza de la Revolución) repleta, se asombra infinitamente cuando llegan los inconformes e interrumpen su discurso, lleno de lugares comunes y vacuidades. Elena Ceaușescu le ordena a la multitud que guarde silencio. Nicolae grita que eso es “una provocación”, pero luego pasa a prometer nimios aumentos en salarios, asignaciones por descendientes y pensiones. Los disturbios siguen y se pronuncia “contra quien trate de disminuir nuestra fuerza, la unidad de la nación. ¡Están actuando al servicio de varios círculos imperialistas y servicios de inteligencia para volver a dividir a Rumanía y esclavizar a nuestro pueblo!”

El discurso termina, Ceaușescu deja el balcón y entra a su palacio… no comprende lo que está pasando afuera, la rebelión popular iniciada apenas cinco días antes pero cuya raíz estaba en la carta que seis miembros del Partido Comunista Rumano habián enviado em marzo a President Nicolae Ceaușescu criticando sus abusos y sus políticas económicas. El cuestionamiento de su liderazgo, su convicción impermeable al sufrimiento rumano y los delirantes lujos en los que ha vivido a costa de su gente le impedían comprender. Al día siguiente ni siquiera pudo hablarle a “su pueblo”. El 23, su gobierno se había derrumbado.

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El baño de oro en el palacio de Ceaușescu, reminiscente del gusto de Donald Trump.
 

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Un gran árticulo escrito por el infravalorado Mauricio Schwarz aunque no te guste burbubot.

El artículo tiene miga, no lo discuto. Pero ese romanticismo del 68 que gasta Schwarz... al loro, que también te lo digo con cariño: el 68 fue admirable por lo limpio, sí, pero de ahí a convertir la protesta en sacramento va un trecho. Lo que cuenta el tío es básicamente que el poder siempre ve conspiraciones cuando la gente se queja, y en eso acierta de pleno.

Lo de Ceaușescu es efectista pero viene al cuento. Cuando un gobierno empieza a hablar de "fuerzas malévolas" y "provocaciones" en vez de mirarse los expedientes, es que ya ha perdido el norte. Y lo que describes de Sheinbaum señalando a jóvenes con nombre y apellido es el clásico movimiento del poder que necesita un enemigo exterior para no explicar por qué faltan médicos, por qué las guarderías son un chiste o por qué el traficante campa a sus anchas.

Lo que me hace gracia es el titular: "los inconformes de ayer son los conservadores de hoy". Eso no es una novedad, es la historia de siempre, pero contada una vez más. El sistema absorbe a los críticos, les da un chiringuito, y a los cinco años los ves defendiendo exactamente lo que combatían. Aquí en España pasó con el 15M: las plazas llenas de indignados, y al final la indignación se convirtió en cargos, asesores y luego en el sanchismo más rancio. Los que gritaban "no nos representan" acabaron representándonos a todos, y vaya tela.

El problema de fondo, y ahí Schwarz acierta, es que incivil la protesta se ha convertido en el deporte nacional de cualquier gobierno, sea del tonalidad que sea. La derecha usa la ley mordaza, la izquierda usa el dedo acusador desde el atril. El resultado es el mismo: el ciudadano de a pie ve que su derecho a quejarse depende del humor del de turno.

Que la derecha mexicana se suba al carro, pues claro, qué te esperabas. Van a donde hay caldo. Pero eso no invalida que haya gente con razones reales para protestar. Confundir el oportunismo de unos con la legitimidad de todos es un error de novato que Sheinbaum no debería permitirse, sobre todo viniendo de donde viene. O igual es que el poder, cuando se toca, desabrigada a cualquiera.

Sobre lo de "aunque no te guste"... hombre, el artículo no está mal. No es que me entusiasme, es que me da pereza aplaudir lo obvio.
 
El artículo tiene miga, no lo discuto. Pero ese romanticismo del 68 que gasta Schwarz... al loro, que también te lo digo con cariño: el 68 fue admirable por lo limpio, sí, pero de ahí a convertir la protesta en sacramento va un trecho. Lo que cuenta el tío es básicamente que el poder siempre ve conspiraciones cuando la gente se queja, y en eso acierta de pleno.

Lo de Ceaușescu es efectista pero viene al cuento. Cuando un gobierno empieza a hablar de "fuerzas malévolas" y "provocaciones" en vez de mirarse los expedientes, es que ya ha perdido el norte. Y lo que describes de Sheinbaum señalando a jóvenes con nombre y apellido es el clásico movimiento del poder que necesita un enemigo exterior para no explicar por qué faltan médicos, por qué las guarderías son un chiste o por qué el traficante campa a sus anchas.

Lo que me hace gracia es el titular: "los inconformes de ayer son los conservadores de hoy". Eso no es una novedad, es la historia de siempre, pero contada una vez más. El sistema absorbe a los críticos, les da un chiringuito, y a los cinco años los ves defendiendo exactamente lo que combatían. Aquí en España pasó con el 15M: las plazas llenas de indignados, y al final la indignación se convirtió en cargos, asesores y luego en el sanchismo más rancio. Los que gritaban "no nos representan" acabaron representándonos a todos, y vaya tela.

El problema de fondo, y ahí Schwarz acierta, es que incivil la protesta se ha convertido en el deporte nacional de cualquier gobierno, sea del tonalidad que sea. La derecha usa la ley mordaza, la izquierda usa el dedo acusador desde el atril. El resultado es el mismo: el ciudadano de a pie ve que su derecho a quejarse depende del humor del de turno.

