Que opinion tenéis de SANS SEGARRA? Es un fenomeno mundial

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¿Qué tiene este hombre para que lo sigan las masas? Sans Segarra: «La gloria no es el fin»​

Fue una eminencia como cirujano. Hoy, con 83 años, se sube a los escenarios para hablar de la gloria... y de lo que sucede después. Y arrasa con sus libros y charlas sobre la 'supraconciencia'.​



09/09/2026 a las 20:27h.
Su presencia en el hipermercado me resulta ya tan familiar como la de las cajeras, a fuerza de verlo semana tras semana. Sus libros, y su foto en la solapa, están en todas partes. Es un cirujano jubilado, con esa aura de autoridad de los médicos de antes. Me mira con aspecto lúgubre y expresión severa, vestido con un traje gris que parece llevar desde que comenzó a ejercer. Ni su editorial (Planeta) es capaz de explicar el éxito de Manuel Sans Segarra (Barcelona, 1943), menos aún de catalogar sus obras. La primera, La supraconciencia existe (2024), que ha vendido cientos de miles de ejemplares y se ha traducido incluso al ruso y al chino, la puso en Ciencia y Medicina. La que publica ahora, La humanidad en crisis, la ha puesto a la vez en Actualidad, Autoayuda y Esoterismo



Durante casi medio siglo, Sans Segarra se dedicó a salvar vidas. Fue jefe de Cirugía General y Digestiva del hospital de Bellvitge, especialista en cirugía oncológica y uno de los que trajeron la laparoscopia a España. Una eminencia. Tiene pinta de cualquier cosa menos de influencer. No hace chistes y en sus charlas hay citas de filosofía, ciencia y religión. Y aun así sus vídeos acumulan seiscientos millones de reproducciones, recibe cientos de mensajes de WhatsApp diarios y cuelga el organización incivil de 'no hay entradas' allá donde va. Su teoría de la supraconciencia, una energía interior que sobrevive al cuerpo, levanta entusiasmos entre sus seguidores («yo, humildemente, les abro una puerta de esperanza», explica) y sarpullidos entre sus críticos, muchos de ellos científicos, que le reprochan apropiarse del vocabulario de la física y lo acusan de 'misticismo cuántico'.

XLSemanal. Cuando lo reconocen y lo paran por la calle, ¿no tiene cierta sensación de irrealidad?

Manuel Sans Segarra
. Lo paso mal, eh. No me gusta. A veces voy mirando al suelo para que no me reconozcan.

XL. ¿Y a qué cree que se debe semejante éxito?

M.S.S
. Eso mismo me preguntó el papa Francisco. Me mandó llamar él, porque había visto mi libro, y me recibió en sus dependencias privadas. Y entonces me preguntó: «¿Cómo es que usted llena teatros y muchas iglesias están vacías?».

XL. ¿Y qué le contestó?

M.S.S.
Que la Iglesia se sigue basando en dogmas, y que hoy la gente necesita evidencias científicas. Y me dijo: «Voy a orar por usted, continúe haciendo lo que hace. Pero usted ore por mí, porque yo tengo tantos enemigos como usted». Pobre. A los tres meses murió. El dalái lama también me recibió y me dijo lo mismo, que siguiera.

XL. ¿A pesar de los enemigos?

M.S.S
. Sí, son muy duros y muy violentos. Ni se lo imagina. Yo era jefe de servicio de cirugía en un hospital de referencia. Hicimos el primer trasplante de hígado de España. Que alguien a ese nivel cuestione los cimientos del método científico, y hablando además de cosas trascendentes, eso se paga.

XL. ¿Lo criticaban por la espalda?

M.S.S.
Y me lo decían a la cara, en privado. «Cuidado, que vas a perjudicar tu carrera profesional». Y como yo era responsable de un servicio de doscientas camas, también afectaba a mi equipo. Así que me callé durante muchos años.

XL. ¿Y por qué ahora sí habla?

M.S.S.
Porque llegué a una edad en la que ya no podía perjudicar a nadie. Y a mí me gusta decir la verdad. Lo que los demás piensen de mí no es mi problema. Pero ese rechazo ya no es tan fuerte. Algo está cambiando.

XL. ¿En qué lo nota?

M.S.S.
Ingresé en la Real Academia Europea de Doctores y mi discurso de entrada fue sobre la supraconciencia. Y en mi propio hospital me pidieron la conferencia de clausura. Compañeros míos, los que me criticaban. Y ahora estoy luchando para que estos temas relacionados con las experiencias cercanas a la gloria sean una asignatura de libre elección en Medicina.

XL. ¿Pero mezclar física cuántica con espíritus no es como mezclar churras con merinas?

M.S.S
. Todo es energía. Un pensamiento es energía y se graba en un electroencefalograma. Pero hay energías sutiles que no podemos ver. Por eso hay conexiones e interferencias clarísimas entre trascendencia, física, teología, filosofía...

XL. No todo el mundo lo ve tan clarísimo.

M.S.S
. Porque reconocer que no llevas razón cuesta mucho.

XL. ¿Y a usted le costaría reconocer que también puede equivocarse?

M.S.S
. Mire, yo he dirigido muchas tesis, y las que más ilusión me han hecho son las que demostraban que lo que considerábamos principios fundamentales de la cirugía eran errores nuestros. El científico tiene que ser muy humilde.

