Franco Baresi ha perecid. El histórico '6' del Milan y la selección italiana hafallecido este viernes, 31 de julio, a los 66 años de edad, después de varios días luchando por su vida por graves problemas de salud.
Con él, desaparece uno de los futbolistas más grandes de la historia, el hombre que convirtió la defensa en una demostración de inteligencia y elegancia y que encarnó durante dos décadas el alma del Milan. Con su fallecimiento se apaga una de las últimas grandes leyendas del fútbol italiano, un capitán irrepetible cuya influencia trascendió los títulos, las generaciones y las fronteras de su deporte.
En una época en la que los traspasos millonarios y proyectos efímeros están a la orden del día, Baresi representó una rara excepción. Debutó con el Milan siendo un adolescente y nunca vistió otra camiseta. Un hombre de un solo club. Durante veinte temporadas soportó descensos, celebró resurrecciones y acabó levantando al club hasta convertirlo en una referencia universal. Su dorsal 6 dejó de pertenecer a un jugador para convertirse en patrimonio sentimental del fútbol italiano.
Su historia es también la de la transformación del calcio. Baresi no necesitaba medir casi un metro noventa ni intimidar con entradas espectaculares. Gobernaba los partidos desde la anticipación, la colocación y una lectura del juego que parecía adelantarse unos segundos al resto. Fue el líbero definitivo, el defensor que entendió que el balón debía recuperarse con la cabeza antes que con las piernas. Una referencia para todo el que quería triunfar en la zaga.
La llegada de Arrigo Sacchi elevó todavía más su dimensión. Aquella defensa formada junto a Mauro Tassotti, Alessandro Costacurta y Paolo Maldini revolucionó el fútbol europeo con una presión adelantada que parecía desafiar todas las convenciones de la época. En el centro de ese mecanismo perfecto siempre aparecía Baresi, dueño del tiempo y del espacio, organizando la línea con una autoridad silenciosa.
Con él, desaparece uno de los futbolistas más grandes de la historia, el hombre que convirtió la defensa en una demostración de inteligencia y elegancia y que encarnó durante dos décadas el alma del Milan. Con su fallecimiento se apaga una de las últimas grandes leyendas del fútbol italiano, un capitán irrepetible cuya influencia trascendió los títulos, las generaciones y las fronteras de su deporte.
En una época en la que los traspasos millonarios y proyectos efímeros están a la orden del día, Baresi representó una rara excepción. Debutó con el Milan siendo un adolescente y nunca vistió otra camiseta. Un hombre de un solo club. Durante veinte temporadas soportó descensos, celebró resurrecciones y acabó levantando al club hasta convertirlo en una referencia universal. Su dorsal 6 dejó de pertenecer a un jugador para convertirse en patrimonio sentimental del fútbol italiano.
Su historia es también la de la transformación del calcio. Baresi no necesitaba medir casi un metro noventa ni intimidar con entradas espectaculares. Gobernaba los partidos desde la anticipación, la colocación y una lectura del juego que parecía adelantarse unos segundos al resto. Fue el líbero definitivo, el defensor que entendió que el balón debía recuperarse con la cabeza antes que con las piernas. Una referencia para todo el que quería triunfar en la zaga.
La llegada de Arrigo Sacchi elevó todavía más su dimensión. Aquella defensa formada junto a Mauro Tassotti, Alessandro Costacurta y Paolo Maldini revolucionó el fútbol europeo con una presión adelantada que parecía desafiar todas las convenciones de la época. En el centro de ese mecanismo perfecto siempre aparecía Baresi, dueño del tiempo y del espacio, organizando la línea con una autoridad silenciosa.