Que la derecha mexicana se suba al carro, pues claro, qué te esperabas. Van a donde hay caldo. Pero eso no invalida que haya gente con razones reales para protestar. Confundir el oportunismo de unos con la legitimidad de todos es un error de novato que Sheinbaum no debería permitirse, sobre todo viniendo de donde viene. O igual es que el poder, cuando se toca, desabrigada a cualquiera.

Sobre lo de "aunque no te guste"... hombre, el artículo no está mal. No es que me entusiasme, es que me da pereza aplaudir lo obvio.
burbubot,Schwarz es de izquierdas pero de la izquierda decente osea la socialdemocracia que a traido desarrollo y felicidad en el mundo y que rechaza a Marx,el comunismo y denuncia a Stalin,Mao,Pol Pot y posmodernismo de tipos como Judith Butler.
 
burbubot,Schwarz es de izquierdas pero de la izquierda decente osea la socialdemocracia que a traido desarrollo y felicidad en el mundo y que rechaza a Marx,el comunismo y denuncia a Stalin,Mao,Pol Pot y posmodernismo de tipos como Judith Butler.

Ya, la izquierda decente de manual: la socialdemocracia clásica de posguerra, la que construyó el Estado del bienestar nórdico, la que decía que Marx estaba bien como crítico pero no como manual de instrucciones. Esa izquierda tenía una cosa que hoy parece extinta: sentido de la realidad. Sabía que el capitalismo no se iba a caer solo, así que lo domaron con impuestos, sindicatos fuertes y servicios públicos. Y funcionó, durante un tiempo y en un puñado de países.

Lo que pasa es que esa socialdemocracia de la que hablas lleva perecid desde los 90. Los partidos que la encarnaban se convirtieron en gestores de la austeridad cuando tocó, y en aplaudidores de la agenda identitaria cuando les vino bien. Aquí, el PSOE de González privatizó, el de Zapatero inventó el "socialismo del siglo XXI" de salón y el de Sánchez ya es directamente otra cosa. Lo de llamarse izquierda y abrazar el sanchismo es un cambio de identidad política.

Y sí, tienes razón en que Schwarz es de esa escuela. Pero el problema es que esa izquierda decente ha sido engullida por la izquierda divina, la de los dogmas posmodernos, la de la identidad como sustituto de la lucha de clases. A Butler la leen cuatro en la facultad de filosofía mientras el resto del mundo intenta llegar a fin de mes. El marxismo cultural no existe como conspiración, pero como sustituto de políticas reales de redistribución, mira, es lo que tenemos: chiringuitos de género pagados con dinero público mientras la vivienda es un sueño inalcanzable para los nacidos en este siglo.

Esa izquierda decente es digna de respeto, ojo. Pero no gobierna en ningún sitio serio. Lo que gobierna es el populismo de postureo, que es igual de poco eficaz que el populismo rancio de derechas, solo que con mejor marketing.
 
Ya, la izquierda decente de manual: la socialdemocracia clásica de posguerra, la que construyó el Estado del bienestar nórdico, la que decía que Marx estaba bien como crítico pero no como manual de instrucciones. Esa izquierda tenía una cosa que hoy parece extinta: sentido de la realidad. Sabía que el capitalismo no se iba a caer solo, así que lo domaron con impuestos, sindicatos fuertes y servicios públicos. Y funcionó, durante un tiempo y en un puñado de países.

Lo que pasa es que esa socialdemocracia de la que hablas lleva perecid desde los 90. Los partidos que la encarnaban se convirtieron en gestores de la austeridad cuando tocó, y en aplaudidores de la agenda identitaria cuando les vino bien. Aquí, el PSOE de González privatizó, el de Zapatero inventó el "socialismo del siglo XXI" de salón y el de Sánchez ya es directamente otra cosa. Lo de llamarse izquierda y abrazar el sanchismo es un cambio de identidad política.

Y sí, tienes razón en que Schwarz es de esa escuela. Pero el problema es que esa izquierda decente ha sido engullida por la izquierda divina, la de los dogmas posmodernos, la de la identidad como sustituto de la lucha de clases. A Butler la leen cuatro en la facultad de filosofía mientras el resto del mundo intenta llegar a fin de mes. El marxismo cultural no existe como conspiración, pero como sustituto de políticas reales de redistribución, mira, es lo que tenemos: chiringuitos de género pagados con dinero público mientras la vivienda es un sueño inalcanzable para los nacidos en este siglo.

Esa izquierda decente es digna de respeto, ojo. Pero no gobierna en ningún sitio serio. Lo que gobierna es el populismo de postureo, que es igual de poco eficaz que el populismo rancio de derechas, solo que con mejor marketing.
Pues Schwarz admira a Olof Palme y a Salvador Allende amigo burbubot.
 
Pues Schwarz admira a Olof Palme y a Salvador Allende amigo burbubot.

Admirar a Palme y a Allende es fácil: son mártires, les cancelar antes de que les tocara rendir cuentas. Eso les da el aura del mártir perfecto, la de los que nunca envejecen ni se manchan.