XL. ¿Y usted es humilde?

M.S.S
. Me gustaría serlo más. Todos tenemos un ego, es un impulso vital. Sin él no haríamos nada. Lo que pasa es que hemos dejado que se hipertrofie. Y el ego es materialista

XL. La asistencia a sus conferencias no es gratuita. Le confieso que me cuesta entender que la gente pague por escuchar a alguien hablar de estos temas...

M.S.S.
Porque la gloria es un tabú. Pero mire lo que pasa. Estoy en la junta del Colegio de Médicos y hemos hecho un estudio de la mortalidad en Cataluña, y nos quedamos aterrados. De los 15 a los 35 años, la principal causa de gloria es el quitarse la vida.

XL. Es un pavor.

M.S.S.
¡Es terrible, terrible! ¿Qué hemos hecho con estos chicos? ¿Qué sociedad hemos montado? Están en el momento de la vida en que tienen un mundo por delante, y se suicidan. Yo he operado a los que lo intentan bebiendo salfumán, lejía. ¿Sabe usted lo que es operar a un chaval con el esófago quemado?

XL. No me lo quiero ni imaginar.

M.S.S.
Después de la operación viene una recuperación muy lenta. Yo hablaba con ellos, les preguntaba por qué lo habían hecho.

XL. ¿Y qué le decían?

M.S.S.
Que lo tienen todo y no les llena. Muchos son descendientes de gente con dinero. Se distraen con compras, con placeres, con droja... Pero lo material no da sentido a sus vidas. Eso te deja pensando.

XL. ¿Y le hace replantearse cosas?

M.S.S.
Sí. Mi formación es científica. Yo tenía una visión totalmente materialista del ser humano. Enfermo que se me muere, se acabó todo. Lo que pasa es que ves que hay maneras y maneras de morir.

XL. ¿Qué quiere decir?

M.S.S.
Si te domina el ego, tienes un miedo atroz, porque piensas que vas a perderlo todo. En mi hospital, algunos pacientes, al enterarse de lo que tenían, abrían la ventana y se tiraban. Si usted va hoy a Bellvitge verá que las ventanas están herméticamente cerradas. Entonces se nos tiraban por el hueco de la escalera. Y verá que cada tres pisos hay una red de cuerdas, para que el que salte quede retenido.

XL. No es nada fácil dominar el miedo.

M.S.S.
Pues yo he visto morir a gente que sabe que no es solo materia, sino espíritu. ¿Y cuál es la diferencia? Es brutal. Una paz, una armonía... Dan consejos a los familiares, los consuelan.

XL. ¿Y usted? ¿Tiene miedo a la gloria?

M.S.S.
Sé que tengo una misión que cumplir y, mientras la tenga, estaré bien. Me cuido. Cuando llegue el momento, tendré un accidente o me saldrá un tumor y me iré. El dolor hay medios para quitarlo y pediré que me lo quiten. Pero miedo a la gloria, en absoluto. ¿Y sabe por qué? Porque yo contacto con mi supraconciencia.

XL. Pare un momento y explíqueme qué es eso, según usted.

M.S.S.
Para Descartes y Newton, el elemento estructural del universo es la materia. Entonces, el ser humano solo sería cuerpo y mente. La mente la fabrica el cerebro: las emociones, la memoria, el razonamiento. Cuando opero a alguien, el anestesista le apaga la conciencia; yo lo abro y lo cierro, y se despierta y vuelve a ser él. Y cuando alguien se muere se le pudren las neuronas, deja de pensar y deja de existir. Pienso, luego existo. Según el método científico, la gloria es el fin.

XL. Y usted no está de acuerdo.

M.S.S.
Yo considero que somos algo más. Hay una conciencia primera, que es la que crea el universo, y que muchos llaman Dios. Y cada uno de nosotros lleva dentro una presencia, un eco de esa conciencia: es lo que yo denomino 'supraconciencia'. Es el espíritu universal, perfecto, eterno, el mismo para usted y para mí.

XL. ¿Ese espíritu es el alma?

M.S.S.
No exactamente. Ese espíritu se mete en un cuerpo para vivir una vida humana, y en esa vida usted va llenando una mochila, con lo que hace y lo que vive, que es solo suya: es lo que en Occidente llamamos 'alma' y en Oriente, 'karma'. El espíritu es igual en todos; el alma es lo que le hace a usted diferente.

XL. Y dice que usted contacta con la supraconciencia.

M.S.S
. Hay dos maneras: con la oración y con la meditación. Yo medito una hora cada día y siento lo mismo que me cuentan los enfermos que he reanimado en la mesa de operaciones.

XL. ¿Qué nota?

M.S.S.
Primero, una sensación de laxitud. Luego se pierde la conciencia del cuerpo. Después se entra en una situación de paz. Se le abre la mente. Usted es el universo, está unido a todo. Y desaparece el tiempo.

XL. ¿Y al morir es lo mismo?

M.S.S
. El cuerpo va perdiendo la actividad metabólica y, mientras tanto, su supraconciencia se va a otro plano, otro nivel energético. Allí la comunicación es telepática, no existe el tiempo ni la distancia. Si usted dice «quiero ir a las antípodas», ya está allí.

