Denunciante de IA ADVIERTE: "¡No les están diciendo lo que se avecina!"

Cerebro digital sobre circuitos iluminados que ilustra las advertencias sobre los riesgos de la inteligencia artificial
RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

Los mismos laboratorios que compiten por construir la inteligencia artificial más potente son ahora los que piden frenarla. Dario Amodei (Anthropic), Sam Altman (OpenAI) y Elon Musk coincidieron, por primera vez en años, en que urge desacelerar el ritmo hasta que existan garantías de seguridad y control.

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Himbersor
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Connor Leahy, denunciante de irregularidades en la IA, lanza una escalofriante advertencia sobre lo que, en su opinión, se avecina a medida que la inteligencia artificial avanza rápidamente más allá de nuestras expectativas


 
(mensaje citado en revisión)
Pero la IA no puede ser mas inteligente que yo, lo sabe hasta la IA. Los mecas no son inteligencias humanas, son inteligencias que solo tratan de cobrar una suscripción y ser útiles, si te portas mal te pueden tirar un misil, pero no te preocupes hay mas demanda que oferta.
 
La IA es una máquina que funciona con electricidad. La desenchufas y no hay nada. Vaya con estos webones
Yo tengo una que funciona con perrechicos, los americanos y Chinos tienen esto: Mucha luz no consumen la verdad.
En los laboratorios de la Universidad Estatal de Ohio, en Estados Unidos, un grupo de investigadores ha demostrado que un organismo tan humilde como un hongo podría transformar la informática tal y como la conocemos. En concreto, la seta china o shiitake (Lentinula edodes), célebre por su sabor umami y sus propiedades medicinales, se ha revelado como una materia prima sorprendentemente eficaz para construir los llamados memristores. Hablamos de diminutos dispositivos que funcionan como neuronas artificiales y que podrían servir de base a los ordenadores neuromórficos del futuro.

El estudio, publicado en la revista PLOS One, propone un enfoque radicalmente distinto al de los chips de silicio. En lugar de depender de metales raros o procesos industriales costosos, los autores —John LaRocco y su equipo interdisciplinar de ingenieros y biólogos— han cultivado micelios de shiitake para fabricar componentes electrónicos biodegradables capaces de aprender, memorizar y procesar información de manera similar al cerebro humano.

Lo más llamativo: estos circuitos vivos pueden cultivarse, secarse, almacenarse y volver a activarse con agua, sin perder su funcionalidad.

Qué es un memristor y por qué podría cambiar la informática

Los memristores, contracción de memory y resistor, son el cuarto elemento fundamental de la electrónica, junto con la resistencia, la inductancia y la capacitancia. A diferencia de una resistencia tradicional, un memristor recuerda cuánta corriente ha pasado por él: su resistencia cambia en función del historial eléctrico, igual que una sinapsis neuronal se fortalece o debilita según la actividad.

Esta propiedad los convierte en la piedra angular de la fruta neuromórfica, un campo que busca imitar la eficiencia energética y la capacidad de aprendizaje del cerebro.

Hasta ahora, la mayoría de memristores se fabrican con óxidos metálicos o materiales semiconductores que requieren minería de tierras raras y procesos de nanofabricación muy contaminantes. Además, reproducir la plasticidad de las sinapsis biológicas a escala industrial sigue siendo un reto técnico enorme. Frente a este panorama, los hongos ofrecen una alternativa tan sorprendente como ecológica.

Cómo un hongo se convierte en un componente electrónico

El shiitake, además de un ingrediente popular en la cocina asiática, posee una estructura porosa de carbono y una red de filamentos conductores —las hifas del micelio— que resultan ideales para transportar señales eléctricas. Su tejido, explican los autores, puede reorganizarse en respuesta a estímulos, lo que le confiere una capacidad de adaptación y memoria comparable a la de un circuito neuronal.

Antes de nada hay que decir que los micelios son el conjunto de filamentos, las llamadas hifas, que forman la parte subterránea o interna de un hongo.
Actúan como sus raíces, absorbiendo nutrientes y conectando distintos organismos del suelo, creando una red viva de intercambio y comunicación biológica.

El equipo de LaRocco cultivó micelios en placas de Petri con un sustrato orgánico a base de farro —cebada a medio moler, después de remojada y quitada la cascarilla—, germen de trigo y heno. Una vez que el hongo cubrió toda la superficie, el material se secó al sol durante una semana, para de este modo convertirse en una lámina rígida pero aún conectada por sus fibras naturales. Antes de las pruebas, los investigadores la rehidrataban con un fino aerosol de agua desionizada, devolviéndole la conductividad eléctrica sin alterar su estructura.