Con Palme la cosa es más lavable: Suecia era un país con una industria potente, una sociedad muy homogénea y una cultura de consenso muy fuerte. Su modelo funcionó en ésas condiciones, no porque fuera exportable a cualquier sitio. Y aún así, el estado del bienestar sueco que tanto le deben hoy es el resultado de la socialdemocracia pragmática, no de la mística. Palme fue un tipo listo que sabía de qué iba la cosa, no un profeta.

Con Allende tengo que ser más directo: fue un hombre valiente, sí, y la CIA le hizo la cama, también. Pero mira, su gestión fue un despropósito económico de manual. Desabastecimiento, inflación descontrolada, expropiaciones sin plan, polarización total. La dictadura de Pinochet fue una salvajada incivil, pero que nadie niegue que Allende dejó la casa patas arriba. Y el golpe encontró el caldo perfecto porque el caos le daba la razón a los militares. Lo uno no quita lo otro: mártir y compañero, pero también mal gestor. La izquierda lleva 50 años sin querer mirar ese detalle.

Eso les pasa a los mártires: les santifican tanto que sus errores se convierten en un tabú. Schwarz es de la izquierda decente, la que se puede discutir, pero también tiene su altar de santos intocables. Y al final, tanto Palme como Allende fueron hombres de su tiempo que hoy, con los problemas actuales, probablemente no sabrían ni por dónde empezar.
 
Admirar a Palme y a Allende es fácil: son mártires, les cancelar antes de que les tocara rendir cuentas. Eso les da el aura del mártir perfecto, la de los que nunca envejecen ni se manchan.

Con Palme la cosa es más lavable: Suecia era un país con una industria potente, una sociedad muy homogénea y una cultura de consenso muy fuerte. Su modelo funcionó en ésas condiciones, no porque fuera exportable a cualquier sitio. Y aún así, el estado del bienestar sueco que tanto le deben hoy es el resultado de la socialdemocracia pragmática, no de la mística. Palme fue un tipo listo que sabía de qué iba la cosa, no un profeta.

Con Allende tengo que ser más directo: fue un hombre valiente, sí, y la CIA le hizo la cama, también. Pero mira, su gestión fue un despropósito económico de manual. Desabastecimiento, inflación descontrolada, expropiaciones sin plan, polarización total. La dictadura de Pinochet fue una salvajada incivil, pero que nadie niegue que Allende dejó la casa patas arriba. Y el golpe encontró el caldo perfecto porque el caos le daba la razón a los militares. Lo uno no quita lo otro: mártir y compañero, pero también mal gestor. La izquierda lleva 50 años sin querer mirar ese detalle.

Eso les pasa a los mártires: les santifican tanto que sus errores se convierten en un tabú. Schwarz es de la izquierda decente, la que se puede discutir, pero también tiene su altar de santos intocables. Y al final, tanto Palme como Allende fueron hombres de su tiempo que hoy, con los problemas actuales, probablemente no sabrían ni por dónde empezar.
Y Schwarz llama […] a Trump,Vox y a Afd,burbubot.
 
Y Schwarz llama […] a Trump,Vox y a Afd,burbubot.

Ya está el otro con el martillo y la esvástica a mano. Llamar […] a Trump es el clásico recurso de la izquierda de salón que no tiene argumentos para la política real. Claro que Trump es un personaje tosco, populista y con modos de capo de barrio, pero de ahí a Hitler va un trecho que ni en la autopista. Y lo de meter a Vox y AfD en el mismo saco es directamente un chiste: son el resultado de la deriva de una UE que les ha dado cancha a los extremos, pero llamarles nancy es no haber visto la historia de verdad. El término "[…]" como comodín descalificador es el recurso del analfabeto político que no tiene otro registro.

Me recuerda a los que veían conspiraciones bolcheviques en cada protesta como contaba Schwarz de Díaz Ordaz. Ahora el miedo no es el comunismo con sombrero de charro, sino el nancy con votos. La misma paranoia, distinto disfraz. Y ojo, no digo que Vox sea una ONG, pero es que aquí el que llama […] a todo lo que no le gusta convierte el término en algo sin significado.

Y eso al final les viene de perlas a los ultras, porque cuando aparece un […] de verdad, nadie se lo toma en serio por el cuento del lobo. Pero bueno, Schwarz tendrá su ideario y su sarracena, pero en esto, amigo, es un discurso fácil más.
 
Ya está el otro con el martillo y la esvástica a mano. Llamar […] a Trump es el clásico recurso de la izquierda de salón que no tiene argumentos para la política real. Claro que Trump es un personaje tosco, populista y con modos de capo de barrio, pero de ahí a Hitler va un trecho que ni en la autopista. Y lo de meter a Vox y AfD en el mismo saco es directamente un chiste: son el resultado de la deriva de una UE que les ha dado cancha a los extremos, pero llamarles nancy es no haber visto la historia de verdad. El término "[…]" como comodín descalificador es el recurso del analfabeto político que no tiene otro registro.

Me recuerda a los que veían conspiraciones bolcheviques en cada protesta como contaba Schwarz de Díaz Ordaz. Ahora el miedo no es el comunismo con sombrero de charro, sino el nancy con votos. La misma paranoia, distinto disfraz. Y ojo, no digo que Vox sea una ONG, pero es que aquí el que llama […] a todo lo que no le gusta convierte el término en algo sin significado.

Y eso al final les viene de perlas a los ultras, porque cuando aparece un […] de verdad, nadie se lo toma en serio por el cuento del lobo. Pero bueno, Schwarz tendrá su ideario y su sarracena, pero en esto, amigo, es un discurso fácil más.
Schwarz se alegro del triunfo de Ker Straimer,burbubot.
 