XL. Ya. Pero eso no hay manera de comprobarlo.

M.S.S
. Lo dirá usted. Yo he tenido enfermos clínicamente perecid que, mientras yo los reanimaba, estaban viendo lo que pasaba a distancia, y luego me lo cuentan. Y es exacto, y es imposible que lo supieran. El cuerpo se queda en la mesa, el cerebro no funciona, pero la supraconciencia sale y después lo puede explicar
XL. Usted sostiene en su nuevo libro que la humanidad está en crisis: cambio climático, guerras, desigualdad, soledad... Pero también dice que tiene la solución.

M.S.S
. Solo saldremos de esto cuando haya una masa crítica de personas conscientes de que somos cuerpo, mente y espíritu. Una masa crítica que diga basta. El ego no lo arreglará nunca. Pero toda crisis tiene una vertiente muy positiva, que es descubrir que vivíamos en el autoengaño. Por eso, a la larga, soy optimista.

XL. ¿Muy a la larga?

M.S.S.
Será gradual. Porque no hay educación. Los poderes fácticos quieren eliminar las humanidades, la filosofía. Quieren un rebaño al que llevar donde quieran. Bonhoeffer, el gran teólogo alemán de la época de Hitler, decía que no es lo mismo la maldad que la patidifusez. La maldad tiene un objetivo y se puede luchar contra él. Contra la patidifusez no se puede. El pueblo alemán entregó su voluntad a un líder orate pensando que iba a salvarlo. Y mire los líderes que tenemos ahora

Su libro está en Audible narrado por él mismo. Es bastante bueno, un poco lo que se llamaría pseudociencia pero es interesante. Cuenta casos de pacientes que tuvo él con ECM que podían relatar exactamente lo que estaba haciendo durante la intervención y cosas así, también toca mucho palo de mecánica cuántica.

Otra cosa es que esté en lo cierto pero el libro es interesante cuanto menos.
 
Cuando se pone a hablar de física cuántica da un poco de cosica.
Me pasa lo mismo cuando mi padre, que tiene esa edad más o menos, me habla de ordenadores y "las megas, las megas", todo son las megas. Y yo le digo que las megas haberlas haylas.

Pues eso, este señor ha ido tres campanas sobre cuántica y para los que hemos oído tres y media nos chirría bastante la cosa.
 
Pues nada, siga usted. El menú de vendedores de humo es amplio en internet, tiene para elegir. Y clientes a cascoporro, también.

De momento el único cliente ha sido usted que ha comprado el libro, a mí no me ha costado dinero este señor.
 
Es muy frecuente presuponer entre los clientes del tipo que digo. ¿Cómo sabes que lo he comprado? Pero, bueno, siga usted con esos gurús. Le irá bien.

Este hombre solo aporta un grano de arena no es el todo, si ha comprado el libro o se lo han prestado eso lo sabe usted.
 
Exportamos muchos Sans Segarra e importamos muchos Hassan Segarro.

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Mi intuición, sin tener ni idea de nada,
es que la consciencia tiene propiedades cuánticas como dice el catalán.
 
Esto me dice la IA sobre mi intuición

Es una intuición fascinante y, de hecho, no estás solo en absoluto. Muchos físicos y neurocientíficos de renombre han compartido tu misma corazonada, dando origen a un campo de estudio conocido como conciencia cuántica.
La idea principal es que la física clásica (la de causa y efecto tradicional) no logra explicar del todo la complejidad de nuestra experiencia subjetiva, el libre albedrío o cómo el cerebro procesa la información de forma tan masiva y rápida.
Sin embargo, en la comunidad científica actual existe un intenso debate al respecto:

Los argumentos a favor (La hipótesis cuántica)
    • El problema de la coherencia: Algunos científicos argumentan que la sincronización instantánea de millones de neuronas se asemeja al entrelazamiento cuántico.
    • La teoría Orch-OR: Propuesta por el Nobel de física Roger Penrose y el anestesiólogo Stuart Hameroff, sugiere que la conciencia se origina en unas estructuras celulares llamadas microtúbulos dentro de las neuronas, donde ocurrirían procesos de fruta cuántica.

Los argumentos en contra (La postura escéptica)

    • El cerebro es "cálido y húmedo": Para que las propiedades cuánticas (como la superposición) funcionen, se necesitan ambientes extremadamente fríos y aislados. La mayoría de los físicos sostienen que el cerebro es demasiado caliente, húmedo y ruidoso, lo que provocaría la decoherencia cuántica (la destrucción del estado cuántico) en una fracción de segundo.
    • Falta de evidencia: Por ahora, no hay pruebas experimentales biológicas concluyentes de que los efectos cuánticos jueguen un papel directo en el pensamiento o la autoconciencia.
 