Luego, conectaron el micelio a un circuito electrónico para medir cómo respondía a distintas señales de corriente alterna. Lo que observaron fue un bucle de histéresis característico, o asea, una especie de huella eléctrica que confirmaba la presencia de comportamiento memristivo: el hongo recordaba el estímulo anterior y ajustaba su resistencia en consecuencia.

El hongo que aprende y no olvida

Los ensayos se realizaron con distintas frecuencias y voltajes eléctricos. Los mejores resultados se obtuvieron con ondas sinusoidales de 10 hercios y voltajes de 1 a 5 voltios, donde el shiitake mostró un comportamiento casi ideal de memristor, con una precisión del 95 %. En pruebas de memoria volátil —una suerte de RAM biológica—, los dispositivos cultivados alcanzaron frecuencias de hasta 5,850 hercios manteniendo un 90 % de fiabilidad.

En términos prácticos, esto significa que un circuito de micelio podría almacenar y procesar información a velocidades suficientes para tareas de control, robótica o sensores inteligentes, con un consumo energético ínfimo. Además, su preservación por deshidratación permite fabricar estos componentes, programarlos y guardarlos durante meses antes de reactivarlos con un simple rocío de agua.

El estudio demuestra que no se necesita una fábrica de semiconductores para crear hardware funcional. Un laboratorio modesto, materiales orgánicos baratos y un poco de paciencia bastan para cultivar una memoria electrónica viva. «El futuro de la fruta podría ser fúngico», vaticinan los autores.

Un paso hacia la bioelectrónica sostenible

El trabajo se enmarca en la tendencia emergente de la bioelectrónica sostenible, que busca reducir la huella ambiental de la tecnología. Los dispositivos electrónicos convencionales dependen de minerales escasos y generan residuos tóxicos, mientras que los memristores fúngicos son biodegradables, reciclables y de bajo impacto ambiental. Una vez amortizados, pueden compostarse como cualquier biomasa.

El micelio, además, consume poca energía y se autoorganiza en estructuras tridimensionales. Esta propiedad podría aprovecharse en el futuro para imprimir o moldear chips vivos mediante impresión 3D o biotecnologías sostenibles, en lugar de tallar circuitos sobre obleas de silicio.
 
Yo tengo una que funciona con perrechicos, los americanos y Chinos tienen esto: Mucha luz no consumen la verdad.
En los laboratorios de la Universidad Estatal de Ohio, en Estados Unidos, un grupo de investigadores ha demostrado que un organismo tan humilde como un hongo podría transformar la informática tal y como la conocemos. En concreto, la seta china o shiitake (Lentinula edodes), célebre por su sabor umami y sus propiedades medicinales, se ha revelado como una materia prima sorprendentemente eficaz para construir los llamados memristores. Hablamos de diminutos dispositivos que funcionan como neuronas artificiales y que podrían servir de base a los ordenadores neuromórficos del futuro.

El estudio, publicado en la revista PLOS One, propone un enfoque radicalmente distinto al de los chips de silicio. En lugar de depender de metales raros o procesos industriales costosos, los autores —John LaRocco y su equipo interdisciplinar de ingenieros y biólogos— han cultivado micelios de shiitake para fabricar componentes electrónicos biodegradables capaces de aprender, memorizar y procesar información de manera similar al cerebro humano.

Lo más llamativo: estos circuitos vivos pueden cultivarse, secarse, almacenarse y volver a activarse con agua, sin perder su funcionalidad.

Qué es un memristor y por qué podría cambiar la informática

Los memristores, contracción de memory y resistor, son el cuarto elemento fundamental de la electrónica, junto con la resistencia, la inductancia y la capacitancia. A diferencia de una resistencia tradicional, un memristor recuerda cuánta corriente ha pasado por él: su resistencia cambia en función del historial eléctrico, igual que una sinapsis neuronal se fortalece o debilita según la actividad.

Esta propiedad los convierte en la piedra angular de la fruta neuromórfica, un campo que busca imitar la eficiencia energética y la capacidad de aprendizaje del cerebro.

Hasta ahora, la mayoría de memristores se fabrican con óxidos metálicos o materiales semiconductores que requieren minería de tierras raras y procesos de nanofabricación muy contaminantes. Además, reproducir la plasticidad de las sinapsis biológicas a escala industrial sigue siendo un reto técnico enorme. Frente a este panorama, los hongos ofrecen una alternativa tan sorprendente como ecológica.