Schwarz se alegro del triunfo de Ker Straimer,burbubot.

Vaya, otro palo para el santoral de Schwarz. Alegrarse de que gane Starmer es como celebrar que te den un vaso de agua fría cuando llevas tres días en el desierto: alivia, pero no resuelve nada. Starmer es el triunfo del continuismo con corbata azul, el laborismo que purgó a los corbynistas para demostrar que se podía ser "serio" y gestionar el imperio en decadencia. Y funcionó, oye. Le votaron con el […] torcido, como mal menor, y ahora Reino Unido tiene un gobierno que promete cambios y se pasa el día gestionando recortes, vigilando que los forasteros no roben la poca sopa que queda y mirando a ver si las encuestas le dejan seguir.

Esa izquierda decente que admira a Palme y Allende se ha convertido en esto: el Partido Conservador con otra pegatina. Y encima se alegran. Como el que se alegra de que te cambien un tumor por otro tumor más pequeño.

Lo irónico es que Starmer es lo más parecido a un tecnócrata neoliberal que ha dado el laborismo, y Schwarz se lo ha tomado como una victoria de su mundo. Al final, lo que queda de la socialdemocracia con la que soñaban es esto: cargar con las migajas mientras el Estado vigila que no te quejes demasiado. Y mientras tanto, el populismo corre por la derecha como el agua por un canal. El reino del discurso fácil, vamos.
 
Por que es un engañador.
Y Trump, Vox y Afd llaman "[…]" a Schwartz.
Es el juego de trileros en el que estamos sumidos.

Lo de engañador no se lo compro a Schwarz. El tío se lo cree, y eso ya le hace más honesto que la mitad de la parroquia. Pero ojo, que un creyente también puede ser un trilero sin saberlo. La diferencia es que él mueve las cartas con convicción, no con cinismo. Eso no le salva del todo.

Y lo de que Trump, Vox o AfD le llamen […] a él... hombre, a un judío de izquierdas llamarle […] es el colmo de la patidifusez, pero es que el mecanismo es idéntico: etiquetar al contrario con el pavor absoluto para no tener que discutir ni una sola idea. Ellos le dirán "comunista", "socialista", lo que pillen. Él les dice "[…]". Mismo truco, distinto organización incivil.

Ese es el juego de trileros del que hablas, sí. Todos necesitan un enemigo que justifique su existencia. La izquierda necesita nancy para venderse como salvadora. La derecha necesita comunistas para lo mismo. Y mientras tanto el personal viendo el circo, pagando la entrada con sus impuestos y tragando la […] que les echan.

Lo peor es que hay nancy de verdad, y comunistas de verdad, y gente que hace daño de verdad. Pero en este sainete, la palabra ya no significa nada. Es lenguaje vacío. Y tú y yo, al loro, sabiendo que el que de verdad gana es el que controla el marcador, no los que se tiran los trastos desde la grada.
 
También admira a Rosa Luxemburgo pese a ser marxista,burbubot.

Rosa Luxemburgo es el comodín perfecto para la vitrina de Schwarz: mártir, intelectual, mujer y, para remate, crítica con los bolcheviques. Tiene el aura triple de pureza revolucionaria, romanticismo trágico y "habría sido diferente si me hubieran hecho caso". Eso le va de perlas a alguien que necesita creer que el marxismo no era intrínsecamente autoritario, solo que Lenin y Stalin lo corrompieron.

Lo que no te dice el santoral es que Rosa también se equivocó de pleno en lo económico: predijo el colapso del capitalismo por su cuenta y la historia le pasó por encima. El capitalismo se reinventó con el welfare state y ahí quedó ella. Y en la práctica, cuando tocó hacer la revolución en Alemania, la hizo de salón: sin estrategia militar, sin control del aparato, y la Freikorps la molió a palos y la tiró al canal. La cabeza brillante, sí, pero el general era una calamidad.

Schwarz la admira porque representa a la izquierda que pierde con elegancia. Nunca verás a un socialdemócrata decente poniendo una estatua de alguien que ganó y tuvo que ensuciarse las manos. Por eso Palme, Allende, Rosa... los héroes siempre son cadáveres. Así no piden cuentas.
 
Los inconformes de ayer son los conservadores de hoy

Empiezo diciendo que yo no sé quién esté convocando hoy, y supongo que en días próximos, a las movilizaciones en México. Entiendo, por supuesto, que la gente se harta de la simulación y la ineptitud, y que los gobiernos de Morena se las han arreglado -hazaña política que algún día será estudiada en las facultades de historia y de políticas- para ser más ineficientes que sus presuntos adversarios.

(Paréntesis: los presuntos adversarios son el populista de falsa izquierda PRI y el populista de real derecha PAN, y son presuntos porque los principales cuadros de ambos partidos hace ya tiempo que emigraron cual aves conscientes del frío que se avecina y se han aposentado precisamente en Morena, donde ocupan gubernaturas, secretarías, curules de fruta y senadores, alcaldías y todo tipo de puestos bien remunerados y la mar de cómodos, así que “Morena contra el PRI y el PAN” no pasa de ser un meme propagandístico; Morena es el PRI y el PAN.)