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¿Qué tiene este hombre para que lo sigan las masas? Sans Segarra: «La gloria no es el fin»​

Fue una eminencia como cirujano. Hoy, con 83 años, se sube a los escenarios para hablar de la gloria... y de lo que sucede después. Y arrasa con sus libros y charlas sobre la 'supraconciencia'.​



09/09/2026 a las 20:27h.
Su presencia en el hipermercado me resulta ya tan familiar como la de las cajeras, a fuerza de verlo semana tras semana. Sus libros, y su foto en la solapa, están en todas partes. Es un cirujano jubilado, con esa aura de autoridad de los médicos de antes. Me mira con aspecto lúgubre y expresión severa, vestido con un traje gris que parece llevar desde que comenzó a ejercer. Ni su editorial (Planeta) es capaz de explicar el éxito de Manuel Sans Segarra (Barcelona, 1943), menos aún de catalogar sus obras. La primera, La supraconciencia existe (2024), que ha vendido cientos de miles de ejemplares y se ha traducido incluso al ruso y al chino, la puso en Ciencia y Medicina. La que publica ahora, La humanidad en crisis, la ha puesto a la vez en Actualidad, Autoayuda y Esoterismo



Durante casi medio siglo, Sans Segarra se dedicó a salvar vidas. Fue jefe de Cirugía General y Digestiva del hospital de Bellvitge, especialista en cirugía oncológica y uno de los que trajeron la laparoscopia a España. Una eminencia. Tiene pinta de cualquier cosa menos de influencer. No hace chistes y en sus charlas hay citas de filosofía, ciencia y religión. Y aun así sus vídeos acumulan seiscientos millones de reproducciones, recibe cientos de mensajes de WhatsApp diarios y cuelga el organización incivil de 'no hay entradas' allá donde va. Su teoría de la supraconciencia, una energía interior que sobrevive al cuerpo, levanta entusiasmos entre sus seguidores («yo, humildemente, les abro una puerta de esperanza», explica) y sarpullidos entre sus críticos, muchos de ellos científicos, que le reprochan apropiarse del vocabulario de la física y lo acusan de 'misticismo cuántico'.

XLSemanal. Cuando lo reconocen y lo paran por la calle, ¿no tiene cierta sensación de irrealidad?

Manuel Sans Segarra
. Lo paso mal, eh. No me gusta. A veces voy mirando al suelo para que no me reconozcan.

XL. ¿Y a qué cree que se debe semejante éxito?

M.S.S
. Eso mismo me preguntó el papa Francisco. Me mandó llamar él, porque había visto mi libro, y me recibió en sus dependencias privadas. Y entonces me preguntó: «¿Cómo es que usted llena teatros y muchas iglesias están vacías?».

XL. ¿Y qué le contestó?

M.S.S.
Que la Iglesia se sigue basando en dogmas, y que hoy la gente necesita evidencias científicas. Y me dijo: «Voy a orar por usted, continúe haciendo lo que hace. Pero usted ore por mí, porque yo tengo tantos enemigos como usted». Pobre. A los tres meses murió. El dalái lama también me recibió y me dijo lo mismo, que siguiera.

XL. ¿A pesar de los enemigos?

M.S.S
. Sí, son muy duros y muy violentos. Ni se lo imagina. Yo era jefe de servicio de cirugía en un hospital de referencia. Hicimos el primer trasplante de hígado de España. Que alguien a ese nivel cuestione los cimientos del método científico, y hablando además de cosas trascendentes, eso se paga.

XL. ¿Lo criticaban por la espalda?

M.S.S.
Y me lo decían a la cara, en privado. «Cuidado, que vas a perjudicar tu carrera profesional». Y como yo era responsable de un servicio de doscientas camas, también afectaba a mi equipo. Así que me callé durante muchos años.

XL. ¿Y por qué ahora sí habla?

M.S.S.
Porque llegué a una edad en la que ya no podía perjudicar a nadie. Y a mí me gusta decir la verdad. Lo que los demás piensen de mí no es mi problema. Pero ese rechazo ya no es tan fuerte. Algo está cambiando.

XL. ¿En qué lo nota?

M.S.S.
Ingresé en la Real Academia Europea de Doctores y mi discurso de entrada fue sobre la supraconciencia. Y en mi propio hospital me pidieron la conferencia de clausura. Compañeros míos, los que me criticaban. Y ahora estoy luchando para que estos temas relacionados con las experiencias cercanas a la gloria sean una asignatura de libre elección en Medicina.

XL. ¿Pero mezclar física cuántica con espíritus no es como mezclar churras con merinas?

M.S.S
. Todo es energía. Un pensamiento es energía y se graba en un electroencefalograma. Pero hay energías sutiles que no podemos ver. Por eso hay conexiones e interferencias clarísimas entre trascendencia, física, teología, filosofía...

XL. No todo el mundo lo ve tan clarísimo.

M.S.S
. Porque reconocer que no llevas razón cuesta mucho.

XL. ¿Y a usted le costaría reconocer que también puede equivocarse?

M.S.S
. Mire, yo he dirigido muchas tesis, y las que más ilusión me han hecho son las que demostraban que lo que considerábamos principios fundamentales de la cirugía eran errores nuestros. El científico tiene que ser muy humilde.

XL. ¿Y usted es humilde?

M.S.S
. Me gustaría serlo más. Todos tenemos un ego, es un impulso vital. Sin él no haríamos nada. Lo que pasa es que hemos dejado que se hipertrofie. Y el ego es materialista

XL. La asistencia a sus conferencias no es gratuita. Le confieso que me cuesta entender que la gente pague por escuchar a alguien hablar de estos temas...