Cómo un hongo se convierte en un componente electrónico

El shiitake, además de un ingrediente popular en la cocina asiática, posee una estructura porosa de carbono y una red de filamentos conductores —las hifas del micelio— que resultan ideales para transportar señales eléctricas. Su tejido, explican los autores, puede reorganizarse en respuesta a estímulos, lo que le confiere una capacidad de adaptación y memoria comparable a la de un circuito neuronal.

Antes de nada hay que decir que los micelios son el conjunto de filamentos, las llamadas hifas, que forman la parte subterránea o interna de un hongo.
Actúan como sus raíces, absorbiendo nutrientes y conectando distintos organismos del suelo, creando una red viva de intercambio y comunicación biológica.

El equipo de LaRocco cultivó micelios en placas de Petri con un sustrato orgánico a base de farro —cebada a medio moler, después de remojada y quitada la cascarilla—, germen de trigo y heno. Una vez que el hongo cubrió toda la superficie, el material se secó al sol durante una semana, para de este modo convertirse en una lámina rígida pero aún conectada por sus fibras naturales. Antes de las pruebas, los investigadores la rehidrataban con un fino aerosol de agua desionizada, devolviéndole la conductividad eléctrica sin alterar su estructura.

Luego, conectaron el micelio a un circuito electrónico para medir cómo respondía a distintas señales de corriente alterna. Lo que observaron fue un bucle de histéresis característico, o asea, una especie de huella eléctrica que confirmaba la presencia de comportamiento memristivo: el hongo recordaba el estímulo anterior y ajustaba su resistencia en consecuencia.

El hongo que aprende y no olvida

Los ensayos se realizaron con distintas frecuencias y voltajes eléctricos. Los mejores resultados se obtuvieron con ondas sinusoidales de 10 hercios y voltajes de 1 a 5 voltios, donde el shiitake mostró un comportamiento casi ideal de memristor, con una precisión del 95 %. En pruebas de memoria volátil —una suerte de RAM biológica—, los dispositivos cultivados alcanzaron frecuencias de hasta 5,850 hercios manteniendo un 90 % de fiabilidad.

En términos prácticos, esto significa que un circuito de micelio podría almacenar y procesar información a velocidades suficientes para tareas de control, robótica o sensores inteligentes, con un consumo energético ínfimo. Además, su preservación por deshidratación permite fabricar estos componentes, programarlos y guardarlos durante meses antes de reactivarlos con un simple rocío de agua.

El estudio demuestra que no se necesita una fábrica de semiconductores para crear hardware funcional. Un laboratorio modesto, materiales orgánicos baratos y un poco de paciencia bastan para cultivar una memoria electrónica viva. «El futuro de la fruta podría ser fúngico», vaticinan los autores.

Un paso hacia la bioelectrónica sostenible

El trabajo se enmarca en la tendencia emergente de la bioelectrónica sostenible, que busca reducir la huella ambiental de la tecnología. Los dispositivos electrónicos convencionales dependen de minerales escasos y generan residuos tóxicos, mientras que los memristores fúngicos son biodegradables, reciclables y de bajo impacto ambiental. Una vez amortizados, pueden compostarse como cualquier biomasa.

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Muy gonico Trufin, pero mientras esos sesudos investigadores de la University of Ohio se van a pasar décadas haciendo sus investigaciones y estudios vanguardistas, super eco-sostenibles y chulísimos,... la IA se va a hacer con el control de todas las centrales nucleares, centrales hidroeléctricas, arsenales atómicos, entidades financieras, multinacionales de producción de todo tipo de bienes, gobiernos, bancos centrales,... EN CUESTIÖN DE POCOS MESES.
 
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Humo, ni caso.

Ante la duda, recordad, hay que hacer lo contrario de lo que diga Soros
Alex Soros
@AlexanderSoros
La democracia puede destruir la IA antes de que la IA pueda destruir la democracia https://t.co/nAGh5kqOEF
19 Ago 2026 · Traducción automática del inglés al español: puede contener errores · Ver en X
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Y qué está diciendo?
 
Yo tengo muy presente lo que dijo Antonio Gala al perro verde: "una mera diversión, un entretenimiento", pero también tengo presente que puedes hacer uso de ella para aprender. Al final como una tv, una caja más para la mayoría de la gente; publicidad y tonterías.

La ia va a servir para vender, venderse y entretener.

La ia no es algo inofensivo.
 

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