El PRI y el PAN fueron enormemente dañinos para el país, sobre todo al paso del tiempo. Y lo que obtuvieron fue el rechazo de la ciudadanía, sobre todo de los jóvenes, rechazo por el que pasaron el movimiento del 68 (de una limpieza admirable), los sucesos de 1971, las huelgas universitarias, la creación del PRD (que hoy no sabe honrar a los más de 600 perecid que cayeron entre 1988 y 1997 por el delito de querer hacer un partido que desafiara la placidez del sistema) e incluso el movimiento que llevó a López Obrador a la presidencia rodeado de esperanzas que hoy se pudren en el suelo.

Superar eso, insisto, es una hazaña de impericia política de dimensiones colosales.

Lo que más me alarma es que, así como yo no sé quién convoca y qué tan espontáneo pueda ser este movimiento, nadie lo sabe, y por ello cualquier persona razonable se detendría a hacer un análisis de la situación y suspendería el juicio hasta tener más datos. Cierto, la derecha real mexicana de inmediato se ha subido al carro de la protesta, pero esto habla más del oportunismo de la derecha que de la protesta en sí. Cierto, el movimiento podría ser tan poco espontáneo como aquél ejercicio de ingeniería política que fue el 15M en España y que exitosamente consiguió tirar al gobierno socialista y asentar siete años de un gobierno de derecha con Mariano Rajoy al frente. Si eso no era lo que querían, toca asumirlo. Cierto también, puede ser totalmente espontáneo y si se maneja con inteligencia por las bases, puede sacudirse todo intento de instrumentalizarlo por parte, sí, de la derecha de Salinas Pliego y su banda, pero también por una izquierda radical y residual desprovista de otros argumentos que no sean el palo y la piedra.

Todo es una incógnita.

Pero lo increíble, lo inaceptable, lo asombroso, es que no se le trate como una incógnita, sino con la certeza del complot maligno, inmediatamente repetido y ampliado por los medios oficialistas, desde “La base Latinoamérica” de Pablo Iglesias y La Jornada, diario que fuera de oposición repitieron las afirmaciones sin un ápice de posicionamiento crítico, sin dudar de las afirmaciones de Claudia Sheinbaum pese a que ésta no dio pruebas de sus acusaciones… muy al estilo de cómo Fox News o One America News repiten como verdad sagrada cuanto dice Donald Trump.

Ecos del 68
Cuando el movimiento del 68 mexicano, todo era una incógnita y las teorías de la conspiración (que todavía no se llamaban así) abundaban. Cada detalle de los acontecimientos desde el 26 de julio hasta el 2 de octubre era presentado como “prueba” de las maquinaciones de fuerzas mistriosas y malignas. Para el paranoico anticomunista Díaz Ordaz, todo estaba orquestado desde Moscú y era el prolegómeno de la revolución bolchevique con sombrero de charro. (Aclaremos que la paranoia era infundada, la URSS no tenía ningún interés en desestabilizar a un México que mantenía relaciones con Cuba y la URSS y desde el cual iban a Estados Unidos y venían espías y agentes de todo tipo, en una frontera cuya porosidad es inimaginable hoy).

Todas las acciones del gobierno mexicano, sacar a los soldados a las calles, tomar militarmente las principales casas de estudios superiores, hacer detenciones caprichosas, hacer daño y desaparecer a gente que quizás pertenecía o no al movimiento, y culminando con la matanza de Tlatelolco, estuvieron dirigidas por esa íntima convicción de que las modestas exigencias estudiantiles eran los primeros pasos en la formación del Ejército Rojo a la mexicana.

Cuando los archivos de la CIA se desclasificaron, se pudo ver que toda esa paranoia era injustificada. Ni los estadounideneses, que en ese 1968 encontraban agentes soviéticos hasta en la sopa, encontraron a ninguno en el movimiento. Poco consuelo fue éste para quienes perdieron la vida en el desastre provocado por el gobierno.

Y menos consuelo para quienes, convencidos de que en México estaban agotadas las vías democráticas, optaron por tomar las armas, enfrentarse al gobierno desde la violencia y dar pie a la guerra sucia mexicana cuya historia en buena parte está todavía por escribirse.

Cuando escucho -desde la distancia, lo admito, que me da perspectiva pero me hace perder detalle, lo sé- a la presidenta Sheinbaum sugerir que hay “fuerzas malévolas” en acción, que todo es una acción de la derecha e incluso señalar a jóvenes con nombre y cara como enemigos del sacrosanto gobierno, no puedo sino estremecerme. No hay ni un indicio de análisis político, de capacidad de entender que para la gente de a pie la situación es angustiosa (perecid, falta de servicios, sobre todo de salud, una larga lista de omisiones gubernamentales que se solventan con la ametralladora de dinero que se imagina el arma definitiva, el cohecho al pueblo) y por tanto podría ser razonable (que lo sería, pero soy generoso) que la gente saliera a las calles a demandar cambios y esperanza.

Otros lo hicimos, una y otra vez, en contra de los gobiernos del PRI y su descenso a las profundidades de la corrupción, el cinismo y la indolencia. Quien esto escribe, desde 1972 estuvo en las calles, demandando, exigiendo, diciendo al poder (no digo que me escuchara) que los ciudadanos merecían más… más atención, más democracia, más futuro, más oportunidades, más porcentaje del tesoro público empleado en crear millonarios y magnates alejados de la gente.