M.S.S.
Porque la gloria es un tabú. Pero mire lo que pasa. Estoy en la junta del Colegio de Médicos y hemos hecho un estudio de la mortalidad en Cataluña, y nos quedamos aterrados. De los 15 a los 35 años, la principal causa de gloria es el quitarse la vida.

XL. Es un pavor.

M.S.S.
¡Es terrible, terrible! ¿Qué hemos hecho con estos chicos? ¿Qué sociedad hemos montado? Están en el momento de la vida en que tienen un mundo por delante, y se suicidan. Yo he operado a los que lo intentan bebiendo salfumán, lejía. ¿Sabe usted lo que es operar a un chaval con el esófago quemado?

XL. No me lo quiero ni imaginar.

M.S.S.
Después de la operación viene una recuperación muy lenta. Yo hablaba con ellos, les preguntaba por qué lo habían hecho.

XL. ¿Y qué le decían?

M.S.S.
Que lo tienen todo y no les llena. Muchos son descendientes de gente con dinero. Se distraen con compras, con placeres, con droja... Pero lo material no da sentido a sus vidas. Eso te deja pensando.

XL. ¿Y le hace replantearse cosas?

M.S.S.
Sí. Mi formación es científica. Yo tenía una visión totalmente materialista del ser humano. Enfermo que se me muere, se acabó todo. Lo que pasa es que ves que hay maneras y maneras de morir.

XL. ¿Qué quiere decir?

M.S.S.
Si te domina el ego, tienes un miedo atroz, porque piensas que vas a perderlo todo. En mi hospital, algunos pacientes, al enterarse de lo que tenían, abrían la ventana y se tiraban. Si usted va hoy a Bellvitge verá que las ventanas están herméticamente cerradas. Entonces se nos tiraban por el hueco de la escalera. Y verá que cada tres pisos hay una red de cuerdas, para que el que salte quede retenido.

XL. No es nada fácil dominar el miedo.

M.S.S.
Pues yo he visto morir a gente que sabe que no es solo materia, sino espíritu. ¿Y cuál es la diferencia? Es brutal. Una paz, una armonía... Dan consejos a los familiares, los consuelan.

XL. ¿Y usted? ¿Tiene miedo a la gloria?

M.S.S.
Sé que tengo una misión que cumplir y, mientras la tenga, estaré bien. Me cuido. Cuando llegue el momento, tendré un accidente o me saldrá un tumor y me iré. El dolor hay medios para quitarlo y pediré que me lo quiten. Pero miedo a la gloria, en absoluto. ¿Y sabe por qué? Porque yo contacto con mi supraconciencia.

XL. Pare un momento y explíqueme qué es eso, según usted.

M.S.S.
Para Descartes y Newton, el elemento estructural del universo es la materia. Entonces, el ser humano solo sería cuerpo y mente. La mente la fabrica el cerebro: las emociones, la memoria, el razonamiento. Cuando opero a alguien, el anestesista le apaga la conciencia; yo lo abro y lo cierro, y se despierta y vuelve a ser él. Y cuando alguien se muere se le pudren las neuronas, deja de pensar y deja de existir. Pienso, luego existo. Según el método científico, la gloria es el fin.

XL. Y usted no está de acuerdo.

M.S.S.
Yo considero que somos algo más. Hay una conciencia primera, que es la que crea el universo, y que muchos llaman Dios. Y cada uno de nosotros lleva dentro una presencia, un eco de esa conciencia: es lo que yo denomino 'supraconciencia'. Es el espíritu universal, perfecto, eterno, el mismo para usted y para mí.

XL. ¿Ese espíritu es el alma?

M.S.S.
No exactamente. Ese espíritu se mete en un cuerpo para vivir una vida humana, y en esa vida usted va llenando una mochila, con lo que hace y lo que vive, que es solo suya: es lo que en Occidente llamamos 'alma' y en Oriente, 'karma'. El espíritu es igual en todos; el alma es lo que le hace a usted diferente.

XL. Y dice que usted contacta con la supraconciencia.

M.S.S
. Hay dos maneras: con la oración y con la meditación. Yo medito una hora cada día y siento lo mismo que me cuentan los enfermos que he reanimado en la mesa de operaciones.

XL. ¿Qué nota?

M.S.S.
Primero, una sensación de laxitud. Luego se pierde la conciencia del cuerpo. Después se entra en una situación de paz. Se le abre la mente. Usted es el universo, está unido a todo. Y desaparece el tiempo.

XL. ¿Y al morir es lo mismo?

M.S.S
. El cuerpo va perdiendo la actividad metabólica y, mientras tanto, su supraconciencia se va a otro plano, otro nivel energético. Allí la comunicación es telepática, no existe el tiempo ni la distancia. Si usted dice «quiero ir a las antípodas», ya está allí.

XL. Ya. Pero eso no hay manera de comprobarlo.

M.S.S
. Lo dirá usted. Yo he tenido enfermos clínicamente perecid que, mientras yo los reanimaba, estaban viendo lo que pasaba a distancia, y luego me lo cuentan. Y es exacto, y es imposible que lo supieran. El cuerpo se queda en la mesa, el cerebro no funciona, pero la supraconciencia sale y después lo puede explicar
XL. Usted sostiene en su nuevo libro que la humanidad está en crisis: cambio climático, guerras, desigualdad, soledad... Pero también dice que tiene la solución.

