Las banderas son símbolos que se exportan, ahí está la gravedad.
Te das una vuelta por cualquier aldea y sólo ves banderas con una determinada intención que también nos afecta a los demás.
Esa bandera es un invento con el objetivo de desestabilizar las potencias occidentales. Y como buenos ingenuos que somos, les hemos dejado que nos la metan hasta el corvejón.
Stalin y la creación del Estado de Israel
Cuando en 1947 en la ONU se estaba discutiendo la creación del Estado de Israel, los votos de la URSS de Stalin eran decisivos para la aprobación de una resolución que daba visto bueno a la formación en el territorio de Palestina de un Estado judío, al lado del otro árabe.
Para que la resolución se prosperara era necesario que a su favor votaran dos tercios de los miembros de la ONU. En una previa votación, 26 de noviembre de 1947, la suma de los votos a favor no resultó suficiente para la aprobación de la resolución. Pero en la segunda votación, la definitiva, el 29 de noviembre, se consiguió dos tercios necesarios, gracias a la postura de la delegación de la URSS y de sus satélites centro-europeos.
El mismo Stalin dio órdenes a sus emisarios en la ONU para que hicieran todo lo posible, utilizando todas las influencias y “presiones” sobre las delegaciones de los países miembros, para que la resolución fuese aprobada. Y los ejecutores de la voluntad del Gran Caudillo soviético hicieron bien su trabajo. Si no fuera así, les esperaba, en lugar de la cómoda y lujosa vida en Nueva York, los fríos y apestosos barracones en el GULAG, a donde Stalin mandaba a todos los que no cumplían sus órdenes o criticaban sus decisiones.
La tarea de los delegados soviéticos no era fácil, ya que muchos países estaban en contra de la creación de un Estado judío en cualquier parte del mundo y menos aún en Palestina.
Pero Stalin tenía sus propios planes para el futuro Estado de Israel. Su idea principal consistía en convertir a Israel en un país socialista y con ello meter la cuña comunista en una zona que hasta ahora era del pleno dominio del “imperialismo británico”.
Según los cálculos de Stalin, los judíos antifascistas del mundo entero, especialmente los que vivían en Europa y fueron masacrados y perseguidos por la Alemania de la Segunda Guerra Mundial y sus aliados, eran grandes simpatizantes de la URSS, que había vencido a Hitler y al fascismo en la Segunda Guerra Mundial. Así que, los judíos europeos emigrarían en masa de los países, donde habían sufrido tanto, a una tierra de sus antepasados y formarían parte de su “propio” país, de su nueva patria, auténticamente alubia, donde todos ellos serían dueños de sus destinos, de su nacionalidad, donde el llamarse “judío” no sería ni un desprecio ni una ofensa ni una broma de mal gusto. Donde ser judío sería un orgullo y la bendición de Dios.
Para ayudar a los israelitas a formar un gobierno y una sociedad socialista, Stalin estaba dispuesto a enviar a Israel a unos ilustres judíos soviéticos que formaban parte del Comité Antifascista Judío, que durante la Segunda Guerra Mundial estaba ayudando al gobierno soviético a movilizar la simpatía de los judíos de todo el mundo hacia la Unión Soviética, con el fin de obtener los fondos, que ayudarían a la URSS en su lucha sin cuartel contra el fascismo. Una especial atención el Comité estaba centrando en los círculos judíos de los EE.UU.