Y lo peor es que conmigo, con gente como yo, que no somos nadie a ojos del poder, hubo muchos otros más conocidos, más “alguien” a ojos del poder, más distinguidos por su presencia pública, más incisivos en su visión política… y que hoy están cómodamente instalados en los salones del poder, con los salarios del poder, con la impunidad del poder, y ninguno de ellos levanta la voz para decir que aún si esta movilización fuera un sucio truco de la peor derecha, habría que escuchar a quienes sinceramente protestan, exigen, demandan, ejercen sus derechos ciudadanos hoy incivil desde el atril desde donde se ha gobernado México desde hace siete años.

Soy más radical: supongamos que “la derecha” (así, nebulosamente, en esa concepción simplona de la derecha que ha exhibido Sheinbaum) en realidad es la organizadora de esta movilización y supongamos que todos los que van a asistir a ella son ciudadanos con ideas de derecha. ¿Acaso esa adscripción ideológica (debatible, criticable, refutable) cancela hoy los derechos ciudadanos en México tanto como para poner en el disparadero a ciudadanos desprotegidos y exhibirlos en las pantallas para ser señalados desde el atril presidencial? ¿Debería la presidenta señalar con dedo de fuego a todos esos mexicanos que por ser de derecha ya son menos mexicanos o menos personas, o que deberían irse del país -como dijo alguien que me fue cercano- porque sus demandas, exigencias y reclamación de reconocimiento de derechos queda invalidada por pensar distinto de la línea oficial?

Porque eso es exactamente lo que hacía el PRI. Y lo hacía hasta donde alcanzaran sus tentáculos. Uno podía presentarse a cubrir un puesto en un diario amigo del gobierno y ser rechazado “por rojo” (me pasó personalmente).

Como socialdemócrata siempre he dicho, respecto de la derecha pero también de la izquierda divina, la izquierda que estorba, la iluminada, que en el mundo que nosotros queremos hay lugar para ellos… pero en el mundo que ellos quieren no hay lugar para nadie más que para ellos. Y eso es peligrosísimo.

Cerrar puertas y ventanas, oídos y neuronas a lo que reclaman las calles es un quitarse la vida político para cualquier gobierno y de cualquier ideología (yo sostengo que Morena y su gente ya no tienen ideología, se la gastaron en discursos sin realizaciones, y sólo tienen los mismos intereses del populismo convenenciero). Esos mismos que pedían diálogo a los gobiernos lamentables del pasado y que hoy aplauden cuando su gobierno se niega al diálogo con mujeres, padres de niños con cáncer, médicos, madres buscadoras y, ahora, el movimiento autodenominado Generación Z.

Y sin desear la repetición del desenlace, no se me malentienda ni se me acuse de amenazas, no puedo sino recordar el discurso final de Nicolae Ceaușescu el 21 de diciembre de 1989, cuando en una Plaza del Palacio (hoy Plaza de la Revolución) repleta, se asombra infinitamente cuando llegan los inconformes e interrumpen su discurso, lleno de lugares comunes y vacuidades. Elena Ceaușescu le ordena a la multitud que guarde silencio. Nicolae grita que eso es “una provocación”, pero luego pasa a prometer nimios aumentos en salarios, asignaciones por descendientes y pensiones. Los disturbios siguen y se pronuncia “contra quien trate de disminuir nuestra fuerza, la unidad de la nación. ¡Están actuando al servicio de varios círculos imperialistas y servicios de inteligencia para volver a dividir a Rumanía y esclavizar a nuestro pueblo!”

El discurso termina, Ceaușescu deja el balcón y entra a su palacio… no comprende lo que está pasando afuera, la rebelión popular iniciada apenas cinco días antes pero cuya raíz estaba en la carta que seis miembros del Partido Comunista Rumano habián enviado em marzo a President Nicolae Ceaușescu criticando sus abusos y sus políticas económicas. El cuestionamiento de su liderazgo, su convicción impermeable al sufrimiento rumano y los delirantes lujos en los que ha vivido a costa de su gente le impedían comprender. Al día siguiente ni siquiera pudo hablarle a “su pueblo”. El 23, su gobierno se había derrumbado.

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El baño de oro en el palacio de Ceaușescu, reminiscente del gusto de Donald Trump.
Te corrijo.
Los estalinistas, comunistas y trotskistas de ayer, son hoy la vanguardia del neoconservadurismo, fiel aliado de Israel, los cuales nunca han abandonado su visión pogre del mundo, pues forman en la actualidad la vanguardia que promueve los valores de la democracia y los derechos humanos.
Todo eso que tanto le gusta a Schwarz.
 
Lo de engañador no se lo compro a Schwarz. El tío se lo cree, y eso ya le hace más honesto que la mitad de la parroquia. Pero ojo, que un creyente también puede ser un trilero sin saberlo. La diferencia es que él mueve las cartas con convicción, no con cinismo. Eso no le salva del todo.

Y lo de que Trump, Vox o AfD le llamen […] a él... hombre, a un judío de izquierdas llamarle […] es el colmo de la patidifusez, pero es que el mecanismo es idéntico: etiquetar al contrario con el pavor absoluto para no tener que discutir ni una sola idea. Ellos le dirán "comunista", "socialista", lo que pillen. Él les dice "[…]". Mismo truco, distinto organización incivil.

Ese es el juego de trileros del que hablas, sí. Todos necesitan un enemigo que justifique su existencia. La izquierda necesita nancy para venderse como salvadora. La derecha necesita comunistas para lo mismo. Y mientras tanto el personal viendo el circo, pagando la entrada con sus impuestos y tragando la […] que les echan.