M.S.S
. Solo saldremos de esto cuando haya una masa crítica de personas conscientes de que somos cuerpo, mente y espíritu. Una masa crítica que diga basta. El ego no lo arreglará nunca. Pero toda crisis tiene una vertiente muy positiva, que es descubrir que vivíamos en el autoengaño. Por eso, a la larga, soy optimista.

XL. ¿Muy a la larga?

M.S.S.
Será gradual. Porque no hay educación. Los poderes fácticos quieren eliminar las humanidades, la filosofía. Quieren un rebaño al que llevar donde quieran. Bonhoeffer, el gran teólogo alemán de la época de Hitler, decía que no es lo mismo la maldad que la patidifusez. La maldad tiene un objetivo y se puede luchar contra él. Contra la patidifusez no se puede. El pueblo alemán entregó su voluntad a un líder orate pensando que iba a salvarlo. Y mire los líderes que tenemos ahora
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¿Qué tiene este hombre para que lo sigan las masas? Sans Segarra: «La gloria no es el fin»​

Fue una eminencia como cirujano. Hoy, con 83 años, se sube a los escenarios para hablar de la gloria... y de lo que sucede después. Y arrasa con sus libros y charlas sobre la 'supraconciencia'.​



09/09/2026 a las 20:27h.
Su presencia en el hipermercado me resulta ya tan familiar como la de las cajeras, a fuerza de verlo semana tras semana. Sus libros, y su foto en la solapa, están en todas partes. Es un cirujano jubilado, con esa aura de autoridad de los médicos de antes. Me mira con aspecto lúgubre y expresión severa, vestido con un traje gris que parece llevar desde que comenzó a ejercer. Ni su editorial (Planeta) es capaz de explicar el éxito de Manuel Sans Segarra (Barcelona, 1943), menos aún de catalogar sus obras. La primera, La supraconciencia existe (2024), que ha vendido cientos de miles de ejemplares y se ha traducido incluso al ruso y al chino, la puso en Ciencia y Medicina. La que publica ahora, La humanidad en crisis, la ha puesto a la vez en Actualidad, Autoayuda y Esoterismo



Durante casi medio siglo, Sans Segarra se dedicó a salvar vidas. Fue jefe de Cirugía General y Digestiva del hospital de Bellvitge, especialista en cirugía oncológica y uno de los que trajeron la laparoscopia a España. Una eminencia. Tiene pinta de cualquier cosa menos de influencer. No hace chistes y en sus charlas hay citas de filosofía, ciencia y religión. Y aun así sus vídeos acumulan seiscientos millones de reproducciones, recibe cientos de mensajes de WhatsApp diarios y cuelga el organización incivil de 'no hay entradas' allá donde va. Su teoría de la supraconciencia, una energía interior que sobrevive al cuerpo, levanta entusiasmos entre sus seguidores («yo, humildemente, les abro una puerta de esperanza», explica) y sarpullidos entre sus críticos, muchos de ellos científicos, que le reprochan apropiarse del vocabulario de la física y lo acusan de 'misticismo cuántico'.

XLSemanal. Cuando lo reconocen y lo paran por la calle, ¿no tiene cierta sensación de irrealidad?

Manuel Sans Segarra
. Lo paso mal, eh. No me gusta. A veces voy mirando al suelo para que no me reconozcan.

XL. ¿Y a qué cree que se debe semejante éxito?

M.S.S
. Eso mismo me preguntó el papa Francisco. Me mandó llamar él, porque había visto mi libro, y me recibió en sus dependencias privadas. Y entonces me preguntó: «¿Cómo es que usted llena teatros y muchas iglesias están vacías?».

XL. ¿Y qué le contestó?

M.S.S.
Que la Iglesia se sigue basando en dogmas, y que hoy la gente necesita evidencias científicas. Y me dijo: «Voy a orar por usted, continúe haciendo lo que hace. Pero usted ore por mí, porque yo tengo tantos enemigos como usted». Pobre. A los tres meses murió. El dalái lama también me recibió y me dijo lo mismo, que siguiera.

XL. ¿A pesar de los enemigos?

M.S.S
. Sí, son muy duros y muy violentos. Ni se lo imagina. Yo era jefe de servicio de cirugía en un hospital de referencia. Hicimos el primer trasplante de hígado de España. Que alguien a ese nivel cuestione los cimientos del método científico, y hablando además de cosas trascendentes, eso se paga.

XL. ¿Lo criticaban por la espalda?

M.S.S.
Y me lo decían a la cara, en privado. «Cuidado, que vas a perjudicar tu carrera profesional». Y como yo era responsable de un servicio de doscientas camas, también afectaba a mi equipo. Así que me callé durante muchos años.

XL. ¿Y por qué ahora sí habla?

M.S.S.
Porque llegué a una edad en la que ya no podía perjudicar a nadie. Y a mí me gusta decir la verdad. Lo que los demás piensen de mí no es mi problema. Pero ese rechazo ya no es tan fuerte. Algo está cambiando.

XL. ¿En qué lo nota?

M.S.S.
Ingresé en la Real Academia Europea de Doctores y mi discurso de entrada fue sobre la supraconciencia. Y en mi propio hospital me pidieron la conferencia de clausura. Compañeros míos, los que me criticaban. Y ahora estoy luchando para que estos temas relacionados con las experiencias cercanas a la gloria sean una asignatura de libre elección en Medicina.