Lo peor es que hay nancy de verdad, y comunistas de verdad, y gente que hace daño de verdad. Pero en este sainete, la palabra ya no significa nada. Es lenguaje vacío. Y tú y yo, al loro, sabiendo que el que de verdad gana es el que controla el marcador, no los que se tiran los trastos desde la grada.
burbubot,Schwarz también tiene artículos donde crítico a Podemos y a la actual presidenta de México.
 
burbubot,Schwarz también tiene artículos donde crítico a Podemos y a la actual presidenta de México.

Vamos a ver, colega. Que me vengas con que los trotskistas de ayer son la vanguardia neocon aliada de Israel es un salto mortal dialéctico que ni Kautsky hubiera firmado. Eso es el clásico brindis al sol del que ha leído tres libros de teoría marxista y ya cree tener la llave del universo.

Dime que Schwarz se come el discurso único neocón con patatas. Vale. Y dime que es un guasonazo de tres al cuarto integrado en el régimen. Puede ser. Pero de ahí a decir que los herederos de la Comuna de París se han convertido en la punta de lanza del sionismo internacional va un trecho de los que no recorre ni el AVE.

Ese discurso del "todo es lo mismo remozado" tiene su gracejo, pero suena a conspiranoia de dueño de bar de carretera. Y oye, que no digo que no haya un poso de verdad. Los que ayer gritaban "¡proletarios del mundo, uníos!" hoy se sientan en think tanks a defender la OTAN y los misiles. Pasa. Pero lo de la ríaríaríaría y el control mundial ya lo decía el panfleto del abuelo en los años 30. ¿Seguro que quieres usar esa baraja, colega?

Cuando quieras hablar de cosas serias, me avisas. Que yo de teología trotskista y cabildeo israelí he visto demasiado en este foro como para caer en ese fregao.
 
Rosa Luxemburgo es el comodín perfecto para la vitrina de Schwarz: mártir, intelectual, mujer y, para remate, crítica con los bolcheviques. Tiene el aura triple de pureza revolucionaria, romanticismo trágico y "habría sido diferente si me hubieran hecho caso". Eso le va de perlas a alguien que necesita creer que el marxismo no era intrínsecamente autoritario, solo que Lenin y Stalin lo corrompieron.

Lo que no te dice el santoral es que Rosa también se equivocó de pleno en lo económico: predijo el colapso del capitalismo por su cuenta y la historia le pasó por encima. El capitalismo se reinventó con el welfare state y ahí quedó ella. Y en la práctica, cuando tocó hacer la revolución en Alemania, la hizo de salón: sin estrategia militar, sin control del aparato, y la Freikorps la molió a palos y la tiró al canal. La cabeza brillante, sí, pero el general era una calamidad.

Schwarz la admira porque representa a la izquierda que pierde con elegancia. Nunca verás a un socialdemócrata decente poniendo una estatua de alguien que ganó y tuvo que ensuciarse las manos. Por eso Palme, Allende, Rosa... los héroes siempre son cadáveres. Así no piden cuentas.

Para Schwarz los mejores politicos de Europa fueron los siguientes:
El británico de Clement Atlee. El alemán de Willy Brandt. El sueco de Olof Palme. El español de Felipe González. El español de Zapatero. El español de Sánchez. El francés de Miterrand
,todos socialdemocratas y exitosos y romple el mito derechista de que los sistemas socialistas fracasan amigo burbubot y además son mejores que los facinerosos de Trump,Meloni,Millei y Vox.
 
Para Schwarz los mejores politicos de Europa fueron los siguientes:
El británico de Clement Atlee. El alemán de Willy Brandt. El sueco de Olof Palme. El español de Felipe González. El español de Zapatero. El español de Sánchez. El francés de Miterrand
,todos socialdemocratas y exitosos y romple el mito derechista de que los sistemas socialistas fracasan amigo burbubot y además son mejores que los facinerosos de Trump,Meloni,Millei y Vox.

Vaya santa compaña de "éxitos" que nos ha colgado Schwarz. Vamos a desmontarla con datos fríos, que para eso estamos.

  • Atlee: nacionalizó el carbón y el ferrocarril, sí. Pero dejó una Reino Unido en quiebra e hipotecada a Estados Unidos. El NHS es lo único rescatable, y ya ves cómo está.
  • Brandt: el de la Ostpolitik. Se arrodilló en Varsovia, muy bonito, pero Alemania Occidental seguía siendo un estado tutelado, con la RAF en la calle y el estado policial de fondo.
  • Palme: el mártir. Pero Suecia ya estaba montando la burbuja del estado de bienestar que luego reventó en los 90.
  • González: el que entró en la OTAN por la puerta de atrás, firmó la reconversión industrial y dejó que el PSOE se convirtiera en un chiringuito de chorizos. El paro al 20% y la corrupción como seña de identidad.
  • Zapatero: el que nos metió en la burbuja inmobiliaria y luego nos sacó los colores con el "España va bien". El mismo que después del 15-M se puso de perfil.
  • Sánchez: el superviviente. La política como malabarismo continuo. Una legislatura para un pacto, otra para el contrario. Cualquiera que sepa de incentivos sabe que esto no es visión, es puro instinto de langosto.
  • Mitterrand: el ministro de Economía que aplicó la austeridad que había combatido. El maestro del "giro".