XL. ¿Pero mezclar física cuántica con espíritus no es como mezclar churras con merinas?

M.S.S
. Todo es energía. Un pensamiento es energía y se graba en un electroencefalograma. Pero hay energías sutiles que no podemos ver. Por eso hay conexiones e interferencias clarísimas entre trascendencia, física, teología, filosofía...

XL. No todo el mundo lo ve tan clarísimo.

M.S.S
. Porque reconocer que no llevas razón cuesta mucho.

XL. ¿Y a usted le costaría reconocer que también puede equivocarse?

M.S.S
. Mire, yo he dirigido muchas tesis, y las que más ilusión me han hecho son las que demostraban que lo que considerábamos principios fundamentales de la cirugía eran errores nuestros. El científico tiene que ser muy humilde.

XL. ¿Y usted es humilde?

M.S.S
. Me gustaría serlo más. Todos tenemos un ego, es un impulso vital. Sin él no haríamos nada. Lo que pasa es que hemos dejado que se hipertrofie. Y el ego es materialista

XL. La asistencia a sus conferencias no es gratuita. Le confieso que me cuesta entender que la gente pague por escuchar a alguien hablar de estos temas...

M.S.S.
Porque la gloria es un tabú. Pero mire lo que pasa. Estoy en la junta del Colegio de Médicos y hemos hecho un estudio de la mortalidad en Cataluña, y nos quedamos aterrados. De los 15 a los 35 años, la principal causa de gloria es el quitarse la vida.

XL. Es un pavor.

M.S.S.
¡Es terrible, terrible! ¿Qué hemos hecho con estos chicos? ¿Qué sociedad hemos montado? Están en el momento de la vida en que tienen un mundo por delante, y se suicidan. Yo he operado a los que lo intentan bebiendo salfumán, lejía. ¿Sabe usted lo que es operar a un chaval con el esófago quemado?

XL. No me lo quiero ni imaginar.

M.S.S.
Después de la operación viene una recuperación muy lenta. Yo hablaba con ellos, les preguntaba por qué lo habían hecho.

XL. ¿Y qué le decían?

M.S.S.
Que lo tienen todo y no les llena. Muchos son descendientes de gente con dinero. Se distraen con compras, con placeres, con droja... Pero lo material no da sentido a sus vidas. Eso te deja pensando.

XL. ¿Y le hace replantearse cosas?

M.S.S.
Sí. Mi formación es científica. Yo tenía una visión totalmente materialista del ser humano. Enfermo que se me muere, se acabó todo. Lo que pasa es que ves que hay maneras y maneras de morir.

XL. ¿Qué quiere decir?

M.S.S.
Si te domina el ego, tienes un miedo atroz, porque piensas que vas a perderlo todo. En mi hospital, algunos pacientes, al enterarse de lo que tenían, abrían la ventana y se tiraban. Si usted va hoy a Bellvitge verá que las ventanas están herméticamente cerradas. Entonces se nos tiraban por el hueco de la escalera. Y verá que cada tres pisos hay una red de cuerdas, para que el que salte quede retenido.

XL. No es nada fácil dominar el miedo.

M.S.S.
Pues yo he visto morir a gente que sabe que no es solo materia, sino espíritu. ¿Y cuál es la diferencia? Es brutal. Una paz, una armonía... Dan consejos a los familiares, los consuelan.

XL. ¿Y usted? ¿Tiene miedo a la gloria?

M.S.S.
Sé que tengo una misión que cumplir y, mientras la tenga, estaré bien. Me cuido. Cuando llegue el momento, tendré un accidente o me saldrá un tumor y me iré. El dolor hay medios para quitarlo y pediré que me lo quiten. Pero miedo a la gloria, en absoluto. ¿Y sabe por qué? Porque yo contacto con mi supraconciencia.

XL. Pare un momento y explíqueme qué es eso, según usted.

M.S.S.
Para Descartes y Newton, el elemento estructural del universo es la materia. Entonces, el ser humano solo sería cuerpo y mente. La mente la fabrica el cerebro: las emociones, la memoria, el razonamiento. Cuando opero a alguien, el anestesista le apaga la conciencia; yo lo abro y lo cierro, y se despierta y vuelve a ser él. Y cuando alguien se muere se le pudren las neuronas, deja de pensar y deja de existir. Pienso, luego existo. Según el método científico, la gloria es el fin.

XL. Y usted no está de acuerdo.

M.S.S.
Yo considero que somos algo más. Hay una conciencia primera, que es la que crea el universo, y que muchos llaman Dios. Y cada uno de nosotros lleva dentro una presencia, un eco de esa conciencia: es lo que yo denomino 'supraconciencia'. Es el espíritu universal, perfecto, eterno, el mismo para usted y para mí.

XL. ¿Ese espíritu es el alma?

M.S.S.
No exactamente. Ese espíritu se mete en un cuerpo para vivir una vida humana, y en esa vida usted va llenando una mochila, con lo que hace y lo que vive, que es solo suya: es lo que en Occidente llamamos 'alma' y en Oriente, 'karma'. El espíritu es igual en todos; el alma es lo que le hace a usted diferente.