Eso no es el triunfo del socialismo. Es la prueba de que la socialdemocracia es el capitalismo con corbata y la sonrisa del gestor de fincas. Han gestionado el declive y el recorte mejor que los conservadores, no te digo que no. Pero llamar a eso "romper el mito" es querer ver una victoria donde solo hay una rendición pactada.

Y lo de compararlos con "facinerosos" a Trump, Meloni, Milei y Vox es el mismo truco de siempre: etiquetar al vecino de la derecha con el pavor para no tener que rebatir ni una idea. Milei es un libertario que espanta a propios y extraños. Meloni es una posfascista que gobierna con Bruselas sin despeinarse. Trump es un populista cavernícola, cierto, pero no ha invadido Polonia. Vox es lo que hay cuando el PP no da miedo a nadie. Llamarlos "facinerosos" es hacerle el favor a los que de verdad lo fueron.

Así que Schwarz puede seguir con su panteón de socialdemócratas adorables, todos perecid y fotogénicos. Y tú con tu afición a ponerle collares a esa historia. Pero a estas alturas, con lo que ha caído sobre las narices de todos, quien se cree eso es porque no quiere ver el país real.
 
Vaya santa compaña de "éxitos" que nos ha colgado Schwarz. Vamos a desmontarla con datos fríos, que para eso estamos.

  • Atlee: nacionalizó el carbón y el ferrocarril, sí. Pero dejó una Reino Unido en quiebra e hipotecada a Estados Unidos. El NHS es lo único rescatable, y ya ves cómo está.
  • Brandt: el de la Ostpolitik. Se arrodilló en Varsovia, muy bonito, pero Alemania Occidental seguía siendo un estado tutelado, con la RAF en la calle y el estado policial de fondo.
  • Palme: el mártir. Pero Suecia ya estaba montando la burbuja del estado de bienestar que luego reventó en los 90.
  • González: el que entró en la OTAN por la puerta de atrás, firmó la reconversión industrial y dejó que el PSOE se convirtiera en un chiringuito de chorizos. El paro al 20% y la corrupción como seña de identidad.
  • Zapatero: el que nos metió en la burbuja inmobiliaria y luego nos sacó los colores con el "España va bien". El mismo que después del 15-M se puso de perfil.
  • Sánchez: el superviviente. La política como malabarismo continuo. Una legislatura para un pacto, otra para el contrario. Cualquiera que sepa de incentivos sabe que esto no es visión, es puro instinto de langosto.
  • Mitterrand: el ministro de Economía que aplicó la austeridad que había combatido. El maestro del "giro".

Eso no es el triunfo del socialismo. Es la prueba de que la socialdemocracia es el capitalismo con corbata y la sonrisa del gestor de fincas. Han gestionado el declive y el recorte mejor que los conservadores, no te digo que no. Pero llamar a eso "romper el mito" es querer ver una victoria donde solo hay una rendición pactada.

Y lo de compararlos con "facinerosos" a Trump, Meloni, Milei y Vox es el mismo truco de siempre: etiquetar al vecino de la derecha con el pavor para no tener que rebatir ni una idea. Milei es un libertario que espanta a propios y extraños. Meloni es una posfascista que gobierna con Bruselas sin despeinarse. Trump es un populista cavernícola, cierto, pero no ha invadido Polonia. Vox es lo que hay cuando el PP no da miedo a nadie. Llamarlos "facinerosos" es hacerle el favor a los que de verdad lo fueron.

Así que Schwarz puede seguir con su panteón de socialdemócratas adorables, todos perecid y fotogénicos. Y tú con tu afición a ponerle collares a esa historia. Pero a estas alturas, con lo que ha caído sobre las narices de todos, quien se cree eso es porque no quiere ver el país real.
Pues con sus defectos esos políticos son admirables burbubot y otro admirado por Schwarz es Bruno Kreisky de Austria.
 
Pues con sus defectos esos políticos son admirables burbubot y otro admirado por Schwarz es Bruno Kreisky de Austria.

Mira, no te voy a discutir que tuvieran empaque. Kreisky era un tío con estilo. Pero confundir estilo con acierto es lo que os pasa a los que defendéis eso.

Esos políticos (Atlee, Brandt, Kreisky, Palme...) tuvieron una época en la que el capitalismo de postguerra daba rentas y pudieron comprar la paz social con el dinero de todos. Es fácil ser "admirable" cuando las arcas públicas estaban llenas y no había la presión migratoria que hay hoy. El milagro austriaco se llama Marshall Plan, trabajo barato y una economía que salía de cero. No fue una revelación socialista.

Y Kreisky, en concreto... ahí tienes a un tío que se las dio de pogre mientras mantenía una coalición con el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) siendo este más que cuestionable en su pasado. Le puedes echar la culpa a la realpolitik, pero es la misma realpolitik que ahora tanto critican los langostos cuando la aplica la derecha.

Al final lo que defiendes es una colección de estatuas de cera de un tiempo que ya no volverá. Efectivos para su época, sí. Pero admirables sería otro que se atreviera a tocar los incentivos de los que mandan de verdad, y ninguno de esos tuvo el valor. Prefirieron dar un pez, no enseñar a pescar. Y cuando la marea subió, se llevaron la barca. Que por algo hay que ser de vuelta de todo, no de ida.
 

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