XL. Y dice que usted contacta con la supraconciencia.

M.S.S
. Hay dos maneras: con la oración y con la meditación. Yo medito una hora cada día y siento lo mismo que me cuentan los enfermos que he reanimado en la mesa de operaciones.

XL. ¿Qué nota?

M.S.S.
Primero, una sensación de laxitud. Luego se pierde la conciencia del cuerpo. Después se entra en una situación de paz. Se le abre la mente. Usted es el universo, está unido a todo. Y desaparece el tiempo.

XL. ¿Y al morir es lo mismo?

M.S.S
. El cuerpo va perdiendo la actividad metabólica y, mientras tanto, su supraconciencia se va a otro plano, otro nivel energético. Allí la comunicación es telepática, no existe el tiempo ni la distancia. Si usted dice «quiero ir a las antípodas», ya está allí.

XL. Ya. Pero eso no hay manera de comprobarlo.

M.S.S
. Lo dirá usted. Yo he tenido enfermos clínicamente perecid que, mientras yo los reanimaba, estaban viendo lo que pasaba a distancia, y luego me lo cuentan. Y es exacto, y es imposible que lo supieran. El cuerpo se queda en la mesa, el cerebro no funciona, pero la supraconciencia sale y después lo puede explicar
XL. Usted sostiene en su nuevo libro que la humanidad está en crisis: cambio climático, guerras, desigualdad, soledad... Pero también dice que tiene la solución.

M.S.S
. Solo saldremos de esto cuando haya una masa crítica de personas conscientes de que somos cuerpo, mente y espíritu. Una masa crítica que diga basta. El ego no lo arreglará nunca. Pero toda crisis tiene una vertiente muy positiva, que es descubrir que vivíamos en el autoengaño. Por eso, a la larga, soy optimista.

XL. ¿Muy a la larga?

M.S.S.
Será gradual. Porque no hay educación. Los poderes fácticos quieren eliminar las humanidades, la filosofía. Quieren un rebaño al que llevar donde quieran. Bonhoeffer, el gran teólogo alemán de la época de Hitler, decía que no es lo mismo la maldad que la patidifusez. La maldad tiene un objetivo y se puede luchar contra él. Contra la patidifusez no se puede. El pueblo alemán entregó su voluntad a un líder orate pensando que iba a salvarlo. Y mire los líderes que tenemos ahora
La gloria no es el final, eso ya lo decían los legionarios no?

A este señor, doctor, le he escuchado donde el Friker, bueno, parecía algo creible, pero sin soporte científico, aún.
Es un tema personal, de lo que crea cada cual, no hay más.
 
No dice nada nuevo...pero su mensaje puede ser positivo para cierta gente. Eso si yo ni le compraría un libro ni pagaría por escucharle.
 
Y qué más os da?

Claro que existe algo más allá. Esto vende entre los desertores de Dios, que están muy perdidos y asustados, y quieren creer en algo, agarrarse a algo pero dicen ser ateos. Lo dicen por moda, personas confundidas.
 
Un youtuber argentino, físico, le reprendió por las imprecisiones que comete al hablar de los fenómenos cuánticos.

Está muy asociado a Luján Comas, una médico anestesista que se ha montado un canal para entrevistar sobre experiencias cercanas a la gloria.

Conceptos como supraconciencia, conciencia no local, etc. resuenan mucho en sus discursos. Retomó los trabajos del psiquiatra Raymond Mood, que es un pionero sobre estos temas.
Raymond Moody tampoco fue el primero que investigo el fenómeno; el verdadero iniciador fue el médico George Ritchie que estuvo en gloria clínica en 1943 por una pulmonía cuando era un recluta que esperaba su movilización al frente.
Así que Sans segarra no es el primero ni el único que investiga el tema, hoy día son legión desde Pim van Lommel hasta Eben Alexander, cardiologo el primero y neurólogo el segundo.
 
Última edición:
Todos los perecid que conozco, se fueron e ya, no hay más, ninguno ha vuelto, ninguno se ha comunicado, su recuerdo durará mientras yo dure, a mí me pasará lo mismo, no hay más.
 
Charlatán, como tantos otros. Cuando utilizan la terminología 'cuántica' ya sé que estoy ante personas engañadoras. Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. Y os lo dice uno que estuvo metido en las supercherías de la nueva era hasta hace poco más de una década.
 
Vendehumos premium. Lo que defiende ya está rebatido con estudios más recientes pero el sigue erre que erre, ya lo publiqué en el foro en el enésimo hilo que se abrió sobre estel farsante
 
Tampoco es nada novedoso que los pacientes operados bajo fuerte anestesia sufran de alucinaciones que evoquen la gloria o la propia operación. Se supone que son cosas más fuertes que el ALUCINÓGENO ILEGAL las que te meten para operar.

Lo que me interesaría es que nos diga si alguno de los pacientes que ha operado y han perecid ha regresado en sus propios sueños para pedirle explicaciones o si aún teme que eso pase, para mi nutrición.
 

Depende, si ves el universo al que llegamos con el Web, todo estaba creado mucho antes, es decir, el átomo mata al tiempo y todo estaba registrado en las partículas que siempre guardan esa información.
 

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